Un bosque mítico sumergido en el mar sale a la superficie tras una tormenta

Al borde de la fantasía, el bosque podría pertenecer a un reino sumergido que forma parte del imaginario tradicional céltico.

El 27 de abril, una tormenta llamada Hannah se lanzó intempestivamente sobre Gales mientras que, en una de las costas de la localidad llamada Borth, se registró que la marea estaba baja. Al parecer, la combinación de estos elementos causó que un bosque sumergido, compuesto de cientos de árboles petrificados, saliera a la superficie en dicha costa del mar céltico.

El bosque sumergido está ligado a un mito céltico del siglo XVII. Según narraba la tradición oral, en las costas de Borth había antes fértiles tierras y un reino que ahora yace sumergido y que es conocido como Sunken Hundred. Un famoso restaurante galés retomó este nombre y se encargó de mantener viva la versión más aceptada de la leyenda, según la cual esto fue lo que pasó en las costas de Borth hace milenios…

 

La leyenda del reino sumergido y el borracho inmortal

Durante el reinado del rey Gwyddno Garanhir, una tierra hermosa y fértil (Maes Gwyddno) yacía en lo que hoy es la costa de Gales Occidental. Esta tierra baja estaba protegida contra el mar por una serie de diques que contenían compuertas, las cuales estaban selladas durante la marea alta. Una noche, alrededor del año 600 d. C., durante una terrible tormenta, el vigilante a cargo de las defensas, un tal Seithennin, estuvo a la altura de su reputación de borracho. Mientras bebía mucho en la corte del rey Gwyddno, ahogando sus penas por su amor no correspondido por la hija del rey, se quedó dormido y no pudo atender las puertas. Durante la marea alta, el mar se extendió sin obstáculos, envolviendo la tierra y ahogando a la mayoría de los habitantes, incluido al propio Seithennin, que no en vano figura en la leyenda galesa como uno de los tres borrachos inmortales de la isla de Gran Bretaña. Hasta el día de hoy se dice que puedes escuchar las campanas de las iglesias en la tierra ahogada que resuenan desde debajo de las olas…

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Exista o no un reino sumergido en esta costa, lo que es un hecho es que yace un bosque mítico. De esto los arqueólogos galeses han sido conscientes por lo menos desde 2014. Y es que desde entonces, pequeños trozos de tronco han aparecido durante la marea baja, como producto de otras tormentas que han barrido con la arena.

Sin embargo, no fue sino hasta que llegó la tormenta Hannah que emergieron las raíces de los árboles milenarios de este bosque, cuya edad ronda los 5,000 años. Aun así, sobre Sunken Hundred sigue sin haber pista alguna. Pero sin duda, la historia estimula nuestra fantasía tanto como el poético emerger de estos árboles milenarios.



Joven artista pinta ojos sobre piedras (que luego devuelve al sitio donde las encontró)

Los transeúntes pueden sorprender la mirada vouyerista de estas piedras en su camino…

¿Te imaginas ir por el bosque o por la calle y de pronto sentir una mirada? ¿Y qué tal si voltearas y notaras que no hay nadie a tu alrededor? ¿Y si la mirada proviniera de una piedra? Eso te podría pasar si estas de paseo por Queenstown, una ciudad en Tasmania. Y es que en esta isla australiana vive una joven artista que dedica parte de su tiempo creativo a pintar ojos hiperrealistas sobre piedras, las cuales luego regresa al sitio donde las encontró.

Jennifer Allnutt pinta penetrantes y realistas miradas –todas con una expresión específica– sobre las piedras que encuentra en su ciudad natal, en la cual la actividad minera ha dejado un tipo de piedra que funciona perfectamente como lienzo. En este original juego, que oscila entre pintura y performance, esta artista ha encontrado la manera perfecta de dar a conocer parte de su obra. Y nos demuestra de manera preciosa cómo debe ser la labor del artista: despreocupada, desprendida, siempre aspirando a generar asombro y a develar lo real. Porque como dijera el pintor Paul Klee, el arte no reproduce lo visible: lo hace visible.

Así, a través de los ojos que pinta Allnutt podemos develar la realidad y hasta vernos a nosotros mismos. Pero ya que parece improbable que te encuentres uno de estos tesoros oculares, aquí te dejamos algunas fotos del trabajo hiperrealista de esta pintora, cuyos trabajos puedes ver también en Instagram.

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Este cortometraje muestra los peligros de nuestra obsesión con la productividad

En “Merger”, una contadora toma la decisión de integrarse a un sistema de inteligencia artificial.

La productividad es una obsesión de nuestros días, al grado de que puede tomar el lugar de una filosofía o una religión en la vida de algunas personas. Esto amenaza con deshumanizar el trabajo y a quienes lo realizan, limitando no solo sus prestaciones laborales, sino tomando el control total de sus vidas para que estén siempre disponibles para trabajar.

Merger [integración o fusión], el cortometraje de cuatro minutos es obra de Keiichi Matsuda, un arquitecto y diseñador que construyó una estación de trabajo basada en extraer la máxima productividad de los operadores, hasta hacerlos parte del sistema operativo.

Filmado en 360 grados, el corto muestra un futuro distópico no muy lejano. Los algoritmos se han vuelto tan efectivos para dirigir las empresas que poco a poco la gente se integra y se hace uno con la inteligencia artificial (IA).

Matsuda busca abrir perspectivas sobre la obsesión actual con la productividad, la eficiencia y otros conceptos que “deshumanizan” el trabajo, de cara a una automatización total de la productividad. No se trata de estar en contra del progreso tecnológico, sino de que este no se convierta en el único motor de la sociedad.

“Necesitamos reestructurar nuestra sociedad de una manera más radical, donde la automatización se convierta en una ventaja y no en una amenaza.”

El peligro de Skynet (que en la saga Terminator es una inteligencia artificial que lleva a los humanos al borde de la extinción) toma un rostro mucho más amable: los impersonales algoritmos, a quienes no se puede amar ni odiar. Por otra parte, dejar la producción en manos de algoritmos e IA no sería una mala idea, siempre y cuando replanteemos la idea de trabajo y consigamos un ingreso básico universal sin condiciones para todos.

La robotización del trabajo

Y es que, durante el último siglo, el trabajo ha sufrido un proceso de automatización gradual, en la que sistemas eléctricos de mayor o menor complejidad reemplazan al trabajo humano –muchas veces haciéndolo más rápido, más eficiente, o simplemente más seguro.

La mujer que aparece en Merger está literalmente inmersa en su trabajo: su escritorio muestra simultáneamente a todos sus clientes, y sus rutinas están rigurosamente trazadas para que no pierda un minuto en actividades que no sean esenciales para el trabajo (como comer o tener vida social).

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Imagina un mundo donde no puedas diferenciar tu vida real de tu trabajo… WAIT (imagen: Keiichi Matsuda)

Aunque breve, este filme es sumamente efectivo y visualmente estimulante. Por momentos recuerda la sensación de las primeras temporadas de Black Mirror, cuando los futuros distópicos se parecían de manera aterradora a nuestro presente. Otra referencia puede ser la película de culto Soylent Green, en la que (SPOILER) los cuerpos de las personas al morir son reutilizados como comida para dar de comer a los obreros.

No está demás recordarnos que Bertrand Russell, ese gran crítico de la productividad, afirmó que “El sabio uso del ocio es un producto de la civilización y de la educación”. Hay mucho más en la vida que solo trabajo.