En medio de las calles de Nueva York, el diseñador floral Lewis Miller intervino diferentes espacios públicos con flores, transformando cosas poco apreciadas en obras de arte. Los basureros resguardan los desperdicios que generamos día con día, son objetos sucios y no particularmente hermosos. Por eso, pasan desapercibidos. Pero, con un recurso tan elemental como las flores, Miller logró darle un nuevo significado al objeto y generar una grieta en la cotidianidad que permite al transeúnte relacionarse con el espacio de una nueva manera.

Los colores de las flores contrastan con algunos de los tonos sobrios de la ciudad, como el gris del pavimento. La obra de Lewis es, en todos los sentidos, una intervención que descoloca al objeto, a quien la mira sin querer y al espacio mismo. Según relata el diseñador en su página, este proyecto de “flashes florales” tenía la intención de poder compartir con un público más amplio lo que busca provocar con su trabajo a puertas cerradas:

Regalar flores a los neoyorquinos es una idea sencilla que ha estado en mi mente durante años. Mi negocio es el de la fantasía y las flores, y es mi trabajo transformar los momentos importantes de la vida de mis clientes en recuerdos felices y duraderos. Quería recrear ese sentimiento para los habitantes de la ciudad y los turistas de Nueva York.

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Además de la intervención en botes de basura, Lewis también se dio a la tarea de experimentar con algunas esculturas que decoran la ciudad. Después de un tiempo, la escultura que modificó un espacio se integra hasta hacerse invisible. Esto pasa todo el tiempo con los objetos que nos rodean, porque la normalidad se traga a la novedad inevitablemente. Así, Lewis, agregando un par de flores, refresca las vistas cotidianas al colocar arreglos florales en algunas esculturas.

 

 

 

 

De botes de basura a esculturas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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