Ecosistemas urbanos y su importancia en una era cambiante

No solo hay “áreas verdes”: también hay áreas azules, e incluirlas en la planeación urbana tiene enormes beneficios para el ambiente.

* por: Sofía Lorena Mateus García

 

Muchas veces no nos damos cuenta de los ecosistemas que tenemos en nuestras ciudades, tanto así que ni siquiera sabemos cuáles ecosistemas pueden ser considerados urbanos. Pues bien, hay casos en los que es fácil identificar este tipo de ecosistemas, como por ejemplo un humedal o un bosque, pero no es por sus características físicas que se define el ecosistema urbano, sino por su funcionalidad o los servicios que presta dentro de la ciudad. Es así como un humedal ayuda a regular las inundaciones o fuertes sequías ocasionadas por el cambio climático, o el bosque ayuda a disminuir la cantidad de CO2 emitida por autos o coches, transporte público e industria, entre otros.

Pero al hacer referencia a los ecosistemas urbanos, hablamos entonces no sólo de las famosas “green areas”, sino de las “blue areas; así es, los ríos también forman parte de los ecosistemas urbanos. Actualmente se han identificado siete tipos de ecosistemas urbanos: los árboles que están ubicados en la calle, parques, bosques, cultivos, humedales, lagos y arroyos. Estos ecosistemas proveen una gran variedad de servicios ecosistémicos que tienen un gran impacto en la calidad de vida de las personas en la ciudad, y por esta razón estos ecosistemas deben ser incluidos en la planeación urbana.

 

¿Cuáles son los beneficios que brindan este tipo de ecosistemas?

Algunos ecosistemas brindan beneficios a la salud, como por ejemplo prevenir enfermedades respiratorias, cáncer o estrés; otros aportan un servicio de recreación como caminatas ecológicas y otros proveen soluciones ambientales para prevenir y mitigar los efectos negativos de nuestras acciones, como el aumento descontrolado de la temperatura. Por esta razón, es de suma importancia incluir en los Planes de Ordenamiento Territorial estrategias de adaptación y mitigación basadas en ecosistemas que busquen no sólo el desarrollo económico sino también el desarrollo ambiental, entendida esta última como la creación, conservación y preservación de ecosistemas importantes para mantener una conectividad biológica en la ciudad y de esta manera generar un equilibrio entre el ser humano y el ambiente, que a fin de cuentas, es lo que se anhela con la creación de las Metas de Aichi ratificadas en el Decenio de Biodiversidad en 2011 en Nagoya, Japón, por el Convenio de Diversidad Biológica –CBD– y los países que actualmente lo conforman.

Pero los ecosistemas urbanos no sólo brindan servicios ecosistémicos, también ayudan a reducir el ruido de la ciudad y mejorar la calidad del aire, por lo que este tipo de ecosistemas se vuelven estratégicos al momento de plantear soluciones a los problemas más locales o puntuales que se presentan actualmente en las ciudades. Sin embargo, las zonas o áreas de mayor ingreso económico son las que mayor acceso tienen a áreas verdes. Es así como muchos servicios ecosistémicos se han visto amenazados debido al deterioro de los ecosistemas resultado del modelo de crecimiento demográfico*.

 

¿Qué deberíamos hacer?

A modo de reflexión, deberíamos entonces cambiar la manera como estamos planeando la ciudad, para ser más incluyentes con la biodiversidad y de esta forma mitigar los efectos negativos no sólo del cambio climático, sino de nuestras acciones. De igual manera, es necesario no imitar sino adoptar medidas de planeación urbana desarrolladas en otros países, con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas sin importar su clase social.

Finalmente, la fauna se va a ver beneficiada por la conservación de ecosistemas urbanos: un área con gran variedad de especies puede tener un número considerable de nichos ecológicos y de esta forma incrementar la biodiversidad, lo que demanda la permanencia de una conectividad ecológica dentro y fuera del casco urbano.

 

Fuentes

* Per Bolund y Sven Hunhammar. Ecosystem services in urban areas. Estocolmo, Stockholm Environment Institute, 1999.

