Hallazgo científico exhuma un nuevo tipo de criatura

Este micoorganismo previamente inclasificable añade una rama más al árbol de la vida.

A veces pareciera que ya no hay nada que conocer sobre la Tierra; que la mágica época de los grandes hallazgos ha quedado atrás. Pero una intuición puede cambiarlo todo.

Eso es justo lo que le sucedió a una estudiante de doctorado en Nueva Escocia. Al analizar un puñado de tierra recolectada por casualidad durante un paseo, se encontró con algo impresionante: un microorganismo tan particular que ha inaugurado una rama completamente nueva del árbol de la vida.

Estos microorganismos han representado un misterio inclasificable para la ciencia desde el siglo XIX. Hoy en día, los avances tecnológicos nos permiten resolver el acertijo: el hemimastigoto es un ser completamente aparte de los cinco reinos de organismos conocidos.

Nada de lo que conocemos se le parece.

Tras un análisis genético, se encontró que los hemimastigotos son más distintos a los humanos que los hongos, reporta la revista Nature. No conocemos ningún otro ser vivo que pueda compararse o emparentarse con ellos. 

Entonces, ¿surgieron de la nada? Por supuesto que no; más bien, son seres tan antiguos que tendríamos que volver en el tiempo 500 millones de años antes de encontrar un pariente común, aclara un científico de la Universidad de Dalhousie.

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Crédito: Universidad de Dalhousie

Este curioso microorganismo fue bautizado Hemimastix kukwesjijk en honor a un ogro de la mitología Mi’kmaq, grupo nativo de Canadá. 

Sus largos flagelos y sus extraños movimientos son lo suficientemente particulares como para que integren su propio superreino en el árbol de la vida. Los superreinos son clasificaciones tan grandes que los humanos y los hongos pertenecen al mismo. 

No hay un límite para los descubrimientos que aún quedan por hacer: hay tantos organismos desconocidos en la Tierra como estrellas en la galaxia. Cualquier día común, un pequeño hallazgo puede cambiar la manera en que concebimos la vida en este planeta. 



¿Hay más microbios en la Tierra o estrellas en la galaxia?

¿Pensar en grande o en pequeño? ¿Qué será más infinito?

Vivimos en grupos conectados entre sí; dependemos unos de otros para la supervivencia, e incluso mantenemos la comunicación con el otro como una de las cualidades más características de nuestra especie. Estos lazos también obedecen a un orden en la naturaleza. Su ritmo y sintonía se construyen dentro de una hipérbole narrada por el cosmos, y cuando no encuentran un ritmo, las consecuencias son desdichadas.  

Este pensamiento cosmológico nos remite a la idílica correspondencia del macrocosmos y el microcosmos, algo así como el espejo del universo, que no se limita a replicar su reflejo en diferentes tamaños. Así, uno puede encontrar que hay tantas estrellas en nuestro universo como granos de arena en el océano de nuestro planeta.

Una afirmación de tan precisas magnitudes no podría ser menos que poesía, y si usted quiere, una lección de vida. 

Hasta hace no mucho, la humanidad creía haber registrado todas las especies del planeta, cuyo número total calculaba en unas 10 millones. Pero esto es falso, puesto que dicha cantidad sólo contabiliza al mayor número de especies “visibles” en nuestro mundo. Incluso, los biólogos de todo el orbe tienen la certeza de que siempre podrán descubrir una especie nueva, pues la cantidad de seres animados es infinita. 

Para asegurar con más firmeza lo anterior, hoy nos aventuramos al azaroso, oculto y sofisticadísimo microcosmos natural, el de los microorganismos. Ya de por sí, la palabra augura un gran fenómeno.

Bacterias, protozoos, hongos y algas dominan el mundo. Se trata de la forma de vida más abundante en la Tierra: algunas sugerencias científicas se arriesgan a sumar a la lista de especies algunos de estos seres, de los que se ha contabilizado al menos 1 billón de especies en total. Pero, desde hace más de 2 décadas, los microbiólogos han empezado a contabilizar a estos seres por medio de ADN extraído del océano, de las plantas o la tierra. El supuesto más acertado hoy en día para la ciencia es que existe aproximadamente 1 nonillón de microespecies distintas, una cantidad incalculable para el tiempo de vida humano, de no ser porque le hemos puesto un nombre. 

Dicho de otra forma, existen más microbios en la tierra que estrellas en la Vía Láctea.

Esto porque sólo se han calculado entre 200,000 y 400,000 millones de estrellas.

El ejemplo de algunos estudiosos para entender lo anterior es que el phylum (o categoría) bacteriano al que pertenece el ser humano, el Chordata, abarca unas 65,000 especies de animales más, que poseen una varilla esquelética, e incluye mamíferos, peces, anfibios, reptiles, pájaros y tunicados. Esto quiere decir que tan sólo una de las ocho clasificaciones taxonómicas puede abarcar un sinnúmero de especies distintas entre sí.    

No podemos dimensionar el número de especies microbianas que existen, y tampoco tenemos el tiempo suficiente para observar la cantidad de vida que puede brotar de cada una de ellas. De lo que sí estamos seguros es de que la vida de nuestro planeta aflora en tantas posibilidades como Big Bangs en el universo, y esa relación, como demuestra la correspondencia entre el macro y el microcosmos, se puede trasladar a todas las dimensiones de la vida. 

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora en jefe de Ecoosfera. Ha participado de manera frecuente en medios como Más de México, Faena Aleph y Pijama Surf. Le interesa utilizar la información y la diversidad de formatos digitales para construir conciencias. Su tiempo libre lo dedica a crear música con sintetizadores.


Escucha la sinfonía de la vida de un árbol (VIDEO)

La pregunta que surge de este instrumento es la historia que un árbol, ¿qué tiene que contarnos después de años, quizá siglos, de vivencia?

Las artes y la naturaleza son partes indispensables en la vida del ser humano; pues son dos elementos que llegan hasta la profundidad de las dendritas de nuestras neuronas cerebrales. Sin embargo pocas son las ocasiones que al juntarlos, se alcanza un nivel de interconexión que facilita la comprensión de la unidad histórica entre ambos. Un ejemplo de estas contadas ocasiones es la creación del artista Bartholomäus Traubeck, quien desarrolló una pieza que captura el paso del tiempo y lo traslada a un territorio musical: una tornamesa que lee las líneas y texturas de los anillos del os árboles. 

La pregunta que surge de este instrumento es la historia que un árbol, ¿qué tiene que contarnos después de años, quizá siglos, de vivencia? La edad de los árboles se descubre al interior de sus troncos en forma de anillos, las cuales se forman y se acumulan pasando los años de vida: fuerte y hermoso, con surcos y deformaciones que ostenta la resiliencia “de años flacos y años frondosos, los ataques superados y las tormentas sobrevividas” (Hermann Hesse).

El resultado, además de conmovedor, es una sinfonía de la vida, implacable, coherente, hermoso, cuyo compositor es la naturaleza misma. Conócelo: