El ajolote es un ser simplemente maravilloso. Navega en la frontera entre la biología y la fantasía y, sin duda, ocupa un lugar muy especial en el imaginario mexicano. Quizá su característica más impactante es que los ajolotes son jóvenes por siempre. A diferencia de otros anfibios, estos misteriosos seres jamás completan el proceso de adultez y, en cambio, retienen sus características originales desde el nacimiento.

¿Qué más? Los ajolotes desarrollan pulmones sin perder sus branquias, y presumen un cuerpo híbrido que vive entre el agua y la tierra. En pocas palabras, son una curiosa excepción a las reglas de la naturaleza.

Hay algo en los ajolotes que se conecta con la experiencia humana. Casi nadie pasa limpiamente de la juventud a la adultez. El proceso de crecer es mucho más complejo: hay obstáculos y caminos que te llevan a lugares a los que nunca creíste llegar. Esta historia de crecimiento, con la que seguro puedes identificarte, se retrata en Chicuarotes, la nueva película dirigida por Gael García Bernal que se estrena en cines el 27 de junio.

Los protagonistas son dos chicos que, como los ajolotes, viven entre dos realidades: la de su pueblo, San Gregorio Atlapulco, en Xochimilco, y aquello que está afuera. Ellos también sueñan con una metamorfosis, a pesar de las dificultades propias de su realidad. Conoce más datos extraños sobre los ajolotes: mira lo similares que son a estos dos Chicuarotes y, de paso, a cualquiera de nosotros. A fin de cuentas el ajolote es, también, un precioso espejo de los mexicanos.

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