Eco Maxei
Autor: Eco Maxei
Eco Maxei Querétaro AC es una organización sin fines de lucro cuya misión es fomentar la coexistencia armónica entre las personas y con la naturaleza. Somos una organización multidisciplinaria, fundada e integrada por jóvenes agentes de cambio desde 2014.


Transformaciones urbanas: en Medellín, el Metrocable conecta la ciudad de diversas maneras

Un ejemplo de transporte público sustentable en Medellín que debería adaptarse en toda América Latina.

Medellín, en Colombia, llegó a ser la capital de asesinatos del mundo cuando la explosión global del comercio de drogas en los años 80 elevó los niveles de crimen en la ciudad, y la sumergió en un estado de continua ilegalidad. Las comunidades en los barrios más pobres adyacentes al Valle de Aburrá estaban en las líneas de fuego de la violencia y el caos.

Hoy en día, Medellín es otra ciudad.

Nuevos comercios y plazas se extienden desde el centro de la ciudad hasta los vecindarios sobre las colinas. Bibliotecas, escuelas y parques se han construido en áreas donde la inversión pública solía estar notablemente ausente. Los habitantes se congregan para jugar y socializar y el comercio está prosperando.

Tal tipo de transformación siempre involucra un número de elementos móviles, pero gran parte de este cambio es fruto del desarrollo de un nuevo sistema de tránsito y el incremento de inversiones públicas que han fomentado lazos comunales en vecindarios claves. Estos cambios han reconceptualizado lo que significa vivir en Medellín.

En 2004 el Metro de Medellín inauguró el Metrocable, el primer sistema de tranvía aéreo del mundo. Metrocable conecta los barrios pobres de la ladera con el centro de la ciudad y su sistema de tránsito reduciendo un viaje de 2 horas y múltiples billetes a uno de 30 minutos con un solo pasaje. Metrocable se inauguró con tres líneas activas y dos más en construcción.

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Imagen: Lonely Planet

Construyendo hacia las afueras para traer a la comunidad al centro

Una serie de reformas constitucionales pasadas en los 90 permitieron que la Municipalidad de Medellín se involucrara en la gestión de proyectos para mejorar zonas informales de la ciudad. Estas medidas permitieron acondicionar áreas cuya rápida expansión ocurrió sin el desarrollo formal de calles, sistemas de transporte y espacios públicos.

Tras la elección del alcalde Luis Pérez en 2000, la ciudad pactó un acuerdo financiero con la autoridad del tránsito público, Metro de Medellín, para ayudar a diseñar y construir el Metrocable.

Desde el principio la ciudad tuvo claro que sin el apoyo de la comunidad no iba a ser posible alcanzar los objetivos del proyecto. Para entender y sobrellevar la fragmentación comunitaria que resultó tras años de violencia desenfrenada y mínima intervención del Estado, los trabajadores del Metro de Medellín realizaron talleres y recolectaron datos sobre los patrones de vida, movilidad y socialización en los barrios más pobres. Cuando se estrenó la primera ruta, la Línea K, en 2004, el Metrocable aumentó la intensidad de su participación en la comunidad interactuando con más de 40,000 ciudadanos para asegurarse de que los residentes entendieran cómo usar el sistema responsablemente.

Ese mismo año el alcalde Sergio Fajardo fue electo gracias a su plataforma pro urbanismo. Sus promesas de campaña incluyeron optimizar esfuerzos para mejorar áreas descuidadas a través de inversiones en espacios públicos y entidades comunales como bancos, bibliotecas y escuelas. Su plan de implementar mejoras a gran escala a través de proyectos públicos fomentó una era de confianza en el Estado e integración municipal.

