Bolsas de plástico biodegradable, ¿realmente se degradan?

¿Las bolsas de plástico biodegradable son verdaderas alternativas, o únicamente paliativos?

Cualquier producto que se reclame ecológico tiene que seguir el ciclo natural de la vida. Esto significa que debe poder degradarse y servir, en dicho proceso, a la manutención de los ecosistemas. En teoría, nuestras necesidades deberían poder satisfacerse con productos que se apegaran lo más posible a este ciclo.

Lamentablemente, un día se inventó el plástico…

El plástico, un polímero derivado del petróleo, es uno de los más desafortunados inventos humanos. No sólo nos ha hecho adictos a la modalidad del “usa y tira”, sino que está lejos de ser biodegradable, ya que el petróleo se degrada sólo a muy altas temperaturas y, al hacerlo, contamina la atmósfera. Sumado a esto, la mayoría del plástico es casi imposible de reciclar, lo que lo ha hecho uno de los peores contaminantes sobre la faz de la Tierra. Y es que este chocante material se encuentra incluso en lo que comemos y en el aire que respiramos.

 

¿Y las bolsas de plástico biodegradable?

Existen diversos tipos de bolsas de plástico biodegradable. Entre ellas, las más populares son tres, y éstas son sus características, según Greenpeace España:

 

Bolsas de plástico biodegradable

Están compuestas por material vegetal, pero la mayoría siguen conteniendo plástico en grandes cantidades. […] no se degradan, porque en el medio marino no se dan las condiciones para que esto pase. 

 

Bolsas de plástico oxodegradable

Nunca vas a saber si la bolsa que te dan o te cobran es de este tipo, porque son ligeras o gruesas y no tienen un sello distintivo. La diferencia es que llevan incorporados aditivos oxidantes que aceleran su fragmentación una vez están en un vertedero o en el medioambiente. 

 

Bolsas de plástico compostable

Estas bolsas pueden ser ligeras o muy ligeras y deben llevar el sello de OK compost. Las bolsas compostables pueden seguir llevando plástico y sólo se degradan en condiciones de altas temperaturas (hasta 70ºC) y aireación. Al no degradarse en el medioambiente, ya que esas condiciones no se dan en la naturaleza, tienen que ir a plantas de tratamiento específicas. 

 

¿Cuál es la diferencia con las bolsas de plástico regulares?

Una bolsa de plástico que no entre en estas categorías tiene una vida útil de unos cuantos minutos o, si acaso, algunas horas, y menos de 7% llegan a reciclarse, según Vida Sostenible. En el caso de ser tirada al océano –y si es que no se convierte en alimento de alguna criatura marina–, una bolsa de plástico puede tardar 100 años en desintegrarse, según Infographic Journal. Pero no se degrada, pues para ello necesita luz solar y muchos años más.

En cambio, las bolsas de plástico biodegradable se rompen en moléculas simples, devolviendo el carbón atrapado en el plástico al ciclo natural de dicho elemento. Pero antes de confiar a estas bolsas nuestra cultura del desperdicio, tenemos que saber que el proceso de la biodegradación no es tan simple. Y más ahora que, ante la prohibición del plástico en más de 10 estados de México, el uso de bolsas de plástico biodegradable ha quedado plasmado incluso en la ley como una alternativa real–como es el caso de Veracruz–.

 

¿Qué es lo biodegradable?

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El plástico biodegradable entra en la primera categoría. Se degrada en presencia de ciertas bacterias gracias a que se le añaden compuestos para que ello suceda. El problema es que dichas bacterias no están presentes en todos los ecosistemas, ni mucho menos en el océano.

También hay algunos plásticos llamados “biodegradables”, pero que en rigor no lo son, porque no dependen de procesos naturales. Estos plásticos requieren de otras condiciones, como en el caso de los “oxodegradables”, que necesitan oxígeno, pero que en los vertederos, donde no prima este elemento, necesitan la aplicación de gas metano para degradarse, lo que contribuye al cambio climático. Por eso, la Unión Europea ha buscado su prohibición, argumentando que no se degradan realmente, sino que se convierten en microplásticos.

