Así navegan las arañas la electricidad del aire

Las arañas, que son de los mejores aviadores del reino animal, no tienen alas; pero gracias a la seda y la electricidad, pueden recorrer grandes distancias.

Es sabido que las arañas usan largos abanicos de seda para transportarse por el aire, a menudo cientos de kilómetros, en un proceso conocido como ‘vuelo en globo’. Sin embargo, lo que no se conocía hasta ahora es cómo lo hacían, si por el aire o por algún otro elemento atmosférico.

En un estudio reciente se comprobó que las arañas detectan la electricidad atmosférica y la utilizan para elevarse, gracias a sus largos hilos de seda, aunque no haya la más mínima brisa.

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Los investigadores de la Universidad de Bristol, en Inglaterra, han descubierto que las arañas son expertas navegantes de la electricidad del aire. Los campos eléctricos que detectan gracias a unos pelos en sus patas, les proporcionan elevación: levantan el abdomen, se inclinan y liberan un hilo de seda para dejarse llevar por la electricidad atmosférica.

 

El misterio que inició con la curiosidad de Darwin

Se sabe que en una ocasión, mientras Darwin viajaba en una embarcación, observó cómo cientos de arañas volaban de un nido y se maravilló porque despegaban de la nave a grandes velocidades, incluso en un día tranquilo y sin viento.

Según los científicos, de forma similar a como se levanta el cabello cuando se le frota con un globo, la seda de araña podría elevarse al aire por fuerzas electrostáticas naturales en la atmósfera. Estos campos eléctricos están presentes todo el tiempo en todo el mundo, pero sólo pueden observarse durante las tormentas eléctricas, cuando están en su punto más fuerte.

Casi 2 siglos después de que Darwin notara el extraño comportamiento de las arañas, que iban más allá del viento, su instinto fue confirmado. Una vez más, la naturaleza nos da un referente de las infinitas formas y posibilidades que existen para volar.



De la biodiversidad depende lo que comes (y de lo que comes depende la biodiversidad)

Una dialéctica de la naturaleza para comprender por qué defender la biodiversidad es urgente.

Todo esta interconectado: la vida se sustenta en los intercambios que día a día se realizan entre las 1,4 millones de especies vegetales y animales que poblamos la Tierra. Ya sea entre peces y aves, entre aves e insectos o entre insectos y flores… todos tenemos una relación de dependencia mutua, porque la naturaleza es un gran organismo vivo. Y eso es la biodiversidad.

De este delicado equilibrio depende una de las cuestiones clave de la vida:
la alimentación.

Mucho hemos oído de la “cadena trófica”, o “cadena alimenticia”, y normalmente la concebimos como un proceso que sucede en un ecosistema dado. No obstante, si pensamos a la naturaleza como un gran todo holístico, también podemos pensar que el planeta entero tiene su propia gran cadena trófica. Ésta cadena vendría siendo la biodiversidad total de planeta, de la cual depende también nuestra alimentación. Así que también depende de ello nuestra cultura, pues mucho de ella se sustenta en la variedad alimenticia.

La biodiversidad es clave para la agricultura y la producción de alimentos.
Por tanto, también lo es de nuestra cultura.

Si de la biodiversidad depende nuestra alimentación eso quiere decir que de nuestra alimentación también depende la biodiversidad. Sería muy arrogante pensar que nosotros estamos fuera de esta gran cadena trófica que une a todas las especies. No hay mejor ejemplo de ello que los cultivos de arroz. Porque los arrozales, según ha podido comprobar la FAO, son un microcosmos de vida. Ahí se han encontrado 700 especies de insectos y otros organismos.

Así que no somos sólo un mal para el planeta, siempre y cuando la agricultura como práctica no se entrometa con los ciclos de la naturaleza –algo que, lamentablemente, ocurre cada vez con más frecuencia–. Pero en la dialéctica que supone la biodiversidad, nosotros también somos necesarios. Si queremos conservar esta cadena trófica funcionando y seguir nutriéndonos como es necesario, defender la biodiversidad es un imperativo.

¿Qué está poniendo en riesgo a la biodiversidad?

El alto consumo de carne

Según la WWF, los cultivos para alimentar al ganado dañan el ecosistema. Esto ha ocasionado la extinción de más de 30 especies en el mundo. Es por ello que comer menos carne verdaderamente salva especies y ecosistemas. Por tanto, es una forma de proteger la biodiversidad y asegurar nuestra alimentación, que no debe basarse en la proteína animal.

