La información disponible es concluyente: las acciones de esta generación serán determinantes para las condiciones futuras de nuestros descendientes. Así lo plantea un nuevo reporte emitido por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, presentado con las palabras:

La tierra es donde vivimos.

La tierra está sometida a presiones humanas cada vez mayores.

La tierra es parte de la solución.

Pero la tierra no puede hacerlo sola.

 

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Las condición que establecen los Acuerdos de París (limitar el calentamiento a nivel global a no más de 1.5 grados por encima de la media actual) parecen bastante radicales porque, de hecho, lo son: debemos eliminar nuestra dependencia de la carne y el petróleo.

Esta no es solo la opinión de un grupo de personas, sino el resultado de una meta-investigación acerca de un corpus interdisciplinario de 7,000 investigaciones distintas. Los datos en conjunto demuestran que el 72% de la superficie de la tierra libre de hielo se utiliza para actividades humanas, como la producción de alimentos y la obtención de recursos naturales. Estas actividades son responsables del 23% de las emisiones de efecto invernadero, responsables, a su vez, del aumento en la temperatura de la atmósfera, la desertificación de la tierra y la muerte de arrecifes de coral en los mares.

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Es preciso ganar todas las batallas

Aunque escuchemos hablar del cambio climático como un fenómeno homogéneo y bien diferenciado, lo cierto es que se compone de una serie de problemas concretos, cada uno con su particular nivel de dificultad. Este nivel de problemas no puede solucionarse a nivel individual: es preciso la cooperación y organización de todos los países en conjunto. Continuar con nuestros actuales hábitos de consumo constituye el peor camino posible.

Para Will Turner, vicepresidente de Conservation International, una organización no sin fines de lucro,

Este reporte realmente subraya la importancia y urgencia de las tierras. Lo que hagamos en esta generación para proteger y restaurar la tierra es lo que va a determinar si nuestros hijos, y aquellos con quienes compartimos el planeta, habrán de sufrir… Podemos detener las emisiones de combustible fósil mañana mismo y aún fallar si el Amazonas es arrasado o [la selva tropical de] Sumatra se quema.

Esto quiere decir que el futuro de las condiciones de vida del planeta depende de que los países del mundo logren organizar su producción de manera sostenible, y actúen como una sola especie, más allá de nuestras diferencias políticas.

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El 72% de la superficie terrestre se destina a actividades de consumo humano (Patrick Hendry)

Probablemente necesitamos más árboles que máquinas que conviertan el dióxido de carbono en combustible. Nuestra dependencia de las máquinas fue lo que nos trajo hasta aquí en primer lugar. Sin embargo, los esfuerzos internacionales para reforestar enormes áreas y proteger otras en peligro, rinden resultados virtualmente inmediatos.

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Nuestra alimentación es la enfermedad y la medicina

Por otra parte, el estudio señala que los gases de efecto invernadero también son el resultado de la dependencia internacional de dietas basadas en ganado de pastoreo. La transición a dietas vegetarianas o veganas no será una opción solamente ética y personal, sino una prioridad colectiva, pues nuestra dependencia a la carne se paga con un gran coste medioambiental, que impacta en igual medida a las poblaciones que dependen de estas industrias.

Según el propio reporte,

es necesaria la diversificación en el sistema alimentario, y sugiere dietas balanceadas a base de alimentos de origen vegetal, como los cereales, legumbres, frutas y vegetales, nueces y semillas, y alimentos de origen animal producidos bajo sistemas resilientes, sustentables y bajos en emisiones de gases de efecto invernadero.

Los obstáculos para conseguir esta meta no son solamente los hábitos de consumo de carne, sino la dependencia de muchas poblaciones locales involucradas en su producción, las cuales enfrentan “barreras técnicas y financieras asociadas a los estilos de vida y hábitos culturales”.

En realidad, los países más ricos (y que más consumen carne y combustibles fósiles) son los que producen mayor parte de los gases de invernadero. Afortunadamente, también en muchos de estos países la resistencia de jóvenes estudiantes está encendiendo la conciencia de una nueva relación con el planeta.

El reporte no habla de predicciones ni sucesos por verificar; señala claramente que los campesinos del llamado tercer tundo ya están resintiendo los efectos de las sequías, olas de calor e inundaciones, que amenazan con agudizar las ya de por sí apremiantes condiciones de pobreza.

El futuro de las políticas públicas en lo que refiere a seguridad alimentaria, manejo sustentable de la tierra, desertificación y flujo de gases de efecto invernadero debe ser la prioridad de los gobiernos de hoy en adelante. Aunque suene duro, satanizar el uso de popotes de plástico en tanto acción individual de consumo es un pálido simulacro de la revolución que sería curarnos, como especie, de nuestra fatal dependencia al petróleo, la carne, y a todas las actividades relacionadas a su extracción y producción, respectivamente. La transición a energías limpias y a dietas basadas en el uso conciente de la tierra son la clave para la continuidad de la vida humana como la conocemos.

Cuéntanos, ¿estarías dispuestx a disminuir tu consumo de carne si esto lograra un impacto determinante en la temperatura de la Tierra?