Una colina en el hermoso valle de Jáiber en Pakistán resguarda una estructura con un gran significado. Lejos del revuelo de la gran ciudad, una pared de ladrillo rodea las rocas del imperio moral de Ashoka; una estructura de bondad que recuerda el valor que tiene ser bueno.

Sobre los cuatro pilares de ladrillo yace un simple techo. A su alrededor, una muralla evita que el viento y la lluvia desgasten las palabras inscritas en ella: “Hacer el bien es difícil, incluso comenzar a hacer el bien es difícil”.

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Viajando en el tiempo a través de las palabras encontramos a Ashoka Maurya, un emperador que gobernó uno de los imperios más grandes del sur de Asia del 268 a. C. al 234 a. C. Exactamente, esta frase tiene lugar en el quinto de los 14 llamados “edictos principales de rock” de Ashoka.

 

Los edictos de Ashoka y una sociedad ética

Esta es una antología de textos que se conformaron en torno a un proyecto ético que buscaba inspirar a personas de distintas religiones, regiones y generaciones a hacer el bien. El edicto número cinco es particularmente formativo: el corazón de este proyecto habla sobre la preocupación de traer a otros seres y sus posibilidades a un plano visible e importante.

Por ejemplo, los animales y la forma en que tratamos su vida. Estos seres están completamente fuera de nuestra percepción moral o política. Vemos a los animales como un objeto de consumo, como carne o como dadores de ciertos servicios.

Lo mismo ocurre con las persona que están en la cárcel, las cuales tarde o temprano dejan de ser consideradas por la sociedad porque no están precisamente a la vista de todos. Esta visión es aplicable a muchos seres del planeta. Sin embargo, Ashoka (en los mencionados edictos) sugiere que comencemos a rehabilitar nuestra imaginación y aprendamos a ver completos a todos estos seres.

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El objetivo es reintegrar a los elementos que forman parte fundamental de la sociedad. Todos somos parte de este planeta; por lo tanto, cada ser vivo requiere de un lugar seguro para prosperar y crecer. Esto quiere decir que debemos tener distintos tipos de lugares que se adapten a los diferentes tipos de seres vivos. Para Ashoka, esto es un simple reconocimiento de la interdependencia de cada ser y de que todos son sujetos como nosotros.

En este sentido, esta estructura en medio de la ciudad de Mansehra se levanta como un recordatorio de esta filosofía. Para Ashoka, la bondad consiste en lo que le debemos a los demás, en no dañar a los otros seres vivos, en tener un comportamiento adecuado y respeto por la interdependencia de otros.

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¿Cómo venerar la estructura de bondad de Ashoka y ser éticamente receptivos?

La bondad, aunque queramos aplicarla individualmente, no se lleva a cabo solo. En el mundo hay otros con quienes nos conectamos, nos relacionamos y crecemos. Entonces, ¿qué es necesario para conseguir y afianzar la bondad durante varias generaciones y de manera colectiva?

Ashoka piensa en el Estado, el cual considera que existe por el bien de la sociedad. Pero no como parte de una relación en la que el Estado controla a los “súbditos”, sino en una asimetría inherente en la que el gobernante tiene una deuda con el pueblo y esto crea un vínculo como el de un padre con sus hijos.

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El trabajo de los burócratas en la administración del Estado es garantizar el progreso ético o crecimiento de la bondad. Realmente, este es un proceso doble. Requiere tanto legislación externa como una internalización. Ashoka garantizó esto para su imperio mediante unas cuantas leyes promulgadas que promovían la bondad, acompañadas de una instrucción moral interna. El resultado, en todo caso, debe ser el éxito del bien.

Jawaharlal Nehru, el primero en ocupar el puesto de primer ministro en la India, una vez aseguró que “No habrá plena libertad en este país o en el mundo mientras haya un solo ser humano que no sea libre”. El hambre, la falta de vestimenta, del cumplimiento de necesidades vitales, de oportunidades y de crecimiento comprometen la vida de la libertad.

Siguiendo este pensamiento, el mundo de hoy no tiene la libertad cerca y mucho menos ha conseguido la bondad. Pero el panorama no debe ser tan desolador, ya que cada día tenemos la oportunidad de construir un nuevo camino hacia esta sensibilidad.

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