La historia del Homo sapiens y la cannabis no es precisamente nueva. De hecho, se remonta a la Edad de Bronce, hace aproximadamente 5,000 años, cuando caravanas de pastores se desplazaban por las mesetas del este y sur de Asia. La planta de cáñamo, de la cual no todas sus variedades son psicoactivas, fue domesticada y utilizada desde entonces para obtener aceite y fibras textiles, además de como ingrediente en rituales funerarios en toda Asia.

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Un metaestudio publicado recientemente se dedicó a mapear las excavaciones arqueológicas donde se hubieran encontrado muestras de polen de cannabis, con el objetivo de determinar su procedencia y origen común. Las conclusiones sugieren que la planta pudo haber evolucionado a las formas que conocemos en el altiplano de lo que hoy es el Tíbet, a más de 3 kilómetros sobre el nivel del mar.

John McPartland y sus colegas de la Universidad de Vermont trataron de ubicar el origen geográfico e histórico de la cannabis analizando numerosos estudios científicos sobre excavaciones arqueológicas en las que el polen de la planta estuviera presente.

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No se trata de un trabajo sencillo, pues el polen de la cannabis es muy similar al del lúpulo, su pariente evolutivo, el cual también fue utilizado desde la Edad de Bronce como estabilizante en la elaboración de cerveza.

Una forma de diferenciar el polen de ambas plantas consiste en analizar la distribución de otros tipos de polen presentes en la muestra. La cannabis prefiere las altas estepas, y el lúpulo las zonas boscosas. Analizando la distribución de polen en diversos sitios arqueológicos, McPartland y su equipo concluyeron que probablemente la cannabis surgió cerca del lago Qinghai, en lo que hoy es el Tíbet. Fue en esa zona, hace aproximadamente 28 millones de años, donde la cannabis y el lúpulo dejaron de compartir un ancestro común, y extendieron la familia de las cannabáceas.

 

Hierba de altura

La meseta Tibetana-Qinghai se extiende entre Bután, China, la India, Nepal y el Tíbet. Se le llama “el techo del mundo” también porque colinda con dos de los sistemas montañosos más altos del planeta: la cordillera del Himalaya al sur y la de Kunlun al norte. Y fue también en esta meseta donde las caravanas de nómadas comenzaron a llevar productos de Oriente a Occidente y de regreso. Los científicos están bastante seguros de que una de las mercancías que se comerciaban en esa antigua ruta de la seda era el cáñamo.

En 2013, arqueólogos chinos encontraron un cementerio en la meseta del Pamir, a 3,000 metros sobre el nivel del mar. Las tumbas datan de entre 2,300 y 2,500 años de antigüedad. Entre varios arreglos de piedras, instrumentos musicales y braseros, se encontraron restos orgánicos que indican la presencia de componentes químicos de cannabis. Esta es la evidencia física más antigua de la quema de semillas de cannabis como parte de un ritual funerario.

La cueva Baishiya Karst, con ofrendas budistas en la entrada (Imagen: NatGeo)

 

La meseta del Pamir, al igual que el lago Qinghai, están a unos pocos cientos de kilómetros de la cueva Baishiya Karst. Fue ahí donde en 1980 fue encontrado un pequeño fragmento óseo que perteneció a un denisoviano. También conocido como homínido de Denísova, esta especie de Homo fue encontrada por primera vez en Siberia, y se cree que estuvo activo al mismo tiempo que los neandertales y los sapiens. También se encontró polen de cannabis en la cueva de Denísova, en Siberia. Se cree que los denisovianos vivieron entre hace 1 millón y 40,000 años. 

Esto no significa que los denisovianos supieran qué hacer con la cannabis, aunque la evidencia de su paso por la zona es un indicio de que algún contacto debieron de tener con las plantas de la región. Otros investigadores, sin embargo, consideran que la glaciación ocurrida hace 160,000 años pudo ser un impedimento para que la planta creciera en condiciones tan brutales.

La cannabis crece libremente en Bután hoy en día como lo que nunca dejó de ser: una planta que se adapta

 

Cáñamo en la antigüedad

Hay evidencias de que hace unos 5,000 años, el uso de cáñamo de cannabis se intensificó en el este de Asia. Las razones no son claras, pero Tengwen Long y Pavel Tarasov de la Universidad Libre de Berlín, en Alemania, también buscaron en registros arqueológicos y se dieron cuenta de que existen indicios de la presencia de la planta en Japón y en Europa del Este con muy pocos milenios de diferencia.

A decir de Long, “la planta de cannabis parece haberse distribuido extensamente desde hace 10,000 años, incluso antes”.

Aunque no sabemos a ciencia cierta si la cannabis se utilizaba por sus propiedades psicoactivas, como alimento o para fabricar textiles, lo que sí sabemos es que su distribución por el mundo coincide con el auge de las caravanas nómadas de las mesetas asiáticas.

El primer uso de cannabis registrado en la literatura occidental proviene de Heródoto de Halicarnaso, lo que funge también como evidencia del largo trayecto de la planta desde el Tíbet hasta Europa del Este.

El historiador griego habló hace más de 2,000 años de cómo los escitas (que vivían en lo que hoy es Crimea) echaban semillas de cáñamo en un brasero ardiente para provocar un sahumerio y “purificarse”, después de haber asistido a un entierro. Inmersos en el humo, “los escitas gritan de placer como si se bañasen en agua de rosas, y esta función les sirve de baño, pues jamás acostumbran bañarse”.