15 beneficios universales de beber agua tibia (y no sólo en ayunas)

Tomar agua tibia no es un remedio milagroso sino, simplemente, un buen hábito.

Las tradiciones medicinales varían en todo el mundo: existen cientos de miles de conocimientos asociados a esta práctica, que parten de métodos –y hasta concepciones del mundo– muy distintos. No obstante, a veces algo tan simple como el hábito de beber agua tibia puede ser un remedio universal.

Tanto la medicina tradicional china como la ayurvédica de la India recomiendan beber agua tibia por sus múltiples beneficios. Y no sólo en ayunas, sino durante todo el día.

No se trata de un remedio milagroso. Beber agua tibia es algo que debemos hacer para evitar que nuestros vasos sanguíneos se compriman, lo que dificulta la digestión y la hidratación, y que es precisamente lo que ocurre cuando bebemos agua fría. Esto, según un estudio publicado en el European Journal of Pharmaceutical and Medical Research.

Además, el agua fría desgasta al cuerpo, que tiene que regular la temperatura tras la ingesta, y crea un exceso de mucosidad que puede interrumpir las funciones del sistema inmune.

Así que beber agua tibia –no caliente–, ya sea en ayunas o durante el día, no sólo es un buen hábito por las razones que te expondremos a continuación, sino porque te ayudará a evitar el agua fría. No se trata de un remedio milagroso sino, simplemente, de un buen hábito –y las medicinas tradicionales y sus practicantes lo saben–.

 

15 beneficios universales de beber agua tibia

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1. Acelera el metabolismo

Durante la noche, el metabolismo se ralentiza para promover el descanso. Al despertar, tomar agua tibia ayuda a reactivarlo más rápidamente, lo que favorece que se acelere por más tiempo y se mantenga así a lo largo del día.

 

2. Reduce las toxinas

El sistema endocrino del cuerpo se activa con el agua tibia –que es el proceso que nos hace sudar–, lo que contribuye a que liberemos toxinas.

 

3. Limpia el tracto digestivo

El agua fría promueve que los depósitos de grasa se solidifiquen, mientras que el agua tibia ayuda a que se disuelvan, manteniendo el tracto digestivo limpio.

 

4. Purifica la sangre

Las toxinas circulan por la sangre. Por eso, según la medicina ayurvédica, el agua debe beberse tibia y en recipientes de cobre para que tenga un efecto purificador. No hay estudios científicos al respecto, pero es sabido que el cobre purifica la sangre, razón por la cual existe una amplia gama de recipientes hechos de este metal.

 

5. Hidrata

Contrario a lo que puede parecer, el agua tibia también hidrata, sólo que no es tan “refrescante” como el agua al tiempo o fría. Además, tomarla en ayunas te ayuda a alcanzar la meta diaria que necesites en cuanto a consumo de agua.

 

6. Mejora la circulación

El agua tibia descompone las acumulaciones de todo tipo en las arterias, mejorando así la circulación sanguínea.

 

7. Ayuda a evitar el estreñimiento

La constipación estomacal suele presentarse por falta de agua en el organismo. Tomar agua tibia contribuye a hidratar el organismo desde primera hora, lo que evitará el estreñimiento.

 

8. Facilita la evacuación

Ya que promueve el movimiento del intestino, puede favorecer la evacuación a los pocos minutos de tomar agua en la mañana. Evacuar a primera hora de la mañana es lo mejor, pues otras actividades del organismo a lo largo del día pueden dificultar esta importante tarea cotidiana.

 

9. Puede promover la perdida de peso

Tomar agua tibia en ayunas y con limón no es un remedio milagroso, pero puede contribuir a la pérdida de peso, ya que procura una sensación de saciedad que lleva a consumir menos alimentos en la mañana. Además, como ya dijimos, activa el metabolismo, que se alenta durante la noche.

 

10. Detiene el envejecimiento prematuro

El envejecimiento prematuro se debe a la presencia de toxinas en el cuerpo, pero el agua tibia puede ayudar a limpiar el cuerpo de esas toxinas, mientras repara las células de la piel para aumentar la elasticidad.

 

11. Elimina el acné

Gracias a su efecto detox, el agua tibia contribuye a mejorar el aspecto de la piel y a eliminar el acné y las espinillas causadas por las toxinas encerradas en los poros, así como por el exceso de grasa.

 

12. Mantiene el cabello fuerte y saludable

El cuero cabelludo es parte de la piel –nuestro órgano más grande–, y es donde se forman ramificaciones de vasos sanguíneos. Mantener hidratado el cuerpo ayuda a que esta parte de la piel y estos vasos sanguíneos se mantengan saludables y hagan crecer cabello fuerte y sin caspa.

 

13. Alivia el dolor

Puede ser un auxiliar en el alivio del dolor causado por la menstruación o los dolores de cabeza, pues relaja los músculos y, como ya dijimos, también permite una mejor circulación.

