Muchos animales y plantas están totalmente desconcertados por el cambio climático (y no están logrando adaptarse)

El cambio climático está modificando la cotidianidad de muchas especies a tal grado que ya existe un nombre para el fenómeno.

La resiliencia es inherente a la naturaleza. Se trata de la capacidad que tiene la naturaleza y sus habitantes para adaptarse a los cambios que ocurren, ya sea en la tierra, en los mares, e incluso en los genes.

No obstante, la resiliencia no es infalible.

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Miranda Brandon

Así lo demuestra el hecho de que muchas especies no están logrando adaptarse a las radicales modificaciones que el cambio climático está provocando en los hábitats.

Las cuatro estaciones del año se han vuelto caóticas: ya no pueden definirse claramente, como hace algunos años. La prueba está en que 2010, 2017 y 2018 han sido años especialmente calurosos, y en que paulatinamente se ha extendido la temporada de lluvias.

Esto ha enloquecido a cientos de especies: las aves no saben cuándo migrar, los insectos no saben cuándo polinizar, y anfibios como las ranas están reproduciéndose antes de tiempo, debido a los inviernos más cálidos. Incluso podría decirse que los bosques ya no saben cuándo reverdecer.

Ya hay un nombre para este fenómeno: desfase fenológico.

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Esta situación, que los científicos han llamado desfase fenológico, es una afectación inédita a las formas de vida. Ni siquiera la resiliencia inherente al mundo natural está logrando adaptarse a los vertiginosos cambios, resultado de nuestros nocivos modelos productivos y de consumo. Es así que la sincronía necesaria para que todo el mundo esté en equilibrio se encuentra, por primera vez, plenamente amenazada.

Es incierto lo que el desfase fenológico puede ocasionar en los ecosistemas, y qué tanto las perturbaciones más pequeñas podrían llegar a ocasionar enormes e irreversibles daños. Quizá… ¿una especie de efecto mariposa generalizado?

La pregunta sería: ¿qué pasa cuando una especie llega tarde a su cita con la naturaleza?

Un ejemplo está en el caso de la orquídea araña.

Esta flor se reproduce a partir de una treta llamada “seudocopulación”, que consiste en engañar a las abejas macho con una feromona para hacerlas creer que son una pareja sexual. De esta manera, las abejas polinizan a las orquídeas justo cuando lo necesitan. Pero esto tiene que suceder cuando las abejas macho despiertan de su hibernación, y antes de que lo hagan las abejas hembra.

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No obstante, la primavera está llegando antes, lo que hace que las abejas hembra se despierten antes de que las orquídeas puedan hacer su jugarreta. Así, el affaire entre orquídeas y abejas es impedido por la vigilante abeja hembra, lo que, según un estudio de 2014, está mermando la reproducción de las orquídeas.

Lo peor es que el cambio climático no es lo único que está modificando los hábitos de diversas especies. Las actividades productivas en ciertas zonas –que a veces están incluso prohibidas, como las áreas naturales que invaden grandes empresas– está ocasionando que muchos animales se vuelvan nocturnos, entre ellos los coyotes, las nutrias, los jabalíes y los tigres. Esto ocasiona desequilibrios que pueden resultar mortíferos para algunas especies.

Si algo demuestra el “desfase fenológico” y la modificación en el reloj biológico que hemos ocasionado en muchas especies es que no sabemos compartir el mundo. Y esto nos puede llevar, a todos, a la extinción.



Las causas del clima extremo podrían no tener nada que ver con el cambio climático

Las ondas de gravedad son la respuesta de un fluido (como el aire o el agua) frente a una perturbación, y podrían estar relacionadas con cambios en el clima.

Una investigación en curso de la Universidad Goethe en Frankfurt, Alemania, ha estudiado la influencia que ejercen las ondas de gravedad sobre el movimiento del vapor de agua, la velocidad del viento y la temperatura, factores determinantes del clima extremo, así como en la predicción de turbulencia, lluvias torrenciales y tormentas.

Las ondas de gravedad atmosférica son invisibles al equipo de predicción meteorológica y sólo son representadas en los modelos climáticos oficiales si se usan componentes especiales capaces de detectarlas. En muchos casos son, sin embargo, el principal factor detrás de muchos eventos meteorológicos aparentemente inexplicables, como tormentas inesperadas que derivan en inundaciones.

