Menos diversidad, más desconcierto ambiental

Ante la pérdida de la biodiversidad cualquier acción, por más pequeña que sea, puede generar un cambio.

* por: Sofía Mateus

 

La alarmante noticia que recibimos hace unos días sobre aquellas especies que han desaparecido debido a diferentes factores como el cambio climático o el tráfico ilegal de animales o plantas exóticas, ha hecho que muchas organizaciones sin fines de lucro e incluso activistas ambientales alcen su voz en contra de la extinción de estas especies que son importantes para nuestra existencia.

Por ejemplo, el oso de anteojos es una especie de oso andino que habita en la cordillera de los Andes y su función principal es esparcir las semillas del frailejón en los ecosistemas de páramo. Este método de polinización es muy importante para las personas que habitan cerca de estos ecosistemas, ya que de allí obtienen agua dulce para subsanar sus necesidades básicas diarias.

Es por esta razón que la biodiversidad ha jugado un papel importante en todo el mundo. Ya sea con la creación de áreas protegidas o con la formulación de estrategias para conservar aquellas áreas que son catalogadas como ecosistemas estratégicos, se busca garantizar una armonía entre el ser humano y la naturaleza. Pero el principio 1 de la Declaración de Río no ve el vivir en armonía como un requisito, sino como un derecho:

Los seres humanos (…) tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza.

Esto significa que la humanidad no ha “sido capaz de verse a sí misma como una parte integral de la Naturaleza”. Por lo que nuestra supervivencia “depende de elecciones sabias sobre cómo coexistir con la Madre Tierra”.

En otras palabras, ecosistemas como el bosque húmedo del Amazonas, el desierto del Sahara o los humedales RAMSAR, están conectados entre sí debido a que las sinergias naturales como las fuertes lluvias, sequías, terremotos, ciclones y demás fenómenos naturales, se regulan entre sí cuando los ecosistemas están en equilibrio. Sin embargo, esta conexión no es sólo entre la misma biodiversidad, sino que el ser humano ha generado una conexión con la naturaleza, ya que de ella obtenemos una gran variedad de servicios ecosistémicos, como materia prima para la producción de alimentos o medicamentos.

Pero desafortunadamente no logramos visualizar esta conexión y su importancia, ya que cada generación ha sido educada de una manera diferente y como consecuencia, actuamos de maneras diferentes. Pero no se trata de juzgar acciones sino de entender la incidencia que tienen nuestras decisiones para reducir nuestro impacto ambiental. Es por esto que todavía hay esperanza. Gracias al compromiso de la sociedad civil por hacer algo, se han podido crear espacios de participación ciudadana en donde diferentes actores no estatales debaten sobre la importancia de incluir a los jóvenes, comunidades indígenas, campesinos y afrodescendientes, entre otros, en la toma de decisiones para garantizar de esta manera una sostenibilidad ambiental real, que abarque todas las necesidades y puntos de vista de la sociedad.

Para finalizar, los invito a evaluar sus convicciones ambientales y de manera honesta tomar una decisión, no hay respuestas verdaderas o erróneas. Simplemente, pensemos en las consecuencias de nuestras acciones y la manera como éstas han afectado a la biodiversidad. De igual forma, los invito a ser parte de grupos ambientales y realizar trabajo de voluntariado para replicar así las buenas acciones, que sin importar cuán pequeñas sean, siempre van a generar un gran cambio

Eco Maxei
Autor: Eco Maxei
Eco Maxei Querétaro AC es una organización sin fines de lucro cuya misión es fomentar la coexistencia armónica entre las personas y con la naturaleza. Somos una organización multidisciplinaria, fundada e integrada por jóvenes agentes de cambio desde 2014.


De la biodiversidad depende lo que comes (y de lo que comes depende la biodiversidad)

Una dialéctica de la naturaleza para comprender por qué es urgente defender la biodiversidad.

