La reducción de gases de efecto invernadero es el desafío más grande del presente al que se enfrenta la humanidad. De no ser así, alcanzaremos temperaturas récord en menos del tiempo estipulado. El mundo requiere más esfuerzos para minar las emisiones de carbono ocasionadas por las actividades antropogénicas. Sin embargo, hay un factor que no se está contabilizando en el calentamiento global y, por ende, en el avance del cambio climático, y ese es el derretimiento del permafrost que podría representar una amenaza.

¿Qué es el permafrost?

Cerca de los polos geográficos, donde la temperatura desciende por debajo de los 0°C en los crudos inviernos, el sedimento terrestre es completamente distinto a otras regiones del mundo. Debajo de las áreas polares se encuentra el mayor equilibrador de la temperatura planetaria, una capa conocida como permafrost. Su nombre hace alusión a que es una mezcla de tierra y residuos orgánicos, que se mantiene permanentemente congelada, sin importar el cambio de estaciones.

Se le puede encontrar debajo de una capa más delgada de vegetación y tierra que los geólogos llaman ‘capa activa’ y que se encarga de recubrirlo para protegerlo de los agentes exteriores. Esta capa activa puede cubrirse de nieve cuando llega el invierno. Y cuando la primavera acecha, se descongela, pero sin alterar el permafrost.

permafrost

Podría decirse que el permafrost es una memoria vital, donde se han depositado los restos de hace millones de años de rocas, arena, materia orgánica, como restos de animales y plantas, todos unidos por el hielo. Al mantenerse a temperaturas tan frías, las memorias se mantienen vivas, aunque inactivas. Y entre más antiguo sea el permafrost, más profundo se vuelve. Hay regiones donde esta capa alcanza los mil 500 metros por debajo de la superficie terrestre. Y aquellos sitios donde el permafrost es más nuevo, la capa es más delgada, aunque no menos importante. Para que se le considere como tal, debe pasar al menos dos años sin que la tierra haya mostrado signos de derretimiento.

Se le puede encontrar en las regiones más heladas del planeta, sobre todo debajo de la tierra del Ártico en países como Estados Unidos, Canadá, Groenlandia y la zona de Siberia. También hay permafrost en el Polo Sur, aunque en menor cantidad debido a que hay poca extensión de tierra firme y hay más océano. Sin embargo, también se cree que debajo del hielo de la Antártida, hay permafrost muy antiguo con miles de metros de profundidad. Otras regiones donde existe el permafrost, es en la cima de Los Andes y Los Alpes Suizos.

Permafrost y calentamiento global

El calentamiento global está cambiando la dinámica terrestre, llevando a los climas al borde del desastre. Cada vez se registran temperaturas más altas en regiones del Ártico que tiende a calentarse tres veces más rápido que cualquier otra zona del planeta. Siberia donde hay una extensa capa de permafrost debajo de la tierra. Tan sólo en los últimos meses, Siberia rompió récords de temperatura alcanzando los 48°C, hecho que pone en peligro el permafrost.

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Derretimiento del permafrost

Si se mantiene al permafrost en su estado natural, es decir, a temperaturas donde pueda permanecer en congelación, no causa ningún daño a la Tierra. De hecho, es sumamente necesario para que en las zonas más tropicales no se llegue a temperaturas demasiado altas. Sin embargo, cuando comienza a derretirse, las memorias allí guardadas comienzan a despertar, descomponiendo los restos orgánicos que se mantuvieron intactos por millones de años.

Las cadenas tróficas tienen entre sus filas a los descomponedores que actúan sobre los organismos muertos. Se encargan de degradar la materia orgánica, devolviéndola de nuevo al suelo en forma de nitratos, nitritos y agua. Pero también le devuelven a la atmósfera en forma de dióxido de carbono. Y es justamente por esta última razón que el permafrost representa una amenaza para la atmósfera, a medida que el calentamiento global causado por el hombre, avanza.

El resultado es un bucle sin salida, donde el aumento de temperatura ocasionado por las emisiones de gases de efecto invernadero antropogénicas calientan las regiones del permafrost, que se derrite y libera más dióxido de carbono. Luego calienta todavía más el ambiente y el hielo se derrite más rápidamente liberando más dióxido todavía.

Por si fuera poco, las proyecciones del clima no toman en cuenta el factor del derretimiento del permafrost, debido a su difícil predicción de comportamiento. Las políticas para mantener el aumento de temperatura a raya, están basadas únicamente en las actividades humanas. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que tanto el permafrost como los bosques hoy en día están emitiendo más carbono del que capturan. Necesitamos redoblar esfuerzos para alcanzar la neutralidad de carbono y dejar actuar a la naturaleza que sabe cómo equilibrarse de nuevo.