El autismo es una condición psíquica tan difícil de diagnosticar como de sobrellevar. Por un lado, el autismo abarca una amplia gama de síntomas y distintos grados de profundidad; por otro, es una condición que afecta la integración social de quien la padece, y sobre la cual pesan todo tipo de mitos.

En un estudio del 2017, la doctora Anna Remington, directora del Centre for Research in Autism and Education de Londres, entrevistó a 200 abogados para saber qué tanto sabían del autismo.

1/3 de los participantes relacionó el autismo con el incremento de violencia interpersonal.

Investigadores como Remington se están encargando de concientizar a la sociedad sobre ese tipo de falacias que pesan sobre el autismo, así como de generar nuevas perspectivas en torno a una condición que no revela una discapacidad, sino la asombrosa diversidad y complejidad del cerebro humano.

Se calcula que el 1% de los niños en México tiene autismo.

Según Remington, la ciencia se ha aproximado siempre de manera negativa al autismo. Es desde ese enfoque que se han propagado toda clase de prejuicios respecto a esta condición, lo que ha provocado la exclusión de los autistas de la sociedad y un constante maltrato hacia dicha comunidad.

Por eso, Remington y sus colegas se han concentrado en estudiar las habilidades del cerebro autista.

Aunque cada persona autista es un universo en sí misma, de acuerdo con esta investigadora “la mayoría de los autistas tienen una gran facilidad para procesar información o aprender sobre un tema en concreto”. Por eso se cree que muchos genios en la historia, como Charles Darwin, Albert Einstein y hasta Andy Warhol, padecían algún grado de autismo no diagnosticado, lo que los hacía ser creativos, propositivos y enfocados.

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El doctor Judith Gould, director de Eliot House, un centro líder en investigación de autismo, sugirió que el amor de Warhol por la repetición y ciertos patrones son un claro síntoma de autismo.

Además, como Remington ha podido descubrir, los autistas tienen una capacidad auditiva potenciada, lo que ella ha llamado una “ventaja sonora”, pues el cerebro autista puede procesar mejor la música gracias a la habilidad intuitiva que tienen para las cuentas.

Esa habilidad matemática siempre ha sido señalada como la razón de que los autistas sean malos para socializar, pues al enfocarse en cosas “banales”, se vuelven incapaces de relacionarse de manera “normal”. Pero bien enfocada su atención, los autistas pueden mejorar sus capacidades perceptivas y realizar mejor muchas tareas que las personas sin autismo.

Así que no sólo hay mucho que investigar sobre el maravilloso cerebro autista, sino muchos mitos que seguir desmontando para que esta condición no sea considerada una “discapacidad” sino una capacidad diversa y, en muchos sentidos, aumentada.

 

 

* Fotografía principal: Alison Scarpulla