Ásatrú: dioses nórdicos en el siglo XXI y el nuevo culto a la Madre Tierra

En Islandia está creciendo la población que adora a los antiguos dioses nórdicos; 1% de los islandeses están afiliados a la Ásatrúarfélagið, organización de individuos que se consideran neopaganos progresistas en favor de la Madre Tierra.

Por primera vez en más de 1,000 años, Islandia contará con un templo dedicado a las deidades del Valhalla, como Odín, Thor y Frigg. Este resurgimiento del culto a los antiguos dioses nórdicos no es ninguna broma, aunque su reconocimiento oficial por parte de las autoridades islandesas llegue 973 años después de la conversión oficial de Islandia al cristianismo.

Y es que una asociación llamada Ásatrúarfélagið, fundada en 1972, se ha dado a la tarea de promover y reavivar el interés público por el neopaganismo nórdico y germánico, Ásatrú. A pesar de que surgió como una suerte de asociación literaria (por el poeta Sveinbjörn Beinteinsson), en su último censo de 2017, la asociación contaba con 3,583 afiliados

Desde el año 2000, Ásatrú es la asociación religiosa no cristiana más numerosa de Islandia, superando en número a los budistas y bahaístas, y constituye el 1% de la población.

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REUTERS/Silke Schurack

 

Vikingos del siglo XXI

A pesar de las resonancias anacrónicas que pueden surgir, la asociación Ásatrú está reconocida oficialmente como una organización religiosa, lo que le permite celebrar ceremonias y recibir beneficios administrativos en países como Islandia, Noruega, Dinamarca, Suecia y España. La visión espiritual de los Ásatrú es bastante progresista y sus miembros se han posicionado en numerosas ocasiones a favor de la separación entre Iglesia y Estado, a favor del matrimonio gay y sobre la importancia de proteger al medioambiente.

En palabras de su Alto Sacerdote, Hilmar Örn Hilmarsson, Ásatrú “es una religión que te enseña cómo vivir en armonía con tus alrededores y contigo mismo, y cómo lidiar con las diferentes fases de tu vida. Cómo llegar a tu edad, y cómo envejecer”.

Sus miembros se precian de tener una gran diversidad de integrantes en sus filas, entre wiccanos y neopaganos; su componente común es el respeto a la Madre Tierra, y su involucramiento en proyectos de conservación y ambientalismo.


Proyecto del templo Ásatrúarfélagið, a inaugurarse en 2018

Sin embargo, no todo ha sido miel sobre hojuelas en el templo de Odín. En algunos momentos de su historia, los seguidores de Ásatrú se han visto envueltos en controversias raciales, pues facciones de sus creyentes en Estados Unidos y otros países escandinavos se han manifestado abiertamente a favor de ideologías racistas y francamente neonazis.

Hay que recordar que los seguidores de Hitler a menudo invocaban las antiguas religiones germánicas como parte de una supuesta superioridad racial. Sin embargo, el estudioso de las religiones Michael Strmiska asegura que los miembros de Ásatrú en Islandia se han posicionado contra estas facciones racistas, y acogen entre sus adeptos a miembros de todas las razas y confesiones. Su cooperación con miembros de otras congregaciones religiosas, como la Iglesia Libre de Reikiavik (luteranos), así lo constata.

 

Bandas como Blind Guardian echan mano del imaginario nórdico para celebrar el neopaganismo

 

Adoradores de Odín, ¿y bacanales de tiburón podrido?

Aunque la idea que tenemos de Odín, Thor y los bravos vikingos del Valhalla remite a una ideología bélica y sangrienta, muchos grupos neopaganos, entre ellos Ásatrú, rechazan el militarismo, la glorificación de la guerra y el heroísmo masculinista.

Sus fiestas y celebraciones coinciden con los cambios de estación: Jólablót, en el solsticio de invierno en honor a la diosa Freyja; Sigurblót en el primer día de primavera en honor a Freyr; Þingblót, en el solsticio de verano en honor a las leyes y la sociedad humana, y Veturnáttablót, durante el primer día de invierno, en honor a Odín, el dios de dioses. Además de éstas, desde el siglo XIX se celebra popularmente el Þorrablót o fiesta de Thor, dios del trueno, que ocurre en febrero y coincide con las celebraciones de san Valentín.

