En la región montañosa de los Peninos en Inglaterra, se encuentra un extraño árbol de metal que hace del viento una melodía fantasmal. El “Árbol Cantante Tintineante” (o Singing Ringing Tree) es una pieza de arte que se ha convertido en una atracción turística en el espacio rural de Burnley, acoplándose al paisaje como un extraño y mágico agente externo.

La pieza, que consiste en tubos de acero galvanizados de distintos tamaños, es parte del proyecto Panopticons y fue diseñada por los arquitectos Mike Tonkin y Anna Liu. La estructura tubular fue orientada en las direcciones en las que sopla predominantemente el viento. Cada corriente de aire hace sonar los tubos con un sonido coral a diferentes octavas, creando de esta forma una representación hiperbólica del sonido de los vientos en los campos que tanto ha hipnotizado a los viajeros. Los creadores del proyecto mencionan que cada vez que uno se sienta bajo el árbol se escucha una canción diferente.

El proyecto ha sido una gran fuente de inspiración para artistas y para la comunidad local. El director canadiense Zsolt Sándor realizó un cortometraje sobre el “Árbol Cantante Tintineante” con la música de A Man Called Adam, y los niños de la escuela local presentaron una serie de dibujos y cuentos fantásticos inspirados en la escultura.

 

El árbol cantante y el viento como comunicación etérea

La escultura cataliza el viento como elemento fundamental de la comunicación, evocando técnicas druidas que utilizaban los distintos vientos como un medio para transmitir y decodificar la voz de la Tierra.