 

“Una bendición de Dios”

Los beneficios de la Línea K se hicieron evidentes rápidamente. Negocios nuevos abrieron sus puertas alrededor de sus cuatro estaciones, el valor de bienes raíces en el área aumentó y la ciudad invirtió en transformar 40,000 metros cuadrados de espacio público en parques y áreas de recreación. Además, la duración y el costo de viajes al trabajo se redujeron significativamente. El Metrocable permitió que usuarios acostumbrados a navegar un laberinto de calles en su trayectoria desde el valle, pudiesen conectar su ruta con el sistema de buses y trenes del Metro de Medellín de manera expedita. A su vez, también incrementó el acceso a empleos y otras oportunidades.

“El Metrocable nos trajo seguridad, nos trajo a la policía, nos trajo empleos, nos trajo comunión”, dijo la líder comunitaria Rosalba Restrepo. “El Metrocable fue una bendición de Dios para este vecindario”.

La transformación social fue el cambio más evidente. Los medellinenses empezaron a conectarse más con su comunidad y su ciudad, la tasa de homicidios bajó rápidamente y la confianza en el gobierno aumentó.

“Después de ver cómo era mi barrio hace 20 años, y verlo ahora, ha habido un desarrollo tremendo”, dijo Darwin Barrientos, un residente que creció en el área cerca de la Línea K y que ahora trabaja como supervisor para una estación de Metrocable. “El poder romper el paradigma y comunicarse fácilmente con la ciudad usando medios de transporte que te facilitan las cosas, eso fue integración. Eso fue integración social”.

 

Símbolo de transformación

El éxito del Metrocable demuestra el valor de la coordinación entre diversos actores e instituciones para producir cambios dramáticos en ciudades. La transformación de Medellín fue el resultado de la solución de transporte combinada con la iniciativa gubernamental de invertir en servicios públicos y en la participación social. La cohesión social fue un efecto de ambos cambios.

Otras ciudades en América Latina han comenzado proyectos de transporte similares desde la inauguración del Metrocable de Medellín, entre ellas Bogotá y Manzanares en Colombia, Río de Janeiro y Santo Domingo en Brasil y La Paz en Bolivia. Su objetivo es incitar una transformación social similar. Sin embargo, pocas iniciativas han sido complementadas por el mismo nivel de inversión en el sector público o en la participación social. Por ende, pocas han logrado el nivel de éxito visto en Medellín.

El Metrocable ha redefinido la concepción de las fronteras de Medellín y de la importancia de los habitantes de la periferia, integrando la ciudad en varios contextos.

“El Metrocable se ha convertido en un símbolo de Medellín”, dijo el gerente general del Metro de Medellín, Tomás Elejalde Escobar, “un símbolo de la transformación, de la equidad que se ha logrado entre diferentes barrios”.

 

*Imágenes: 1) TripAdvisor, 2)LonelyPlanet

WRI México
Autor: WRI México
El World Resources Institute es una organización técnica global que convierte las grandes ideas en acciones: establecemos vínculos entre la conservación del medio ambiente, las oportunidades económicas y el bienestar humano.


¿Por qué se comen los fraccionamientos a las Áreas Naturales Protegidas?

Las áreas naturales son el pulmón de las zonas urbanas. En este artículo de EcoMaxei, conoce por qué es importante preservarlas.

* Por: Claudia Elvira Romero Herrera

 

Porque no los conocen… Aquí te vendo, te dicen, y tú dices qué padre, sin saber. Queremos que más gente sepa, que salgan de la ignorancia, porque sólo se cuida lo que se conoce.  

Cuando en 2012 un tlacuache llegó a su vivienda, Minerva subió su fotografía a las redes sociales para saber qué hacer con él. El incidente la llevó a conocer al gigante verde frente a su condominio, del otro lado de la gran avenida, el Parque Nacional El Cimatario. Al enterarse de la cantidad de servicios que el que tenía por “sólo un cerro” le proporcionaba a ella y a su familia, decidió junto con su vecina Sindy darlos a conocer. Fue así como dos mujeres profesionistas y amas de casa emprendieron la creación de Cimatario Yo Soy A.C.

Fue como darte cuenta de pronto de que alguien ha estado cuidándote y protegiéndote toda la vida y tú nunca te habías dado cuenta, mucho menos hecho algo por contribuir de vuelta.