Advertencia: el siguiente video muestra el consumo de las “delicatessen” propias de Þorrablót, incluyendo secciones de carneros que no sabías que eran comestibles, y tiburón fermentado, por lo que si eres vegetariano tal vez prefieras no verlo…

 

Para los Ásatrú, la visión de las deidades no es para nada similar a la del cristianismo: para los neopaganos, los dioses son imperfectos, más como amigos con quienes celebrar y compartir el paso del tiempo, que dictadores cósmicos a los cuales temer.

La construcción de un templo propio se retrasó debido a la debacle financiera mundial de 2008, que supuso la destitución de altos cargos del gobierno y elecciones anticipadas en 2009. El templo de Ásatrú inaugurado en 2018 cuenta con lugar para 250 personas y es el primero construido en honor a los antiguos dioses nórdicos en más de 1,000 años. Según los preceptos actuales, se trata de una religión de paz y tolerancia, que acoge a los visitantes nacionales y extranjeros, y cuyo libro sagrado lo constituyen las Eddas de Snorri Sturluson, un estudioso del siglo XIII que compiló las mitologías nórdicas.



Cuaresma sin plástico, una propuesta radical de la iglesia

Además de las “penitencias” conocidas, a las tareas de los feligreses se suma el llamado de pasar una Cuaresma libre de plástico.

Tradicionalmente, la Cuaresma (tradición judeocristiana) es un momento para reflexionar en torno al sacrificio y entereza de Jesús. El color de este periodo es el morado, que simboliza la penitencia y el arrepentimiento. Pero ahora podría sumarse el color verde, pues la iglesia de Inglaterra está llamando a sus feligreses a evitar realizar una Cuaresma sin plástico.

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Un síntoma, como diría Bob Dylan, de que los tiempos “están cambiando”. Hace algunos años jamás nos habríamos imaginado una iglesia con preocupaciones tales como la reducción en el uso del plástico. No obstante, la iglesia en Inglaterra tiene ya un ala dedicada a la implementación de políticas ambientales, encabezada por la vocera ecologista Ruth Knight.

Según lo define esta ecológica iglesia, una de sus misiones más importantes es “salvaguardar la integridad de la creación”, por lo cual han incluido en las “penitencias” de la Cuaresma la prohibición del uso del plástico durante los 40 días que dura este periodo (los mismos que pasó Jesús en el desierto).

Esto se encuentra en consonancia con el sentimiento generalizado de cientos personas contra este dañino material, que ha sido el culpable de cientos de catástrofes, incluyendo la extinción animal. A raíz de esto han nacido comunidades enteras libres de plástico, activistas que promueven el estilo de vida zero waste y, ahora, radicales propuestas como la de la iglesia inglesa, inspirada en los estremecedores datos del documental Blue Planet II, presentado por el mítico David Attenborough.

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Sin duda, “salvaguardar la integridad de la creación” se vuelve un imperativo que trasciende toda creencia, y que se vuelve simplemente urgente. Sobre todo cuando existen datos tan estremecedores como que sólo se ha reciclado el 9% del plástico producido, y que el resto podría cubrir 10 veces Inglaterra. O que para el 2050 habrá más plástico que peces en el océano

Los tips que la iglesia da a sus feligreses

Esta iniciativa de la iglesia inglesa va más allá de la penitencia. Busca aprovechar el concepto de privación inherente a este periodo para incentivar un cambio real y necesario para el planeta. Para ello, incluso ha dado algunos tips a sus feligreses, que incluyen un calendario de “Cuaresma sin plástico”, versículos de la Biblia referentes al medio ambiente y hints sobre cómo evitar el uso de este material.

Seamos creyentes o no, esta iniciativa abre nuevos paradigmas, y es algo que merece nuestro reconocimiento.