Todo esta interconectado: la vida se sustenta en los intercambios que día a día se realizan entre las 1,4 millones de especies vegetales y animales que poblamos la Tierra. Ya sea entre peces y aves, entre aves e insectos o entre insectos y flores… todos tenemos una relación de dependencia mutua, porque la naturaleza es un gran organismo vivo. Y eso es la biodiversidad.

De este delicado equilibrio depende una de las cuestiones clave de la vida:
la alimentación.

Mucho hemos oído hablar sobre la cadena trófica o cadena alimenticia, y normalmente la concebimos como un proceso que sucede en un ecosistema dado. No obstante, si pensamos a la naturaleza como un gran todo holístico, también podemos pensar que el planeta entero tiene su propia gran cadena trófica. Esta cadena vendría siendo la biodiversidad total de planeta, de la cual depende también nuestra alimentación. Así que también depende de ello nuestra cultura, pues mucho de ella se sustenta en la variedad alimenticia.

La biodiversidad es clave para la agricultura y la producción de alimentos.
Por lo tanto, también lo es para nuestra cultura.

Si de la biodiversidad depende nuestra alimentación, eso quiere decir que de nuestra alimentación también depende la biodiversidad. Sería muy arrogante pensar que nosotros estamos fuera de esta gran cadena trófica que une a todas las especies. No hay mejor ejemplo de ello que los cultivos de arroz. Porque los arrozales, según ha podido comprobar la FAO, son un microcosmos de vida. Ahí se han encontrado 700 especies de insectos y otros organismos.

Así que no somos sólo un mal para el planeta, siempre y cuando la agricultura como práctica no se entrometa con los ciclos de la naturaleza –algo que, lamentablemente, ocurre cada vez con más frecuencia–. Pero en la dialéctica que supone la biodiversidad, nosotros también somos necesarios. Si queremos conservar esta cadena trófica funcionando y seguir nutriéndonos como es necesario, defender la biodiversidad es un imperativo.

 

¿Qué está poniendo en riesgo a la biodiversidad?

El alto consumo de carne

Según la WWF, los cultivos para alimentar al ganado dañan el ecosistema. Esto ha ocasionado la extinción de más de 30 especies en el mundo. Es por ello que comer menos carne verdaderamente salva especies y ecosistemas. Por lo tanto, es una forma de proteger la biodiversidad y asegurar nuestra alimentación, que no debe basarse en la proteína animal.

 

La modificación genética

La tecnología genética pretende adueñarse de la naturaleza, e incluso de sus bases más profundas. Y por si eso no fuese suficiente motivo de indignación, hay que agregar que a dicho crimen, se suma el hecho de que los transgénicos son una sentencia de muerte para cientos de cultivos. Entre ellos las 64 razas de maíz que hay en México, ya que el maíz modificado es capaz de matar y sustituir a las especies nativas para siempre.

Por eso es muy importante evadir a toda costa los transgénicos. Comprar orgánico es la mejor forma de hacerlo, y de paso le estaremos haciendo un bien a nuestro organismo.

 

El uso desmedido de pesticidas químicos

La ONU ha sido tajante: los pesticidas son catastróficos para el ambiente, para la salud humana y para la sociedad. Los pesticidas sólo han provocado colapsos en miles de cultivos alrededor del mundo, ya que matan indiscriminadamente a toda la población de insectos en los cultivos, incluso a aquellos que son necesarios para la salud de las plantas y la tierra. Además, contaminan los ecosistemas más allá de las granjas, desestabilizándolos por completo.

 

La poca variación en lo que comemos

Según la FAO, sólo 14 especies de mamíferos y aves componen el 90% del suministro de alimentos de origen animal que consumen las personas. Y apenas cuatro especies –el trigo, el maíz, el arroz y las patatas– proporcionan la mitad de la energía que obtenemos de las plantas. Estas prácticas, al no promover la diversidad genética, pueden provocar colapsos ambientales a mediano plazo, algunos de los cuales ya se han dejado sentir.

