Las ballenas jorobadas han tenido una larga carrera hacia el rescate de su población. En 1830 la especie contaba con alrededor de 27,000 ejemplares en el Atlántico suroccidental. Las aguas cálidas de Brasil las recibían para la etapa de apareamiento, y después las ballenas se dirigían a la Antártida durante los veranos.

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Estos impresionantes cetáceos gozaban de una gran estabilidad hasta que la industria de la caza de ballenas nació y creció durante el siglo XX. Poco a poco, los mares notaron la desaparición de esta enorme población. Para 1950 había solo 450 ballenas jorobadas, y desde ese momento la especia nunca más superó los 1,000 integrantes.

Por un momento nos podemos alejar del caos climático y apreciar el hecho de que las ballenas jorobadas están teniendo un resurgimiento. El futuro de las ballenas parecía terrible 6 años atrás.

De acuerdo con AP, en marzo de 2018 varios expertos habían expresado su preocupación por la desaparición de las ballenas jorobadas. En 2017 un total de 17 ballenas había muerto en Estados Unidos y Canadá y esto parecía anunciar el inicio del final de esta especie.

 

El resurgimiento de las ballenas jorobadas

No obstante, este año pareció llegar con buenas noticias. Según investigadores de CCS se ha logrado observar a un total de 219 ballenas jorobadas en el Atlántico Norte. Pero esto no sucedió naturalmente.

Por un lado, en 1986 entró en vigor una ley que hizo ilegal la caza comercial de ballenas. Asimismo, surgió una larga lista de nuevas acciones que regulan el comercio de ballenas, las protecciones gubernamentales y los santuarios.

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Los esfuerzos de conservación que se aplicaron de forma colectiva funcionaron, pues ahora un estudio estima que hay una población de alrededor de 25,000 ballenas. Esto no sólo es bueno para los cetáceos, sino para el planeta y la biodiversidad. Considerando que una ballena logra almacenar 33 toneladas de CO2, esto quiere decir que la población actual absorbe cerca de 813,780 toneladas de CO2. El beneficio para el planeta es enorme: hay menos acumulación de CO2 en la atmósfera y, por ende, menos calentamiento.

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El trabajo colectivo por la supervivencia de la biodiversidad

La esperanza que genera el aumento de estos cetáceos va más allá de mantener vivo a este majestuoso animal. Las ballenas jorobadas, como todos los animales, son clave para conservar el equilibrio de los ecosistemas del planeta.

“Este es un claro ejemplo de que, si hacemos lo correcto, la población se recuperará. Espero que sirva de ejemplo de que podemos hacer lo mismo con otras poblaciones de animales” – (Alexander Zerbini, autor del estudio).

Cada ballena jorobada es única, el patrón de manchas blancas y negras en la parte inferior de su cola es tan individual como una huella digital humana. Estos seres son magníficos, parte de nuestra vida en el planeta, en donde muchos animales enfrentan amenazas constantes inducidas por el ser humano.

Entre el ruido del océano, la contaminación química y plástica, las colisiones de barcos, las malas técnicas de redes de pesca, la mala gestión de la pesca, el cambio climático y la caza furtiva, el escenario es difícil para la vida marina.

Por esta razón, la recuperación de la ballena jorobada es nuestro ejemplo de cambio. Está comprobado que si los gobiernos se unen para proteger los océanos globales, la biodiversidad estará a salvo. Tenemos las herramientas y la ciencia, lo único que nos falta es voluntad política y acción social para impulsar la recuperación de la vida silvestre.

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