Así navegan las arañas la electricidad del aire

Las arañas, que son de los mejores aviadores del reino animal, no tienen alas; pero gracias a la seda y la electricidad, pueden recorrer grandes distancias.

Es sabido que las arañas usan largos abanicos de seda para transportarse por el aire, a menudo cientos de kilómetros, en un proceso conocido como ‘vuelo en globo’. Sin embargo, lo que no se conocía hasta ahora es cómo lo hacían, si por el aire o por algún otro elemento atmosférico.

En un estudio reciente se comprobó que las arañas detectan la electricidad atmosférica y la utilizan para elevarse, gracias a sus largos hilos de seda, aunque no haya la más mínima brisa.

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Los investigadores de la Universidad de Bristol, en Inglaterra, han descubierto que las arañas son expertas navegantes de la electricidad del aire. Los campos eléctricos que detectan gracias a unos pelos en sus patas, les proporcionan elevación: levantan el abdomen, se inclinan y liberan un hilo de seda para dejarse llevar por la electricidad atmosférica.

 

El misterio que inició con la curiosidad de Darwin

Se sabe que en una ocasión, mientras Darwin viajaba en una embarcación, observó cómo cientos de arañas volaban de un nido y se maravilló porque despegaban de la nave a grandes velocidades, incluso en un día tranquilo y sin viento.

Según los científicos, de forma similar a como se levanta el cabello cuando se le frota con un globo, la seda de araña podría elevarse al aire por fuerzas electrostáticas naturales en la atmósfera. Estos campos eléctricos están presentes todo el tiempo en todo el mundo, pero sólo pueden observarse durante las tormentas eléctricas, cuando están en su punto más fuerte.

Casi 2 siglos después de que Darwin notara el extraño comportamiento de las arañas, que iban más allá del viento, su instinto fue confirmado. Una vez más, la naturaleza nos da un referente de las infinitas formas y posibilidades que existen para volar.



La sorprendente “leche” de araña que tiene más proteínas que la leche de vaca

Investigadores chinos descubrieron que la araña Toxeus magnus produce un fluido similar a la leche, el cual nutre a las crías durante sus primeros días.

Al parecer los animales mamíferos no somos los únicos que alimentamos a nuestras crías con lo que producen nuestros cuerpos: la doctora Zhanqi Chen de la Academia China de Ciencias descubrió que cierta araña nativa del sureste asiático produce una especie de fluido similar a la leche, el cual permite que las crías se desarrollen a una sorprendente velocidad.

Las crías de la araña Toxeus magnus alcanzan la mitad de su tamaño adulto durante los primeros días de vida. Pero lo que intrigaba a los investigadores era que ni la madre ni sus crías dejaban el nido durante este periodo para cazar ni recolectar alimentos. ¿Entonces, cómo se alimentaban? 

“No podíamos entender cómo seguían creciendo sin comida, hasta que una noche, vi que la bebé araña se aferraba al vientre de su madre”, afirma la doctora Chen. “Tuve esta idea radical de que tal vez las madres araña alimentaban a sus crías con algo que ellas mismas producían.

Al colocar a la araña bajo el microscopio, los investigadores se dieron cuenta de que el vientre tenía excretaba un fluido cremoso y blanco, muy parecido a la leche. Al analizar dicho fluido, se dieron cuenta de que contiene casi cuatro veces más proteína que la leche de vaca.

Instituto Chino de Ciencia
La leche de araña puede producirse gracias a huevecillos no fertilizados.

En un cruel giro de la investigación, los investigadores impidieron que la madre alimentara a las bebés araña, luego de lo cual murieron a los 10 días. Esto significa que efectivamente ese fluido es necesario para la alimentación y crecimiento de las crías de esta especie.

Los investigadores llaman a este fluido “leche de araña” porque el líquido cumple la misma función vital que la leche en los mamíferos, aunque la anatomía de los arácnidos sea muy distinta que la nuestra. Hasta ahora suponen que la “leche” de araña se produce reciclando huevecillos no fertilizados.

El cuidado posnatal es poco frecuente en insectos, pero estas arañas se quedan con sus crías durante un periodo increíblemente prolongado. La razón puede deberse a que así la especie tiene mayores probabilidades de supervivencia, puesto que el 84% de las crías que sobreviven después de 20 días son hembras.

 

*Imagen principal: Science Magazine



Evolución también es conocer las nuevas especies del siglo XXI

La evolución no es sólo mirar a las especies ya extintas, como los dinosaurios, sino también conocer las nuevas especies que han surgido en los últimos años.

Al pensar en la evolución nos vienen a la mente imágenes de dinosaurios, el rostro de Darwin o fotos en blanco y negro de animales que ya no viven en la Tierra. Sin embargo, reflexionar sobre la evolución también significa abrir los brazos a las nuevas especies, tan recientes que las vimos nacer hace pocos años o décadas.

La evolución encierra aún numerosos misterios. ¿Por qué hay especies que han cambiado vertiginosamente, mientras que otras permanecen casi intactas? Por ejemplo, los cocodrilos parecen ser los mismos que vivían hace 230 millones de años, al igual que los nautilos, que habitan nuestro planeta desde hace 500 millones de años. Y se siguen encontrando nuevos fósiles vivientes, como los camarones “jurásicos”.

Hoy se sabe que algunos fenómenos “echan a andar” la evolución, por ejemplo, los cambios geográficos o los cambios en el medioambiente. También se pueden separar las especies por diferencias morfológicas (por ejemplo, la forma de sus órganos reproductores) o por su comportamiento (hay dos subespecies de erizo de mar que desovan en diferentes épocas: una en verano y otra en invierno; es por ello que nunca se aparean entre sí, por lo cual es probable que algún día se conviertan en especies distintas).

Por otro lado, hay especies que se están uniendo. Generalmente, los híbridos son estériles (como la cruza entre un caballo y un burro, una mula estéril), pero hay veces en las que de una cruza puede surgir una tercera especie.

Por ejemplo, una de las nuevas especies es una variedad de flor mono, Mimulus peregrinus, que crece en el Reino Unido. Apareció hace menos de 140 años, tal vez incluso en la época de Charles Darwin.

Aún más reciente, tan sólo de la década de 1900, es la flor Senecio Cambrensis, que también se originó en el Reino Unido, o las flores Tragopogon mirus y T. miscellus, que aparecieron en Washington (Estados Unidos). Estas tres flores son, igualmente, el resultado de procesos de hibridación.

Según un estudio publicado en la revista Molecular Ecology, la aparición de estas nuevas flores sugiere que en la naturaleza surgen frecuentemente nuevas especies.

Lo mejor es que estos cambios son tangibles, cuantificables, observables. Somos testigos de su origen y de sus mutaciones.

 

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