Por eso es importante variar lo más posible nuestra propia dieta y, sobre todo, incluir insectos en ella. Entre otras cosas, los insectos son el alimento del futuro por ser de gran ayuda para conservar la biodiversidad.

Un planeta biodiverso es un planeta donde todos los seres vivos podemos alimentarnos dignamente.

 

* Imágenes: 1) BiodiversidadLA; 2) Madras Courier; 3) Neil Palmer



Mexicanas solicitan convertir Bacalar en Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO

La Laguna de Bacalar, también conocida como la Laguna de los 7 colores, se encuentra al sur del estado de Yucatán –a unos 40 km al norte de la capital–.

Con el fin de preservar los recursos naturales del estado de Quintana Roo, la Asociación Una Luz para mi País propone que se agregue La Laguna de Bacalar a la lista de lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Para la presidenta de la asociación Lic. Tania Sol Portillo y la coordinación de proyectos Magdalena Alva G., esta demanda se enfoca en que los proyectos turísticos, culturales y de desarrollo de la región sean “coordinados y supervisados de tal manera que se cuiden y preserven para ésta y las futuras generaciones los recursos naturales endémicos de la Laguna de Bacalar.”

La Laguna de Bacalar, también conocida como la Laguna de los 7 colores, se encuentra al sur del estado de Yucatán –a unos 40 km al norte de la capital–. Es uno de los pocos cuerpos de agua superficial permanente de la península, la cual posee un suelo calcáreo que no permite la retención superficial del líquido pero sí las formaciones de estromatolitos. La idea del proyecto entonces es proteger este ecosistema endémico de México así como la cultura ancestral maya que continúa habitando en la región. 

Las encargadas de la Asociación Una luz para mi País explican que, de acuerdo con la investigación realizada por Hugo Beraldi del Instituto de Geología de la UNAM, la difusión de la existencia de los estromatolitos fomentará su protección como parte de la “evidencia de vida más antigua que se conoce en la Tierra, [pues] forman parte del registro fósil más importante de la vida microbiológica temprana, y son organismos que han mantenido hasta hoy su línea evolutiva.” El espacio místico de Bacalar es “evidencia de ciclos biogeoquímicos antiguos, el ciclo del carbono en los procesos atmosféricos”, pues son “los primeros oxigenadores de la atmósfera y son los primeros formadores de zonas arrecifales.” 

Por estas razones, la explotación no regulada de la laguna de Bacalar como uno de los nuevos hot spots turísticos de zonas arrecifales implica daños permanentes en los mismos, en el uso indebido de lanchas y un acercamiento no regulado a recursos que son fuentes de creación de oxígeno y que proveen una limpieza atmosférica a la región. Sin mencionar además el impacto negativo en el ecosistema estromatolítico, el cual “implicaría la construcción de múltiples palafitos sobre la superficie de la laguna.”

En palabras de la Asociación Una Luz para mi País,

Dada esta condición de la laguna consideramos que es sumamente importante cuidar el ecosistema de la misma y evitar a toda costa la depredación y contaminación, llevando a cabo proyectos ecoturísticos coordinados y supervisados por las instancias estatales y municipales con apoyo de organismos internacionales como la UNESCO, elaborando estudios de impacto ambiental en busca de desarrollar la región. Sabemos la necesidad que tiene la misma de mejorar el nivel de vida de los habitantes y que el atraer inversión a la zona, detonará el crecimiento y desarrollo.

Aclaremos que en ningún momento nos oponemos a la inversión y desarrollo, sino que pedimos que todos y cada uno de los proyectos que detonen el mismo, se enfoquen en ser proyectos sustentables, ecológicos y culturales, que permitan la integración de los habitantes del municipio, por lo que se requiere de tener una población capacitada para poder recibir como se debe a los  turistas internacionales que buscan turismo ecológico, sustentable y cultural.

Para apoyar a esta asociación con convertir a Bacalar en Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, puedes darle click aquí y firmar su petición en la plataforma Change.org