 

*También en Ecoosfera: ¿Cómo liberar del plástico a tu vida diaria?

 



Neopaganismo celta: reflexiones para un futuro compartido desde los nuevos druidas

Nuevas formas de paganismo exigen arrebatar a las religiones nuestra creencia humana y optan por engrandecer el sentido comunitario.

Los antiguos druidas, sacerdotes de la Galia, eran filósofos, astrólogos, adivinos, matemáticos y grandes inventores; quizá podríamos decir que hasta una especie de herejes. Poco se sabe de ellos, sobre todo tras la imposición del cristianismo en Europa. Pero actualmente, una extendida comunidad neopagana alrededor del mundo revive la fe y los ritos que poblaron la Europa céltica en la Edad de Hierro.

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Son los nuevos druidas. Muchos de los jóvenes que conforman actualmente esta comunidad llegaron a conocer del neopaganismo druida a partir de internet. Acudieron a los diversos ritos, donde los druidas se embisten con atavíos medievales, hacen oraciones y festejan los solsticios mientras esperan la visita de sus deidades en diversos parajes naturales.

En la recreación de esta creencia, los neopaganos druidas nos orillan a repensar el concepto actual de religión. Nos hacen reflexionar sobre el significado que tiene el hecho de que decenas de jóvenes urbanos sean tan espirituales y tan entusiastas de prácticas antiguas, como el yoga, pero que su percepción de ellas no les provoque interés por el sentido de comunidad. Recordemos que, más allá de la institución de control y el negocio –incluso más allá de las creencias personales– la religión es comunidad. 

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Como muchos estudios e investigaciones han comprobado, las religiones están viviendo un decrecimiento dramático en todo el mundo. Cientos de jóvenes ya no se sienten atraídos por ningún discurso o ideología alguna. A grandes rasgos, el problema reside en que nada está sustituyendo lo que milenariamente ha sido una forma de ser; nada está logrando engrandecer la creencia innata a la vida, al contrario. La religión, sea como sea, ha fungido siempre como punto de encuentro, como lenguaje y tradición que arraiga un sentido a la vida. Y aunque numerosas disciplinas han logrado engañarnos y tomar ventaja de dicha creencia innata, existen muchas religiones y “paganismos” que han logrado establecer profundas conexiones con lo trascendental –la metafísica–, y con la mística de las vidas en comunidad, al mismo tiempo que se cultiva el conocimiento de lo terrenal y lo humano.

Por su parte, y con la humildad de quienes están dispuestos a dejarse acoger por una comunidad, los druidas manifiestan que su fe no es sólo la constatación del pasado, sino que existe en tanto se siga practicando. Y no precisamente como una práctica nociva u oportunista —como algunas religiones new age—, sino que puede ser inclusiva, plural y no ortodoxa.

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Los nuevos druidas revisan, reescriben y recrean una religión, eligiendo a su comunidad y extendiéndola. Podrá parecer extraño para muchos, o incluso anacrónico, pero lo cierto es que en estos tiempos de individualismo exacerbado, abrazar con certeza una disciplina –de cultura– como hacen los druidas tiene mucho mérito. Y los aleja de otras prácticas que, en nuestro contexto social, han remplazado a la religión y han suplantado la vida comunitaria: un ejemplo perfecto son los centros comerciales en las ciudades, basados en frenéticas compras y tratos impersonales mediados por las mercancías.

Finalmente, lo más importante de una religión es su función filosófica: en el caso de los antiguos druidas, se cree que tenían proximidad con otros “paganismos” como el de los pitagóricos y los brahamanes de la India, filosofías que cultivaban el saber y las relaciones armoniosas entre seres humanos y naturaleza; eran los tiempos en los que la religión tenía un papel filosófico y político, pero sobre todo comunitario, sobre el que hoy valdría la pena reflexionar y traer a nuestros tiempos de manera novedosa.

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*Referencias: Los druidas, los misteriosos filósofos de la Galia
*Imágenes: Katharine Kimball