Por si fuera poco, este y otros tipos de plásticos biodegradables necesitan ser recolectados para poder ser reciclados… ¿Qué ocurre cuando son tirados a los ecosistemas? Esa es otra de las razones por las que la Unión Europea insiste en que los plásticos biodegradables no son la salida al problema de contaminación masiva que implica el plástico.

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Algunos estudios, como uno realizado por la American Chemical Society en 2015, han comprobado que los aditivos añadidos al plástico para hacerlo biodegradable no son amigables con el medioambiente y no funcionan. Lo peor es que lo más común para hacer bolsas de plástico biodegradable es precisamente agregar estos aditivos, pero la bolsa sigue siendo de polietileno. Como comprobó una investigación de la Universidad de Hawái, este polímero, al degradarse –ojo, no biodegradarse–, libera metano y etileno, dos de los gases que más contribuyen al cambio climático.

Por su parte, en un estudio realizado por la Universidad de Plymouth se comprobó, a través de un experimento, que las bolsas supuestamente biodegradables que se entregan en los supermercados de Inglaterra permanecen casi intactas aunque pasen 3 años bajo tierra, mientras que las bolsas compostables sí desaparecen.

¿Conclusión? Las bolsas de plástico biodegradable
NO son la solución.

Las bolsas de plástico biodegradable siguen siendo de materiales sintéticos. Fomentan nuestra cultura del desperdicio y su proceso depende en exceso de las condiciones del medioambiente o de los procesos de recolección de basura. Por su parte, en la producción de las bolsas hechas de materiales compostables (aunque éstas sí se degradan) se requiere del uso de mucha energía, y estas bolsas pueden poner en peligro el equilibrio natural de los ecosistemas.

Como afirmó para El País el profesor de ecología Andrés Cózar:

El concepto ‘biodegradable’ incita al vertido de residuos en la naturaleza con la tranquilidad de que abonará la tierra. Pero si sobreabonamos una planta, la perdemos; y si sobreabonamos un ecosistema, también.

Las alternativas biodegradables sólo son un placebo ante la terrible adicción que hemos generado por el plástico, y el uso compulsivo que todos le damos. Es cierto que esto no es culpa sólo de los consumidores: el plástico fue una imposición de diversas industrias en su búsqueda por ahorrar dinero en procesos de envasado. No obstante, no hay solución más elocuente que la de dejar de depender de objetos de corta vida útil.

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Pero más allá de nuestras acciones individuales, es importante que los gobiernos de todo el mundo tomen esto en cuenta antes de proponer el uso de bolsas de plástico biodegradable en sus políticas ambientales. En el caso de México, puesto que vamos avanzando hacia la prohibición de plásticos en todo el país, sería un enorme retroceso promover el uso de bolsas de plástico biodegradable.



Joven artista pinta ojos sobre piedras (que luego devuelve al sitio donde las encontró)

Los transeúntes pueden sorprender la mirada vouyerista de estas piedras en su camino…

¿Te imaginas ir por el bosque o por la calle y de pronto sentir una mirada? ¿Y qué tal si voltearas y notaras que no hay nadie a tu alrededor? ¿Y si la mirada proviniera de una piedra? Eso te podría pasar si estas de paseo por Queenstown, una ciudad en Tasmania. Y es que en esta isla australiana vive una joven artista que dedica parte de su tiempo creativo a pintar ojos hiperrealistas sobre piedras, las cuales luego regresa al sitio donde las encontró.

