Antes de la música, y mucho antes de los sonidos de motores, turbinas y estridencia industrial y superficial ahora tan comunes, el paisaje sonoro se componía de canturreos, sigilosos caudales y otros cientos de sonidos provenientes de los ecosistemas naturales. Eso era a lo que el oído humano estaba acostumbrado.

Ahora se sabe que esos sonidos primigenios son realmente beneficiosos para el organismo, pero poco se ha hablado de las razones científicas que fundamentan por qué, por ejemplo, el canto de un pájaro o el sonido de la brisa entre los árboles resultan tan deliciosos y estimulantes para el organismo humano.

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Aun escuchándolos desde un reproductor de sonido, los sonidos naturales tienen la capacidad de curar nuestro espíritu y relajar nuestra mente casi al instante.

Según un estudio reciente, publicado en Scientific Reports, estos sonidos alteran las conexiones neuronales de nuestro cerebro, lo cual promueve una reducción significativa de la tensión en el cuerpo.

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Los participantes escucharon a intervalos series de 5 minutos de sonidos naturales, así como de paisajes sonoros producidos por el hombre. Durante cada fase debían realizar pruebas para medir su atención y su tiempo de reacción, mientras que su actividad cerebral y su ritmo cardíaco eran monitoreados en busca de cambios.

Los científicos a cargo de la investigación encontraron que el estado de atención del cerebro y los procesos del sistema nervioso central variaban considerablemente según el paisaje sonoro que los participantes escucharan.

Los sonidos naturales ayudaban a promover una “atención externa”, mientras que los sonidos urbanos provocaban la excitación de la “atención interna”.

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La atención interna no es mala per se, pues, por ejemplo, es aquella que se consigue mediante la meditación consciente. Pero en condiciones de excesivo ruido urbano puede resultar contraproducente, llevándonos a estados de ensimismamiento, ansiedad y preocupación.

En cambio, la tranquilidad de los paisajes sonoros naturales parece activar una “atención externa” positiva: un enfoque del cerebro en los sonidos naturales que nos sintoniza con el exterior de manera relajante, y que además ayuda a nuestra concentración y potencia nuestras habilidades motrices.

Por si fuera poco, los sonidos naturales activan el sistema nervioso parasimpático, que ayuda a restablecer la energía corporal. Y como se comprobó en el estudio, quienes estaban más estresados consiguieron relajarse más rápidamente con los sonidos naturales, lo que comprueba que éstos son una terapia eficaz y contundente incluso en aquellos que manejan altos niveles de estrés.

Así que acerca la naturaleza a tu oído; déjate envolver por sus sonidos, ya sea escapándote al bosque cada fin de semana, o escuchando increíbles álbumes como Environments, una colección de 22 paisajes sonoros recopilados por Irv Teibel y que están disponibles en iTunes.

La naturaleza está ahí. Sólo tienes que escucharla.

 

Escucha más sonidos ambientales en este mapa interactivo.

 

 

* Imágenes: 1) Caitlin Worthington, edición Ecoosfera; 2) CC edición Ecoosfera; 3) CC