Las ciudades del mundo entero se vuelcan hacia una arquitectura hostil que deja sin espacio a las personas sin hogar. Creemos que son simples detalles arquitectónicos que adornan las calles; las bancas son más llamativas, los espacios urbanos son decorados con arsenales de picos y formas extrañas de cemento que pretenden funcionar bajo una etiqueta de modernidad.

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Sin embargo, este rediseño arquitectónico está lejos de ser un espacio dedicado a la modernidad o el desarrollo. Estas esculturas citadinas son, más bien, un espacio de hostilidad y segregación que expulsa a los “abandonados” por las sociedades.

Un hilo de Twitter del usuario Chad Loder fue suficiente para revelarnos la arquitectura hostil establecida en todo el mundo. Este no es un hecho aislado: las ciudades están haciendo grandes esfuerzos por eliminar los refugios de las personas que no tienen techo. El objetivo es que no ocupen el espacio público, ya sea con picos de acero o bancas individuales, piedras en el camino, tubos de metal, asientos incómodos, candados y todo tipo de estructuras, adornos o cosas estorbosas que se encuentren en el camino.

Lo que no dicen los gobiernos en voz alta es fácil detectarlo en la arquitectura hostil y asesina de ciudades como París, Toronto, Los Ángeles, Tokio, Londres o San Francisco. Las personas sin hogar quedan fuera de los pocos espacios que servían como refugio o techo.

Esta es una forma muy sencilla de querer ignorar el problema de fondo. Eliminar los espacios es un claro mensaje de abandono y desprecio. Nos empeñamos en hacer invisibles y ajenos de nuestra realidad a las personas sin techo, haciendo incómoda su presencia en cualquier lugar.

Esta sólo nos invita a repensar el espacio y considerar el por qué pretendemos negarle a otra persona lo que le correspondería por derecho social. El espacio le pertenece a todos, es creado por y para nosotros. Habría que considerar porqué los gobiernos se dedican a expulsar gente, en lugar de atender las situaciones que los llevan hacia esos caminos.

Detengámonos un momento y echemos un vistazo a lo que está sucediendo allá fuera. No olvidemos que todos somos tan vulnerables como cualquier otra persona. Esta no es una nueva tendencia de diseño o arquitectura urbana que beneficie en algo, sólo es un intento por ocultar la pobreza y exclusión de las ciudades.

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