Jennifer Allnutt pinta penetrantes y realistas miradas –todas con una expresión específica– sobre las piedras que encuentra en su ciudad natal, en la cual la actividad minera ha dejado un tipo de piedra que funciona perfectamente como lienzo. En este original juego, que oscila entre pintura y performance, esta artista ha encontrado la manera perfecta de dar a conocer parte de su obra. Y nos demuestra de manera preciosa cómo debe ser la labor del artista: despreocupada, desprendida, siempre aspirando a generar asombro y a develar lo real. Porque como dijera el pintor Paul Klee, el arte no reproduce lo visible: lo hace visible.

Así, a través de los ojos que pinta Allnutt podemos develar la realidad y hasta vernos a nosotros mismos. Pero ya que parece improbable que te encuentres uno de estos tesoros oculares, aquí te dejamos algunas fotos del trabajo hiperrealista de esta pintora, cuyos trabajos puedes ver también en Instagram.

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Este cortometraje muestra los peligros de nuestra obsesión con la productividad

En “Merger”, una contadora toma la decisión de integrarse a un sistema de inteligencia artificial.

La productividad es una obsesión de nuestros días, al grado de que puede tomar el lugar de una filosofía o una religión en la vida de algunas personas. Esto amenaza con deshumanizar el trabajo y a quienes lo realizan, limitando no solo sus prestaciones laborales, sino tomando el control total de sus vidas para que estén siempre disponibles para trabajar.

Merger [integración o fusión], el cortometraje de cuatro minutos es obra de Keiichi Matsuda, un arquitecto y diseñador que construyó una estación de trabajo basada en extraer la máxima productividad de los operadores, hasta hacerlos parte del sistema operativo.

Filmado en 360 grados, el corto muestra un futuro distópico no muy lejano. Los algoritmos se han vuelto tan efectivos para dirigir las empresas que poco a poco la gente se integra y se hace uno con la inteligencia artificial (IA).

Matsuda busca abrir perspectivas sobre la obsesión actual con la productividad, la eficiencia y otros conceptos que “deshumanizan” el trabajo, de cara a una automatización total de la productividad. No se trata de estar en contra del progreso tecnológico, sino de que este no se convierta en el único motor de la sociedad.

“Necesitamos reestructurar nuestra sociedad de una manera más radical, donde la automatización se convierta en una ventaja y no en una amenaza.”

El peligro de Skynet (que en la saga Terminator es una inteligencia artificial que lleva a los humanos al borde de la extinción) toma un rostro mucho más amable: los impersonales algoritmos, a quienes no se puede amar ni odiar. Por otra parte, dejar la producción en manos de algoritmos e IA no sería una mala idea, siempre y cuando replanteemos la idea de trabajo y consigamos un ingreso básico universal sin condiciones para todos.

La robotización del trabajo

Y es que, durante el último siglo, el trabajo ha sufrido un proceso de automatización gradual, en la que sistemas eléctricos de mayor o menor complejidad reemplazan al trabajo humano –muchas veces haciéndolo más rápido, más eficiente, o simplemente más seguro.

La mujer que aparece en Merger está literalmente inmersa en su trabajo: su escritorio muestra simultáneamente a todos sus clientes, y sus rutinas están rigurosamente trazadas para que no pierda un minuto en actividades que no sean esenciales para el trabajo (como comer o tener vida social).

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Imagina un mundo donde no puedas diferenciar tu vida real de tu trabajo… WAIT (imagen: Keiichi Matsuda)

Aunque breve, este filme es sumamente efectivo y visualmente estimulante. Por momentos recuerda la sensación de las primeras temporadas de Black Mirror, cuando los futuros distópicos se parecían de manera aterradora a nuestro presente. Otra referencia puede ser la película de culto Soylent Green, en la que (SPOILER) los cuerpos de las personas al morir son reutilizados como comida para dar de comer a los obreros.

No está demás recordarnos que Bertrand Russell, ese gran crítico de la productividad, afirmó que “El sabio uso del ocio es un producto de la civilización y de la educación”. Hay mucho más en la vida que solo trabajo.