El encargado de la investigación es el profesor Ulrich Achatz, del Departamento de Ciencias Atmosféricas y Ambientales de la Universidad Goethe. Achatz y su equipo han recopilado un gran volumen de datos atmosféricos mediante el uso de rayos láser, cohetes, aviones de investigación y pruebas de laboratorio. Gracias a esta información, los investigadores han creado modelos numéricos de alta resolución que ayudarán en la predicción de fenómenos meteorológicos extremos.

Las ondas gravitacionales tienen sus efectos más potentes en las capas superiores de la atmósfera, pero las más cercanas a la tierra también se ven afectadas. ¿Cómo? A través de cambios en el flujo de aire, que pueden desembocar en tormentas repentinas o marejadas.

Estos datos también han servido para optimizar modelos meteorológicos existentes que no suelen tomar en cuenta la influencia de las ondas de gravedad. A pesar de su importancia, el papel de las ondas de gravedad en el clima de nuestro planeta es un campo apenas explorado.

La investigación de Achatz y su equipo contrasta con la teoría del cambio climático como responsable del incremento en el número de inundaciones, sequías, huracanes y otros fenómenos meteorológicos extremos, pero también podría complementarla. Una mayor comprensión del papel de estas ondas en el clima ayudará a que las predicciones climáticas sean más precisas y confiables en el futuro.

 

* Imagen principal: CNN



De lo emocional a lo político: cómo afecta el cambio climático a la humanidad (Cortometraje 📽️)

Una niebla silenciosa y densa… Este cautivador documental intenta comprender exactamente qué está en juego cuando hablamos de cambio climático.

El cambio climático es una niebla densa; un cúmulo invisible de gas que nos recubre, pero que percibimos como lejano e invisible. Tendemos a relacionarlo con capas de hielo que se derriten a miles de kilómetros y escenarios posapocalípticos que no llegaremos a ver, pero su amenaza difusa persiste.

¿Cómo medir la magnitud de esta niebla? Y, más importante, ¿cómo detenerla? En The Measure of a Fog (La medida de la niebla), un cautivador documental sobre el cambio climático, Ian Cheney nos habla justamente de cercanía. Para entender la magnitud del calentamiento global, hay que dejar de pensarlo como un lejano mal augurio y fijar la mirada en terrenos reales, pero insospechados.

Sabemos que la ciencia lleva la batuta en este tema: sus estadísticas y predicciones dirigen este conflicto de la especulación a los hechos. Lo imprevisible es que, detrás de las gráficas, se oculta también un conflicto moral. Pero los efectos verdaderamente devastadores del cambio climático no se verán hasta las próximas generaciones, y en un mundo que gira en torno a ciclos cada vez más breves, es difícil que nuestra compasión se extienda más allá de algunos años.

¿Cómo pensar en las personas que heredarán una Tierra extraña que aún no logramos separar de la ficción?

El rostro emocional del cambio climático también entra en cuestiones económicas. Los países en vías de desarrollo llevan, desde este calificativo, la pesada carga del progreso. Esta idea de crecimiento desenfrenado depende, en gran parte, del uso excesivo de combustibles fósiles.

Para cambiar esta estructura económica habría que modificar la estructura mental que dibuja el progreso como una línea recta hacia el infinito.

No será fácil abrirse paso entre esta niebla, pero para Cheney, es posible arrojar luz sobre esa incertidumbre contando historias como la suya. Si nos ponemos a pensar en qué nos queda de las generaciones pasadas, si las reducimos a su expresión más pura, encontraremos dos cosas: arte y pensamiento.

Para las futuras generaciones, pero sobre todo para las de este presente, las historias que contemos y reproduzcamos sobre el calentamiento global nos ayudarán a esparcir la urgencia del cambio.

Las soluciones para este complejo conflicto no serán inmediatas. La obra de Cheney no tiene la pretensión de resolverlo, sino de encontrar patrones que nos permitan discernir esta niebla y dar sentido a sus contornos.

Acá los links para encontrar la serie de cortos completa:

Distance”, “Carbon”, “Energy”, “Geoengineering”,  “Politics” y “Ethics”.

Si quieres saber cuáles de tus hábitos contribuyen al cambio climático, visita también este enlace.