3 claves de Buckminster Fuller para inventar el futuro y transformar el mundo

El genio y humanista Bucky Fuller y su legado cósmico: “Cada vida y experiencia personal es un microuniverso”.

Pocas veces se ha visto, en un mismo hombre, el uso de la rigidez científica y la audacia de un soñador para favorecer a la humanidad. Ese fue Buckminster Fuller, inventor, humanista y hombre prodigio heredero de una clarividencia extraordinaria.

Fuller creía en la posibilidad de hacer funcionar al mundo para el 100% de la humanidad, a partir de una tecnología resiliente que no representara un riesgo para la naturaleza. La idea, que ya era una iniciativa desde el momento en que deslumbró su mente, dio a luz uno de los archivos más completos y avanzados de su época: el Inventario de recursos mundiales, tendencias y necesidades humanas, nada más que un catálogo global de predicciones importantes y precisas sobre el futuro de nuestra sociedad.

Fuller quería inventar el futuro creando nuevas formas de habitar el cosmos, pues creía que “Cada vida y experiencia personal es un microuniverso“, y agregaba:

En la visión general del hombre-universo como la suma total de toda la experiencia agregada y registrada del hombre, cada faceta de esta “experiencia” es entonces una modificación del universo. 

Para Bucky Fuller, todo hombre y mujer de este planeta es capaz de intervenir en los cambios de la naturaleza a nivel macro y microcósmico, dado que cada uno de nosotros es también un pequeño universo, con relaciones interactivas, procesos de energía y movimiento. De manera que el hombre, como integrante del universo, no está lejos de una sintonía con el mismo (un “patrón”), y para llegar a entenderlo la única limitante es su conocimiento. 

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Por eso desarrolló –entre otro sinfín de inventos futuristas– los revolucionarios domos geodésicos: estructuras sustentables que podrían ser las casas del futuro, de los cuales existen 300 mil en la actualidad. La geodésica representa ese otro significado de universo que Fuller atribuyó a la palabra, donde a través de un sistema sinérgico todos y todas estamos interconectados. 

Este y muchos otros inventos definen a Buckminster Fuller como un hombre pragmático y al mismo tiempo visionario. 

Fuller nos invita a pensar en cómo actuar en el presente para transformar el futuro. Quizá, para él, uno de los ingredientes más importantes en el camino a fabricar un mejor mundo fue la idea de que los individuos se sepan parte de un todo, pues de otra manera no sería posible crear la sinergética que cambie para bien al planeta. La sinergética es un concepto acuñado por el propio Fuller para la investigación empírica de sistemas de transformación; en otras palabras, requiere que nos veamos como parte de un sistema complejo del cual somos tanto participantes como observadores, algo que sin duda nos hace potenciales agentes de cambio.

De este concepto de “sinergética” se desprende el resto de la filosofía y práctica que caracterizó a este futurista, quien hasta hoy sigue asumiendo su papel de inspirador para numerosos observadores de tendencias contemporáneos. A continuación

3 claves de Bucky Fuller para actuar en el presente e inventar el futuro:

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Todo conocimiento debe ser procreativo

No debemos pretender hacernos de conocimiento sólo para mantener una identidad, y menos aún para mantener cierta superioridad sobre otros. El conocimiento es producto del desarrollo humano y, como tal, pertenece a todos. Quien por ciertas determinaciones disponga de mayor conocimiento que otros, debe actuar en consonancia con la responsabilidad social que ello significa. Para Bucky Fuller, eso significaba utilizar el conocimiento para hacer evolucionar a la humanidad.

 

Debemos tener la capacidad de soñar

El conocimiento no basta. Si no tenemos la capacidad de soñar e imaginar otras realidades posibles, lo más probable es que nos frustremos en nuestros intentos por transformar el mundo. Bucky Fuller, por ejemplo, tuvo muchos inventos fallidos; el propio domo geodésico fue, en un principio, una estructura inestable y no apta para ser más que una maqueta. No obstante, Fuller no se rindió: no paró de inventar y de ser procreativo durante toda su vida, porque era un soñador empedernido.

 

No leamos manifiestos: seamos el manifiesto

Todos sabemos, en mayor o menor medida, que las cosas no marchan muy bien en el mundo. Por eso no basta con señalar lo que está mal (pues todos podemos hacernos una idea al respecto), sino que debemos buscar soluciones de manera pragmática. En una entrevista de 1974, Bucky Fuller asegura que él es sólo “un manifiesto de lo que la evolución está buscando”. Así, más allá de leer manifiestos o elaborarlos, Buckminster Fuller propone que nosotros seamos esos manifiestos, a través de nuestras propias acciones.



Nutriendo nuestro universo desde la óptica sinérgica de Buckminster Fuller

El icónico arquitecto es honrado con esta fundación que apoya los movimientos ecológicos y sustentables para la construcción de espacios desde una ontología unificadora.

Sinergia es la única palabra en nuestro lenguaje que designa que el comportamiento de las totalidades no se puede predecir observando los comportamientos de sus partes.

Richard Buckminster Fuller (1967)

 

La simplificación de la realidad se refleja cuando pensamos en ella como en unidades. La individualidad es asequible, pero su sentido lo es con respecto al todo, y su función es mayor en conjunto. Todo opera como un circuito en donde el algo es un producto, como un sistema infinito de energía. El aclamado arquitecto y diseñador Buckmisnter Fuller, por cierto uno de los primeros ecologistas, no concebía nada como un ente individual y autónomo, y eventualmente se convertiría en uno de los principales exponentes de la “lógica del todo” con su teoría sistémica.

Desde la arquitectura y el diseño, Fuller tejió una red de sentidos que trascendían la concepción tradicional de los espacios, e incluso de la lógica de la vida. Pensó y ejerció una filosofía de sustentabilidad, donde la energía que usamos debe devolverse de alguna forma al cosmos. Criticó el uso del petróleo desde una postura muy adelantada a su tiempo, y visionó la trascendencia de las energías limpias como un modo de sobrevivir sanamente.

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La fundación Buckmisnter Fuller Institute honra la filosofía y enseñanzas de este pensador e inventor como una fuente de inspiración para el desarrollo de la arquitectura, el diseño y las artes. Lejos de cualquier dogmatismo, este espacio se ha mantenido desde sus inicios como un circuito de ideas que, en la lógica de la sustentabilidad, abren el panorama para el desarrollo de estos temas.

El Buckminster Fuller Institute esparce el pensamiento, pero también acerca al público los miles de documentos y trabajos que el arquitecto dejó. La fundación quiere que las nuevas generaciones se apropien del legado de la sustentabilidad como un sentido en sí mismo, más allá de la arquitectura o el diseño. Uno de sus aportes más sublimes fue su persistente petición para nombrar únicamente universo, y no “el universo” a la realidad. Al erradicar el artículo, el concepto de universo se deslinda de una cualidad individual para convertirse en un todo. Pero su mayor regalo es haber compartido una nueva manera de entender la vida y el todo.

Hoy esta fundación incuba iniciativas acordes a la ecología. Otorga un importante premio a los proyectos sustentables (Buckminster Fuller Challenge), y enciende el interés por entender la vida desde una perspectiva sistémica y unificadora. En su teoría de los sistemas, Fuller también expandió y reconceptualizó la palabra sinergia: el efecto de las causas es superior a la suma de los iguales, y ese resultado puede maximizarse, cuando se persigue la conciencia y la responsabilidad que ello implica. Así sea…