Una parte del universo está en nosotros.

A la popular frase “somos polvo de estrellas” le han hecho justicia afirmaciones científicas de todo tipo. La astronomía explica que casi la mitad de los átomos que componen nuestro cuerpo podrían haber llegado de una lejanía, de algún lugar más allá de la Vía Láctea. Dicho de otra forma, somos una especie de inmigrantes cósmicos, como las estrellas.

A esta fabulosa sentencia científica de corte poético, se suma un nuevo descubrimiento: la posibilidad de que los granos de café compartan moléculas con las estrellas. 

Recientemente, estudiantes de secundaria en el Reino Unido descubrieron que el café y las estrellas comparten una misma esencia. Los jóvenes determinaron que existen moléculas idénticas en las estrellas recién formadas y en los granos de café.

Esta bebida puede saber a cielo y para muchos es una salvación durante las mañanas. Sin embargo, nunca imaginamos que literalmente fuera una bebida caída del cielo. Jonathan Holdship, profesor de física y astronomía de la Academia Hammersmith, les enseñó a los alumnos cómo obtener datos de la luz molecular de las estrellas.

El único objetivo era determinar si la química vital de la luz de las estrellas podría reconocerse en elementos que estén en la Tierra. Estos análisis suelen realizarse para determinar qué sustancias, compuestos o elementos pudieron causar la vida en nuestro planeta.

Los estudiantes realizaron el experimento con el fin de encontrar azufre en las estrellas. Pero lo que descubrieron fue acetaldehído, un compuesto que también se encuentra en los granos de café, el pan y algunos quesos. Este sorpresivo encuentro originó un conjunto de datos que impulsan el estudio de más estrellas y moléculas complejas en la galaxia, con el propósito de descubrir qué compuestos comparten el polvo cósmico y las cosas de la Tierra.

Sabemos que el universo y todo lo que conocemos ahora se originó desde el mismo punto o la misma explosión (según a lo que apuntan las teorías científicas); no obstante, esto no nos revela qué elementos se mezclaron y cuáles no.

Las teorías sobre el inicio y el fin del mundo se basan en algunos datos y aproximaciones, mientras que este experimento resultó en la comprobación de la conexión entre las moléculas de dos cuerpos totalmente diferentes. Ahora no cabe duda de que observar el universo es observarnos a nosotros mismos. El profundo universo que una vez, hace millones de años, proporcionó lo necesario para que viviéramos, nos da pistas sobre los misterios del cosmos.

La posibilidad de que estemos ahora comiendo un pedazo de universo es más palpable que cualquier otra hipótesis sobre el cosmos. El café es parte de nosotros, así como nosotros somos parte del universo; una cadena de acción que poco a poco se descubre. En el video, los alumnos explican el proceso del experimento. Si quieres saber más, no olvides activar los subtítulos y adentrarte en la maravillosa experiencia de conocer las moléculas que comparten las estrellas y otras cosas de la Tierra

 

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