Sobre el camino me explica con elocuencia y destreza las características del Área de Conservación del parque. Me comparte datos que ha ido conociendo a partir de su interés, sin los cuales es difícil entender por qué está prohibida la entrada con mascotas o alimentos, hacer fogatas o fumar. Reglas ante las que los visitantes reaccionan con enfado, pensando que al ser un lugar público debería ser por fuerza recreativo, sin reparar en las consecuencia de, por ejemplo, los orines de perro para la fauna del lugar.

Volverse consciente del desconocimiento sobre su silencioso anfitrión provocó en Minerva el deseo de hacer promoción y difusión de su valor simbólico, histórico, cultural y ecológico, aspectos que considera clave para su protección. Conocido por sus condóminos como “cerro de la antenas”, el Cimatario es en realidad el segundo bastión ecológico más importante del estado de Querétaro, después de la Reserva de la Biósfera; hogar de deidades prehispánicas, área protegida desde el virreinato y hoy uno de los epicentros ecológicos tanto más codiciados como más arduamente defendidos de la ciudad.  

Los ciudadanos, cuando reconocemos el valor de algo somos capaces de preservarlo.

La preservación de este pulmón de la ciudad, hogar de numerosas especies endémicas de la región semidesértica, refugio de fauna desplazada, escala de mariposas monarcas, filtro de agua, estabilizador de suelos y retén de ventorales no es cosa sencilla; tanto porque vive en acecho constante como por la ambigüedad en sus políticas de protección y la disputa sobre su delimitación. Aunque lo ampara un decreto de protección, en los últimos 20 años se han autorizado múltiples obras de urbanización en sus alrededores y hace no más de 2 fueron retirados todos los rótulos que lo identificaban como parque nacional.

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Fotografía tomada del sitio de Facebook de la asociación

En sus 7 años de existencia, Cimatario Yo Soy se ha sumado a distintas iniciativas de defensa y preservación, creando también estrategias propias. En 2015 la campaña #ElParqueCimatarioImportaPorQue logró llamar la atención sobre la pretensión de eliminar la protección federal. Más recientemente empezaron el curso básico de manejo de fauna silvestre periurbana y publicaron uno de los pocos cuentos ambientales locales existentes dirigidos a público infantil.

Inéditamente editado por las secretarías de Cultura y de Desarrollo Sustentable, “Gumberto el tlacuache y la fábrica de estrellas en el Cimatario” llega como un legado de conciencia ecológica hacia generaciones futuras, pero también una herramienta de educación ambiental para el presente.

En un mundo que empieza a considerar a los árboles como infraestructura de salud pública, a plantar uno por el nacimiento de cada bebé, a alentar el cultivo de alimentos en espacios públicos, a pugnar por el saneamiento de los ríos, los huertos escolares y en general el retorno a modos de vida menos depredadores, los residentes de espacios edificados en reservas ecológicas promovidas bajo el eslogan de “vivir en la naturaleza” comienzan a cuestionar su presencia ahí como un atentado en contra de ésta.

Empieza a ponerse a discusión, no sólo “allá” en los foros internacionales sino en el filo de nuestras cotidianidades, el entendimiento contemporáneo posmoderno sobre el significado de la calidad de vida. Si ésta deviene con la preservación de la naturaleza o con las “amenidades” ofrecidas a costa de la vida misma.

Algo que aprendí del contacto con la naturaleza es que ahí no tienes que pretender nada, no tienes que comprar nada y basta sentir la brisa para sentir que lo tienes todo. 

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Fotografía tomada del sitio de Facebook de la asociación

 

* Entrevista a Minerva Almazán, fundadora de Cimatario Yo Soy A. C.

Eco Maxei
Autor: Eco Maxei
Eco Maxei Querétaro AC es una organización sin fines de lucro cuya misión es fomentar la coexistencia armónica entre las personas y con la naturaleza. Somos una organización multidisciplinaria, fundada e integrada por jóvenes agentes de cambio desde 2014.