A pesar de las advertencias de las organizaciones internacionales sobre la crisis climática, lo cierto es que el mundo no puede deshacerse de su dependencia al petróleo y a los combustibles fósiles tan rápido como hace falta. Para cumplir con los Acuerdos de París (y evitar que la temperatura del planeta aumente 1.5ºC antes de 2030), los países firmantes deberían invertir agresivamente en energías alternativas.

capitalismo-verde-cambio climatico crisis dinero soluciones-yukai du
Yukai Du

Los humanos más jóvenes se están movilizando en todo el mundo para protestar y exigir acciones concretas. La movilización más visible en este momento es la de Greta Thunberg, quien ha alentado una serie de marchas y protestas semanales que han tenido eco mediático y social. También están los partidarios del Green New Deal, que luchan por hacer que el sistema financiero invierta en energías limpias y deje de apoyar la destrucción de los ecosistemas.

Reducir el consumo individual de plástico y transitar poco a poco a estilos de vida más ecológicos es una tendencia que, desgraciadamente, no tiene un impacto planetario suficiente (aunque no por ello es menos importante), si tomamos en cuenta que las compañías energéticas siguen siendo la mayor fuente de contaminación.

mercado de carbono-mercado-mexicano-carbono-cambio-climatico
Tsj Isse Talsma

Y esas compañías energéticas (como las gigantes Exxon y Shell) no van a detenerse porque algunos cientos de miles de chicos salgan a la calle a marchar. Aunque milagrosamente sus directivos entendieran la urgencia de dejar de financiar proyectos de extracción, y se centraran en ofrecer soluciones de energía limpia, los cambios podrían ser lentos y graduales. Eso sin contar con la corrupción rampante del sector. Entonces, ¿qué hacer?

Sigue leyendo: Estas son las 90 compañías han producido más del 60% de las emisiones responsables del calentamiento global

Bill McKibben es un estudioso de la crisis climática, además de ser fundador de 350.org, donde convergen grupos de protesta de todo el mundo desde hace más de 10 años. Para él, tratar de convencer a los líderes políticos de la  urgencia de cambiar las cosas es una idea gastada, pues al igual que las petroleras, los políticos obedecen a un sólo amo: el sector financiero.

Sospecho que la clave para interrumpir el flujo de carbono a la atmósfera depende de interrumpir el flujo de dinero hacia el carbón, el petróleo y la gasolina, escribió McKibben.

La campaña de 350.org busca nuevos interlocutores políticos. En lugar de protestar contra los miembros de grupos parlamentarios (“atados de manos” y con la boca llena de dinero), McKibben dirige sus esfuerzos a convencer a los administradores de capitales universitarios, fondos de pensiones y accionistas, de dejar de darle su dinero a bancos que invierten en combustibles fósiles.

Protesta de la nación Lakota contra JP Morgan Chase, uno de los bancos más grandes del mundo, además de inversionista en combustibles fósiles. (Imagen: Rainforest Action Network)

Esta idea ha tenido un éxito considerable que no debe pasarse por alto. Desde que comenzó la campaña de 350.org, han logrado desviar más de 1 billón de dólares hacia bancos y fondos de inversión que no alimenten a las petroleras. Una de las empresas de carbón más grades de Estados Unidos, Peabody Energy, se declaró en bancarrota en 2016; la razón fue la desinversión, es decir que dejó de recibir dinero de los gerentes de grandes fondos.

La presión moral de líderes sociales y religiosos como el Papa Francisco, exhortando a los ejecutivos de la industria a dejar de explotar petróleo, o la misma Greta Thunberg, no surten efecto con la velocidad necesaria, pero todo suma. Cortar el financiamiento de lo que está acabando con el planeta podría ser una solución más radical y simple a la cual dirigir los esfuerzos.

 

Situaciones desesperadas exigen medidas desesperadas

La era de los combustibles fósiles llegará a su fin tarde o temprano, ya sea porque no hay más petróleo ni planeta o porque logremos transitar a modos más eficientes y limpios de obtener energía. Sin embargo, muchas economías del mundo dependen fuertemente del petróleo (México entre ellas). Si de la noche a la mañana los bancos y aseguradoras dejaran de prestar dinero a este sector, el mundo entraría en otro tipo de crisis: una parálisis económica sin precedentes.

Una forma de cortar la perversa relación entre los bancos y las petroleras sin provocar desbalances impredecibles podría ser la restricción de nuevos préstamos para exploraciones submarinas y nuevos proyectos de extracción, mientras se siguen ofreciendo créditos para operaciones ya en marcha. Eso podría dar tiempo al desarrollo e implementación de energías limpias como la solar y la eólica, cuyos costos bajaron 90% y 70% respectivamente durante la última década.

Hacer rentable la implementación de energías limpias y de bajo costo podría convencer a los banqueros de dejar de invertir en petróleo. Presionar a las compañías de gestión de fondos para que dejen de invertir en energías que aceleran la crisis climática es sólo otro frente de acción.

Sería una ironía espectacular que el capitalismo (el sistema económico que ocasionó en primer lugar los problemas que enfrentamos actualmente) fuera la herramienta con el poder suficiente para asegurar las condiciones de la vida humana en el planeta.