Los celos son el leitmotiv por excelencia en las obras de William Shakespeare, y una emoción digna del Purgatorio en la Comedia de Dante. Son la emoción que detona el sufrimiento de todo tipo de personajes en la literatura. Pero más allá de la ficción, los celos también son una respuesta emocional que ocasiona decenas de problemas en nuestras relaciones cotidianas. Y todos lo sabemos, porque todos lo hemos vivido.

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Haynes King

Pero por supuesto que los celos tienen su función. Al ser una respuesta emocional ante la amenaza de perder a un ser amado, pueden provocar la permanencia del afecto, evitar comportamientos apáticos o distantes, y garantizar nuestra lucha por estar con los demás y que no renunciemos al amor del otro a la primera provocación. Sin embargo, ¿no son los celos algo que ya deberíamos haber superado como humanidad?

Sin duda cabe preguntarse esto, ya que si bien los celos podrían ser una virtud en algunos contextos, lo cierto es que existen muchos otros sentimientos que podemos cultivar y que pueden suplantarlos, haciéndonos evolucionar como individuos y como sociedad. Uno de ellos es el sentimiento de la “compersión”, así llamado por las parejas polígamas, y que denota la dicha que la felicidad del otro nos puede hacer experimentar, aunque ésta se deba a que nuestra pareja está gozando al lado de alguien más.

Algunos han confundido la compersión con una especie de voyerismo masoquista, o con un ansia morbosa. Pero según Luke Brunning, filósofo de la Universidad de Birmingham –y escritor en Aeon:

Si la compersión fuera la mera aceptación del florecimiento del otro, o la admiración recalcitrante, el orgullo, el disfrute indirecto o el placer masoquista de otras personas, sería difícil ver por qué las personas no monógamas lo consideraban un ideal.

Aquí propondremos algunos ejercicios para probar que quizá es posible vivir el amor sin celos, así seamos monógamos o polígamos. ¿Quieres probar ponerlos en práctica para promover la compersión?

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Ejercicio #1 Reflexión

Quizá haz reflexionado mucho sobre lo que tú quieres en una relación. Pero, ¿has pensado qué podría necesitar el otro? ¿Qué significa la experiencia de relación para tu pareja? ¿Cómo pueden ser felices? ¿Requiere de un trabajo tanto al interior como al exterior de su relación? ¿Qué necesitan reforzar para no dudar de que quieren estar juntos?

Recuerda que los celos son una respuesta ante la amenaza. Si no refuerzas tus lazos afectivos, no dejarás de sentirte amenazado. Aunque también debes dejar de ver a los otros como potenciales enemigos; para ello es importante que sigas leyendo y pongas en práctica los siguientes ejercicios.

 

Ejercicio #2 Imaginar al otro florecer

Por supuesto, esto implica imaginar al otro sin nosotros. Quitándonos voluntariamente de la ecuación es como podemos dejar atrás el amor propio más nocivo y ególatra, mismo que suele disparar los celos, ya que en palabras del profesor Brunning:

El amor propio es una respuesta a la vulnerabilidad que subyace a la mayoría de los celos. Somos vulnerables porque otras personas dan forma a nuestro compromiso con el mundo.

De esta forma podemos comprobar que el otro puede florecer y ser feliz sin nosotros, y más aún: con otros. Y, de hecho, nosotros también. Se trata de promover un amor sin dependencias emocionales nocivas, sin vulnerabilidad y con deseos no de poseer al otro sino de vivirlo. Esta es la compersión que practican los polígamos, y que sin duda debe ser una emoción a la cual aspirar.

 

Ejercicio #3 Fortalecer la empatía

Evitar los sentimientos de dependencia puede hacerle pensar a algunos que la persona no celosa está en riesgo de volverse apática o insensible. No obstante, no necesitamos de celos para promover el amor, sino de empatía.

La empatía es algo con lo que nacemos, pero también podemos –y debemos– ponerla en práctica. Puedes saber más sobre esto siguiendo este enlace. Pero lo primordial es que salgas de tus zonas de confort y aprendas a lidiar con situaciones que pueden ser difíciles –como saber que tu pareja se divierte sin ti–. Practicar la empatía es preguntarse constantemente si estás sintiendo al otro o no, con todo lo que ello implica.

 

Ejercicio #4 Diálogo

Los celos son una forma primigenia de comunicar, misma que busca expresar nuestro miedo ante la sospecha. Un poco de diálogo honesto debe ser, después de los ejercicios que hemos propuesto, suficiente para evitar cualquier malentendido o perspicacia que pueda derivar en celos.

Para no dejarnos llevar por nuestras inseguridades, necesitamos aprender a solucionar los problemas a través del lenguaje. Volver a comunicarnos cara a cara, sin esconder constantemente lo que sentimos, es clave. Nada de mensajes por el celular, sino simple y llano diálogo cada vez que sea necesario.

Esperamos que, con estos consejos, puedas despojarte de los celos y comenzar a practicar más la empatía y la compersión.