La atención puede ser definida como el control voluntario de las capacidades perceptivas humanas. Aunque muchos impulsos llamen tu atención a pesar de tu voluntad, la atención también consiste en ser capaz de controlar (al menos hasta cierto punto) a cuáles impulsos decidimos hacerles caso y a cuáles no. Sin embargo, en nuestros días, la atención también es un botín económico.

Desde que enciendes tu computadora o smartphone, cientos de anuncios compiten para llamar tu atención y recibir ese mágico “clic” antes de venderte algo. Incluso existen apps para ayudarte a mejorar la atención… ¿pero no serán distractores encubiertos? Por otra parte, controlar la atención también significa administrarla para evitar las distracciones que drenan nuestra energía -energía que podríamos aprovechar para alcanzar metas voluntariamente elegidas-.

 

Administración de la atención: entre la psicología y el caos

El primer paso para controlar nuestra atención consiste en reconocer que, en gran medida, no tenemos el control total sobre ella.

Comenzar tu día estableciendo una lista de prioridades puede ayudarte a administrar mejor tu tiempo y tu energía, recursos sumamente limitados que hay que aprovechar en tareas voluntarias. Para ello es necesario identificar los distractores internos y externos, y atenderlos por separado.

Maura Thomas define la administración de la atención como “un método deliberado que te devuelve el control”. Además, “practicar la administración de la atención significa luchar contra las distracciones y crear oportunidades a través del día para impulsar tus prioridades”.

 

Controla tu tecnología

Aunque utilizamos los aparatos tecnológicos como parte de nuestra vida laboral, debemos recordar que las pantallas son herramientas a nuestro servicio, y no al revés. Si te cuesta trabajo alejarte de las redes sociales pero tampoco quieres perderte de lo que ocurre en ellas, dedica algunos minutos del día específicamente para revisar tus redes y prueba con desactivar las notificaciones. De esta manera, sólo verás publicidad en el momento en que decides revisar tus redes sociales.

Controla tu ambiente

Si tu problema son las distracciones en el mundo presencial, es necesario poner límites y decidir cuándo estás disponible y cuándo no. Si trabajas en una oficina, usar audífonos puede enviar un mensaje no verbal de que tu atención está ocupada; si trabajas en casa o los miembros de tu familia te separan de tus ocupaciones, intenta hablar con ellos y llegar a un acuerdo para que puedas tener espacios libres de distracciones.

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Digamos que ya te ocupaste de los factores externos de distracción. ¿Qué hacer con tus ideas y pensamientos recurrentes? ¿Con tus emociones y tu angustia?

 

Controla tu comportamiento

Poner atención en lo que haces, en vez de lamentarte por no hacer lo que quisieras hacer, es un paso para controlar tu comportamiento. Anotar en un diario las acciones que de hecho realizaste, y no lo que quisiste hacer, podría ayudarte a llevar un registro de qué es lo que haces efectivamente con tu tiempo.

Una vez que te has hecho cargo de las distracciones externas, utiliza ese tiempo para concentrarte en una sola tarea a la vez. Y no, el multitasking no existe. Thomas sugiere pasar al menos 1 hora al día lejos de cualquier pantalla o dispositivo electrónico. Intenta hacerlo primero durante 15 minutos, luego durante 1 hora o incluso más si te es posible.

 

Controla tus ideas

Aunque estuviéramos en una isla, siempre vamos a tener que hacernos cargo de nuestras ideas y pensamientos recurrentes. En lugar de enojarte contigo mismo porque tu mente está distraída, procura reconocer el hecho de que está viajando de una idea a otra y luego intenta atraerla tranquilamente de regreso a la realidad. Hacer algunas respiraciones profundas puede ayudarte a enfocar tu atención en la tarea presente.

 

Avanza poco a poco y no te desanimes

Controlar tu atención tiene muchos beneficios concretos. Mejora tu productividad, te ayuda a ser más consciente de tu tiempo y de tu energía, y disminuye tus niveles de estrés. Pero recuerda que mejorar la calidad de tu atención, y en última medida controlarla, no es un proceso que puede cumplirse de la noche a la mañana. Avanza poco a poco y no te desanimes si te encuentras distraído al poco rato. Si has leído hasta aquí, felicidades: lograste mantener el control de tu atención durante un tiempo considerable.

Vas por buen camino.

 

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