En la víspera de la Navidad del año 1968, el astronauta Frank Borman tomaba fotografías de la superficie lunar en la primera expedición espacial tripulada de la historia. Según los registros de la NASA, Borman dijo: “Oh, Dios mío, miren esa imagen de allá. La Tierra está apareciendo”.

La primera imagen de la Tierra vista desde el espacio. ¿Qué sientes al observarla? (Imagen: NASA)

 

La fotografía de la Tierra vista desde la luna ofreció una perspectiva inédita de la unidad subyacente en la idea de planeta. Más allá de la idea del planeta como “hogar”, por primera vez tuvimos una verdadera vista del conjunto. Sí, ese pálido punto azul descrito por Carl Sagan somos nosotros, todxs al mismo tiempo.

Unos años antes de la histórica fotografía, el escritor Stewart Brand ingirió una sustancia alucinógena que le dio la intuición de poder notar la curvatura de la Tierra desde una azotea en la ciudad de San Francisco, California. Esa revelación, durante el estado alterado de conciencia que atravesaba, fue la mecha de una campaña llamada ¿Por qué todavía no hemos visto una fotografía completa de la Tierra?“.

A pesar de la prohibición del consumo de sustancias psicodélicas y enteógenas, las experiencias descritas por los psiconautas (los navegantes de la conciencia) son asombrosamente similares a las referidas por los astronautas. Los investigadores han llamado a esto efecto perspectiva, que puede definirse como la mutua interdependencia de todo lo que habita el planeta.

Astronautas y psiconautas tienen un atisbo de la conexión inherente de todo lo vivo. ¿Qué podemos aprender de sus experiencias?

 

 

Egos diminutos en un enorme mundo

En contraste con el efecto perspectiva, encontramos la preeminencia del ego y la construcción del individuo. Aunque el ego es una instancia psicológica importante, cuando dejamos que el ego se apodere de nosotros, nuestra perspectiva se constriñe y se retrae: nos sentimos desconectados de los demás y vagamos sin ser capaces de tomar en cuenta nada que esté más allá de nuestras propias narices.

En un momento como el que vivimos actualmente (en el cual la conexión e interrelación de los sistemas humanos con las formas de vida del planeta se encuentra en conflicto), la idea de individuos separados y atomizados es una amenaza a las acciones globales que es urgente realizar. No se trata de escapar hacia otros planetas, sino de encontrar las herramientas psicológicas y sociales que nos permitan seguir habitando éste.

El individuo sufre (aunque no sea consciente de su sufrimiento) al carecer de propósito visible. El consumo se vuelve un intento desesperado de llenar la necesidad de conexión. La soledad y la desesperación cobran vidas, incluso entre los más jóvenes, y las miradas perdidas se refugian en las pantallas, donde el individuo se disfraza con su propia fantasía y se ofrece para el consumo de los demás. En esa tarea, disolver el ego puede ser una experiencia renovadora que nos permita observar el mundo desde una perspectiva inédita y más completa, es decir, más allá de nuestra individualidad.

 

Numerosos estudios destacan los beneficios de la psilocibina para la salud mental.

 

Recuperar el sentido de conexión

A pesar del estigma ligado al consumo de “drogas”, las sustancias enteógenas y psicodélicas son objeto de numerosos estudios científicos que buscan no sólo prevenir riesgos y sugerir protocolos de consumo seguro, sino explorar los alcances y efectos positivos que pueda tener su uso. Desde cierta perspectiva, debemos suponer que la gente seguirá buscando consumir psilocibina en forma de hongos mágicos, así como otros enteógenos, pues es lo que los seres humanos han hecho desde hace miles de años. La pregunta es, ¿qué puede enseñarle a la sociedad la perspectiva privilegiada de quien sale del mundo y vuelve a él, ya sea en una nave espacial o en una sesión de enteógenos?

El reto actual es saber si su ingesta puede ayudarnos a encontrar una perspectiva global que impacte no sólo al individuo, sino a la relación de éste con la especie. Es decir, si los psicodélicos son capaces de enseñarnos caminos empáticos y comunitarios hacia formas de vida más armónicas.

Por ejemplo, un estudio mostró que la psilocibina redujo significativamente los síntomas de la depresión del 85% de los integrantes de un grupo de estudio. En otro estudio, el 94% de los participantes afirmaron sentirse más conectados al mundo que los rodea, y la misma cifra reportó sentirse más conectado con la gente a su alrededor, incluso pasado un año.

A su vez, más y más estudios ligan el consumo responsable de enteógenos con la “biofilia”, un término que describe la tendencia innata de los seres humanos a participar y a apreciar a la naturaleza y a las formas de vida. Estos cambios no ocurren solamente mientras dura la experiencia psicodélica, sino que en más de un tercio de los participantes, los efectos positivos permanecieron con ellos entre 8 y 16 meses después de la ingesta. 

El efecto perspectiva puede apreciarse en las descripciones subjetivas de los sujetos de estudio. Al igual que los astronautas, la experiencia encauza todos los sentidos de la persona y los sincroniza con la frecuencia de la vida, por decirlo de alguna manera.

“Yo era todos, la unidad, una vida con 6,000 millones de rostros…”

“Estaba nadando en el océano y el océano era yo”.

“Como si fuera Google Earth, había hecho zoom hacia afuera… Estaba absolutamente conectado conmigo mismo, con todas las cosas vivientes, con el universo”.

“Obtuve una perspectiva más amplia, di un paso de costado. Me ayudó a apreciar que el mundo es un lugar enorme”.

 

Ahora compara estas perspectivas con la del astronauta Edgar Mitchell del Apollo 14:

A medida que rotábamos, observé la Tierra, el sol, la luna y un panorama de 360 grados de los cielos. La magnificencia de todo esto resultó en un impacto en mi forma de ver. En sánscrito antiguo lo llaman Samadhi. Significa que ves las cosas a través de los sentidos tal y como son, las experimentas visceral e internamente como una unidad y conjunción acompañadas de éxtasis. Toda la materia de nuestro universo se crea en sistemas estelares, así que la materia de mi cuerpo, la materia de la nave espacial, la materia de los cuerpos de mis compañeros, era producto de las estrellas. Somos polvo de estrellas, y todos somos uno en ese sentido.

En momentos de gran oscuridad, es fácil imaginar que una “droga mágica” o un avance tecnológico pueda cambiar de la noche a la mañana nuestra perspectiva planetaria. Las sustancias psicodélicas, como cualquier medicamento, deben utilizarse con fines específicos y bajo supervisión médica. Sin embargo, resulta impactante la similitud entre los relatos de las experiencias de los astronautas y los psiconautas: asomarse a la grandeza del cosmos guarda semejanzas con asomarse al fondo de uno mismo. Y en esa ruta, probablemente podamos encontrar nuevas claves que nos ayuden a honrar y valorar la vida, de la que (consciente o inconscientemente) formamos parte.