Enclavado en las cumbres más altas del planeta, prospera Bután. Esta pequeña monarquía constitucional se independizó de la India hace poco tiempo. Con menos de 1 millón de habitantes, es modelo internacional de política pública gracias a su agricultura completamente orgánica y su índice de Felicidad Nacional Bruta (FNB).

La medida fue propuesta por el rey Jigme Singye Wangchuck en 1972, para medir la prosperidad de los ciudadanos de Bután a partir de cuatro pilares básicos: la promoción del desarrollo sostenible e igualitario en términos socioeconómicos, la preservación y promoción de valores culturales, la conservación del medioambiente y el establecimiento de un buen gobierno.

Algunos críticos de esta medida piensan que el FNB es solamente un eslogan turístico en un país donde la mayor parte de la población vive de la ganadería y el campo. Sin embargo, el primer ministro, el doctor Lotay Tshering, enfatiza que:

“En Bután somos únicos; nuestra democracia es realmente única… en el sentido de que estamos afianzados fuertemente en nuestros valores nacionales. No ponemos el interés personal por encima del interés nacional”.

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¿Cómo se mide la felicidad de un país?

Bután cuenta con un centro de estudios específico para administrar el índice de FNB. Los indicadores que utilizan para censar a la población cada 5 años tienen que ver con la arraigada práctica del budismo y la meditación en el país. También se toman en cuenta el bienestar psicológico, la salud, la educación, la ecología, el uso del tiempo, la vitalidad comunitaria, la cultura y los estándares de vida.

Según Thsoki Zangmo, del Centro de Estudios de la FNB de Bután, existen ciertos indicadores de mejora, como el acceso a la educación y la salud. No obstante, los componentes de bienestar psicológico y vitalidad comunitaria se encuentran deteriorados, especialmente en las zonas urbanas. A pesar de que los componentes de la felicidad se eleven a una cuestión de Estado, Bután no es el país más feliz del mundo. Según el reporte de 2019 del índice Mundial de la Felicidad, el país se encuentra en el número 95, probablemente a causa de la inequidad económica entre la población urbana y rural.

A decir de Zangmo, la visión de Bután para el futuro no es alcanzar los niveles económicos de países más prósperos, sino poner el énfasis en el cuidado del medioambiente, la comunidad y el acceso a la educación y salud para calificar más alto en los estándares mundiales de felicidad.

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Aunque pueda parecer una política populista y propagandista, el primer ministro pone el ejemplo diario. Con formación de médico cirujano, Lotay Tshering hace rondas en hospitales cada semana, además de promover el ciclismo y la meditación. Según sus propias palabras:

“La salud y la educación son los niveladores sociales más poderosos. Así que, basados en ello, tenemos [servicios de] salud gratuita y educación gratuita en nuestro país. Aunque sean gratuitos, no son fácilmente accesibles, [ni se encuentran] fácilmente disponibles para todos los que los necesitan”.

 

Modelo de cuidado ambiental: emisiones negativas de carbono

Una de las mayores fuentes de recaudación fiscal es el impuesto al ecoturismo. Los visitantes extranjeros desembolsan 250 dólares estadounidenses para poder apreciar las bellezas naturales y culturales del país. El cuidado y promoción del medioambiente les ha valido el reconocimiento de ser el primer país que absorbe más CO2 del que produce.

Aunque en países como México o Tailandia las bolsas de plástico se han prohibido parcialmente a partir de 2020, en Bután esta medida existe desde 1999. La constitución del país establece que al menos el 60% del territorio debe permanecer como zona natural protegida, pero según el primer ministro Tshering, actualmente están en 70%.

A pesar de los evidentes retos que tiene a futuro, Bután es considerada una historia de éxito de desarrollo por el Banco Mundial. Esto se debe a que fueron capaces de disminuir la pobreza extrema y mejorar la igualdad de género en relativamente poco tiempo. En apenas 4 décadas, la expectativa de vida aumentó de 50 a 70 años. Pero lo que los distingue de otros países es la visión a futuro. A decir del primer ministro:

“Debemos pensar en las generaciones futuras… Es por ello que tal vez no seamos los mejores económicamente, porque todos esos cheques y balances van a asegurar que lo que estamos iniciando aquí será sustentable, será para las generaciones que vienen”.