El presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, no apareció de la nada: durante muchos años ha sido apoyado por movimientos y organizaciones sociales que no parecen extrañarse con los comentarios racistas y sexistas del político, ni preocuparse por los agresivos planes de explotación de la selva amazónica y sus tesoros.

Este mismo fenómeno se repite en diversos países, desde la India y Tailandia hasta Polonia. En Hungría, una nueva figura carismática, Viktor Orbán, quien ocupa el cargo de Primer Ministro, se hace llamar a sí mismo el “defensor de Europa contra los migrantes invasores”, y la gente lo aclama.

Los discursos de odio provenientes de políticos ultranacionalistas parecen repetirse cada vez más en distintos países. Sin embargo, y como quedó claro con la elección de Donald Trump, son los ciudadanos comunes, y no los políticos, los principales impulsores del refortalecimiento de la extrema derecha en el mundo. 

Viktor Orbán REUTERS/Francois Lenoir

Si a grandes rasgos la política de izquierdas es la que busca mejoras sociales, mientras que la derecha se inclina por medidas conservadoras, la extrema derecha significa a menudo un regreso ilusorio a un pasado ficticio, basado en una “edad dorada” que cambia según el país que analicemos. Este regreso a los orígenes se simboliza adoptando una noción extremadamente localista, prometiendo devolver el país a una época mejor y anterior (como reza el eslogan de Trump, Make America Great Again o “Hacer a Estados Unidos grande otra vez”, implicando que el país ya no es lo que era…), y reaccionando violentamente frente a ideas extranjeras y modas progresistas o liberales.

 

Jóvenes conservadores digitales

Durante muchos años, el término “sociedad civil” fue asociada con una agenda liberal y progresista. Sin embargo, en la actualidad, la sociedad civil está integrada por todo tipo de posturas políticas y orientaciones sociales. La sociedad civil no puede seguir siendo tratada como un todo y, curiosamente, son sus miembros más jóvenes los que le han dado nueva fuerza a ideologías políticas consideradas reaccionarias.

Por ejemplo, el Movimiento Brasil Libre tiene más de 3 millones de seguidores en Facebook y 1 millón de seguidores en YouTube, y fue uno de los principales impulsores del triunfo de Bolsonaro. Movimientos muy similares de jóvenes ultraconservadores han aparecido también en Túnez, Marruecos y Tailandia, que apoyan a políticos de extrema derecha, a la vez que saben moverse en el mundo digital.

Dilma Roussef y Luis Inácio Lula da Silva
Dilma Rousseff y Luis Inácio Lula da Silva fueron destituidos y encarcelados

Los factores para explicar este resurgimiento apuntan al fracaso de los regímenes considerados de izquierda alrededor del mundo, pero también a la incertidumbre por el futuro que enfrentan la mayoría de los jóvenes en países en vías de desarrollo. En el caso de EEUU, existieron grandes porciones de la población que no se sintieron satisfechas con la presidencia de Barack Obama, lo que explicaría el apoyo popular a Trump. En el caso de Brasil, existe una corriente nostálgica de la dictadura militar que no se sintió identificada con las administraciones de Lula da Silva ni su sucesora, Dilma Rouseff, cuyo partido enfrenta numerosas acusaciones de corrupción.

Una historia similar se trasluce con la elección de 12 diputados del partido nacionalista español Vox al parlamento español. Su discurso no tiene matices, y a pesar de no tener un arrastre masivo de votos, existen quienes se identifican con sus “ideas”:

Thomas Frank, en Por qué los pobres votan a la derecha, menciona que uno de los principales motivos es la falta de confianza en la idea de progreso colectivo y la creencia en el esfuerzo individual, arraigada durante años. Asimismo, los ciudadanos de países con una grave crisis de inseguridad consideran que, después de décadas de estrategias fallidas, sólo una “mano dura” puede acabar con sus problemas.

Por último, siguiendo a Frank, la mayoría de las personas que optan por apoyar a la derecha tienen “más miedo que odio”, y están preocupados por sus empleos y su estabilidad financiera en una economía que se tambalea. En medio de esta incertidumbre, quienes desean gobiernos de “mano dura” ven en las causas progresistas, como el Estado de bienestar o el apoyo a migrantes, abiertas amenazas contra su precario nivel de vida.