Llevamos ya más de tres décadas con el discurso del calentamiento global que está ocasionando el inminente cambio climático y aun así, no hemos podido tomar acciones contundentes para frenarlo. Por qué si diariamente leemos noticias sobre los efectos devastadores que las actividades antropogénicas están causando al planeta, se sigue pensando en la polarización de responsabilidades. Parece que es más importante dilucidar quiénes son los culpables directos en este barco que se está hundiendo. Y eso es porque entender el cambio climático no sirve, hay que sentirlo para pasar a la acción.

cambio climático
Paul Bateman

La información sobre el cambio climático puede que parezca muy reciente, no obstante, hace medio siglo ya se comentaba al respecto. Es decir, que la excusa del repentino cambio climático no sirve, el aviso estuvo ahí presente desde décadas atrás. Entonces, ¿por qué los esfuerzos de acción no superaron a los de comunicación? La respuesta es que, conocer y entender los estragos del calentamiento global no sirve. Hay que sentirlo en primera fila para comprender a lo que nos enfrentamos y entonces pasar a la acción.

Explicar el cambio climático no es lo mismo que concienciar 

Como humanidad parece que no hemos aprendido del pasado y los protocolos para enfrentar crisis de tal grado no están bien esclarecidos. Ya sea porque son emergencias desconocidas o porque el ego humano los eclipsa. El cambio climático sobre todo se ha explicado, se piensa que educar a la gente medioambientalmente es sinónimo de esparcir información sobre el tema. No obstante, hasta ahora sólo se han explicado las causas, las consecuencias y por más que estas sean devastadoras no han servido para generar un cambio.

tierra ardiendo

Los cambios de conducta se gestan no sólo en el plano cognitivo. Es decir que no basta sólo con conocer, entender y explicar cierto aspecto para realizar un cambio. También se requiere un lazo emocional y sentimental para lograr una visión distinta y más amplia. Y está claro que la educación medioambiental se basa sólo en el aspecto cognitivo.

Pero más allá de hechos científicos con gráficas que no comunican más que datos con los que no se puede generar un vínculo, el cambio climático debería infiltrarse en la cultura misma para lograr acciones contundentes para frenarlo. Los grandes esfuerzos de gente ordinaria para ayudar a la naturaleza han surgido desde hechos que emanan dentro de su visión diaria. Desde mirar desaparecer poco a poco a la fauna y flora citadina, rural y marina. Hasta los casos más graves donde la escasez de recursos naturales para vivir ha alentado a las comunidades a tomar acciones contundentes para intentar frenar el cambio climático.

La falsa idea del ‘a mí no me afecta’ debe desecharse de inmediato y convertirse en un sentido de unidad. Sólo desde la empatía lograremos un cambio de conducta que nos acerque a nuevas ideas y nuevas visiones para salvar al planeta.