La modificación genética

La tecnología genética pretende adueñarse de la naturaleza, e incluso de sus bases más profundas. Y por si eso no fuese suficiente motivo de indignación, hay que agregar que, a dicho crimen, se suma el hecho de que los transgénicos son una sentencia de muerte para cientos de cultivos. Entre ellos las 64 razas de maíz que hay en México, ya que el maíz modificado es capaz de matar y sustituir a las especies nativas para siempre.

Por eso es muy importante evadir a toda costa los transgénicos. Comprar orgánico es la mejor forma de hacerlo, y de paso le estaremos haciendo un bien a nuestro organismo.

El uso desmedido de pesticidas químicos

La ONU ha sido tajante: los pesticidas son catastróficos para el ambiente, para la salud humana y la sociedad. Éstos sólo han provocado colapsos en miles de cultivos alrededor del mundo, ya que matan indiscriminadamente a toda la población de insectos en los cultivos: incluso aquellos que son necesarios para la salud de las plantas y la tierra. Además, contaminan a los ecosistemas más allá de las granjas, desestabilizándolos por completo.

La poca variación en lo que comemos

Según la FAO, sólo 14 especies de mamíferos y aves componen el 90 por ciento del suministro de alimentos de origen animal que consumen las personas. Y apenas cuatro especies –el trigo, el maíz, el arroz y las patatas– proporcionan la mitad de la energía que obtenemos de las plantas. Estas prácticas, al no promover la diversidad genética, pueden provocar colapsos ambientales a mediano plazo, algunos de los cuales ya se han dejado sentir.

Por eso es importante variar lo más posible nuestra propia dieta y, sobre todo, incluir insectos en ella. Entre otras cosas, los insectos son el alimento del futuro por ser de gran ayuda para conservar la biodiversidad.

Un planeta biodiverso es un planeta donde todos los seres vivos podemos alimentarnos dignamente.

*Imágenes: 1) BiodiversidadLA; 2) Madras Courier; 3) Neil Palmer



Evolución también es conocer las nuevas especies del siglo XXI

La evolución no es sólo mirar a las especies ya extintas, como los dinosaurios, sino también conocer las nuevas especies que han surgido en los últimos años.

Al pensar en la evolución nos vienen a la mente imágenes de dinosaurios, el rostro de Darwin o fotos en blanco y negro de animales que ya no viven en la Tierra. Sin embargo, reflexionar sobre la evolución también significa abrir los brazos a las nuevas especies, tan recientes que las vimos nacer hace pocos años o décadas.

La evolución encierra aún numerosos misterios. ¿Por qué hay especies que han cambiado vertiginosamente, mientras que otras permanecen casi intactas? Por ejemplo, los cocodrilos parecen ser los mismos que vivían hace 230 millones de años, al igual que los nautilos, que habitan nuestro planeta desde hace 500 millones de años. Y se siguen encontrando nuevos fósiles vivientes, como los camarones “jurásicos”.

Hoy se sabe que algunos fenómenos “echan a andar” la evolución, por ejemplo, los cambios geográficos o los cambios en el medioambiente. También se pueden separar las especies por diferencias morfológicas (por ejemplo, la forma de sus órganos reproductores) o por su comportamiento (hay dos subespecies de erizo de mar que desovan en diferentes épocas: una en verano y otra en invierno; es por ello que nunca se aparean entre sí, por lo cual es probable que algún día se conviertan en especies distintas).

Por otro lado, hay especies que se están uniendo. Generalmente, los híbridos son estériles (como la cruza entre un caballo y un burro, una mula estéril), pero hay veces en las que de una cruza puede surgir una tercera especie.

Por ejemplo, una de las nuevas especies es una variedad de flor mono, Mimulus peregrinus, que crece en el Reino Unido. Apareció hace menos de 140 años, tal vez incluso en la época de Charles Darwin.

Aún más reciente, tan sólo de la década de 1900, es la flor Senecio Cambrensis, que también se originó en el Reino Unido, o las flores Tragopogon mirus y T. miscellus, que aparecieron en Washington (Estados Unidos). Estas tres flores son, igualmente, el resultado de procesos de hibridación.

Según un estudio publicado en la revista Molecular Ecology, la aparición de estas nuevas flores sugiere que en la naturaleza surgen frecuentemente nuevas especies.

Lo mejor es que estos cambios son tangibles, cuantificables, observables. Somos testigos de su origen y de sus mutaciones.

 

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