 

14. Relaja al organismo

Al promover un mejor funcionamiento del organismo y darnos un momento de relajación al consumirla, el agua tibia ayuda a calmar el sistema nervioso, lo que nos puede ahorrar mucho estrés a lo largo del día.

 

15. Promueve un mejor humor

Para la medicina china, beber agua caliente relaja y activa el chi, la energía vital. A su manera, la ciencia lo ha comprobado: de acuerdo con un estudio publicado en Science, experimentar algo tibio físicamente ayuda a promover una tibieza interpersonal que tiene una gran influencia en el humor, haciéndonos más generosos.



La realidad no existe a nivel cuántico (¿alguna duda de que todo es una creación colectiva?)

Una investigación reciente comprobó que no hay tal cosa como “hechos objetivos”, ni en la ciencia ni en la vida.

Hace no mucho tiempo, una adolescente llamada Hillary Diane Andales ganó un premio por la manera en la que explicó, en una cátedra virtual de sólo 3 minutos, la teoría de la relatividad. La cuestión no sólo sorprende porque una jóven sea capaz de entender y dar a entender a otros algo tan complejo, sino porque su explicación parte de algo muy sencillo: la empatía.

Para entender la teoría de la relatividad, así como la mecánica cuántica, quizá no haya nada más eficaz que ser empático y saber ver a través de la mirada ajena. Eso es lo que hace la joven Andales cuando muestra cómo un 6 puede ser un 9 visto desde otra perspectiva. Pero si siguiéramos estrictamente esta línea, entonces la conclusión inevitable sería que la ciencia no descansa tanto sobre hechos irrefutables como sobre diversas alternativas.

Así, podríamos pensar que un científico jamás puede comprobar un hecho objetivo en la soledad de su laboratorio. Más bien, la ciencia es una creación colectiva –en el más amplio sentido en que podamos concebir tal aseveración–, porque la realidad es un complejo sistema del que todo observador es parte.

…Y cada observador tendrá una visión diferente de aquello que percibe.

Entonces, ¿todos somos científicos? No exactamente. La cuestión está en que nadie –ni siquiera un científico– puede ostentar la verdad absoluta sobre ningún “hecho objetivo”, porque esa realidad que los científicos estudian es una creación colectiva que todos percibimos y modificamos constantemente. Esto ocurre también a nivel cuántico, lo que ha hecho a los físicos cuestionar la realidad en todos sus niveles.

También en Ecoosfera: Científicos y filósofos están de acuerdo en algo: la conciencia humana es una alucinación colectiva

Los hechos alternativos de la física cuántica

Físicos de la Universidad Heriot-Watt realizaron un estudio a nivel cuántico para demostrar que en la cuántica no hay hechos objetivos. Utilizando cuatro máquinas con sofisticadas habilidades de interpretación, así como partículas cuánticas de luz –fotones–, demostraron que la realidad no existe como tal, y que la forma que ésta adopta depende de cómo son percibidos los hechos por cada observador.

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La prueba consistió en que dos de las máquinas, llamadas Alice y Bob, recibían un fotón desde una central externa. Después debían interpretar el mensaje y enviar un fotón idéntico a las otras dos máquinas, Amy y Brian. Lo sorprendente fue que éstos últimos interpretaron el fotón de manera distinta que Alice y Bob, incluso pese a ser máquinas con un alto grado de precisión. A este estudio se suman otros, que han demostrado cómo los átomos sólo cumplen su conducta al ser observados. Así que esto va más allá de nosotros y de las máquinas: es una cuestión nanométrica que no puede sino llevarnos a cuestionar la realidad.

Pero entonces, ¿vivimos un mundo irreal y de posverdades?

Algunos neurocientíficos coinciden en que la realidad es una construcción de nuestro cerebro, es decir, de nuestra percepción y capacidades cognitivas que modelan el mundo. Pero filósofos contemporáneos han cuestionado tales aseveraciones, ya que esto nos llevaría a basar nuestra existencia en una vieja –y ya superada– premisa cartesiana: la de “pienso luego existo”. El filósofo Alva Noë, por ejemplo, cree más bien que la percepción es una dialéctica entre nuestro cerebro y nuestro entorno: una relación que transforma aquello que concebimos como real.

Quizá la cuántica se vea también regida por esta dialéctica, en cuyo caso no estaríamos atrapados en las “posverdades” contemporáneas, sino que estaríamos pensando el mundo –y la ciencia– desde un principio de empatía: de intersecciones, intercalaciones e imbricaciones invisibles, presentes en cada nanométrico movimiento vital tanto como en nuestra realidad aparente. Un mundo construido por cada visión y cada acción, pero en el cual si rigen algunas leyes –aunque jamás absolutas–. 

Que la realidad no existiese podría convertirse en una verdad universal, aunque tan frágil como cualquier hecho objetivo puede llegar a serlo en un mundo de múltiples verdades, donde los hechos no pueden disociarse de los procesos individuales y colectivos (o visibles y cuánticos).

 

*Imágenes: James R. Eads