Sobrevolando el condado de Donegal, en la República de Irlanda, se observa una cruz celta. Siendo uno de los mayores íconos del cristianismo europeo, esta cruz se encuentra en un bosque oculto. Hecha de árboles de coníferas, esta escultura natural se eleva como un símbolo de la ingeniería hortícola.

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Este paisaje que resalta desde las alturas es un diseño que mide cerca de 100 metros de largo y 64 metros de ancho. Lleno de dos especies distintas de árboles, esta zona se tiñe de árboles celtas cafés, mientras a su alrededor otros gigantes mantienen un verde oscuro profundo.

Esta obra no tardó en ser descubierta por los ojos curiosos de turistas e investigadores. La UTV de Irlanda del Norte descubrió que el ingeniero forestal Liam Emmery había sido el autor de esta obra. Lamentablemente Emmery ya falleció, pero su familia recuerda con gran cariño el legado natural que yace detrás de su casa.

Esta no es la única representación de ingeniería hortícola. Algunos bosques en Japón también han crecido con figuras extrañas. Los bosques de Miyazaki son un ejemplo de estos grandes círculos de árboles que permanecen como un espectáculo creado en conjunción entre la naturaleza y el ser humano. 

Estas esculturas parecen crecer como un misterio de la Tierra, pero la realidad es que el humano ha intervenido un poco en la elaboración de estas figuras que le otorgan un toque especial a estos maravillosos bosques. 

 

 

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