Aprender unos de otros: la valiosa ventaja evolutiva que tenemos como humanidad

Socializar el conocimiento nos dio muchas ventajas, pero también enormes responsabilidades.

Muchos animales pueden aprender, por ejemplo, a no comer ciertos alimentos o a evitar ciertas zonas donde abundan los depredadores. Pero la capacidad de transformar la información en conocimiento que tenemos los humanos es una creación única en la naturaleza, y según el médico y sociólogo Nicholas A. Christakis, también representó una ventaja evolutiva.

Christakis habla específicamente del aprendizaje social, la capacidad innata que tenemos los humanos de aprender unos de otros.

El ejemplo más claro es el fuego: podemos acercar la mano a la flama y quemarnos, a costa de sufrir el dolor; pero también podemos observar a otros y aprender de sus aciertos tanto como de sus errores.

Aún más, el aprendizaje social es lo que permitiría, según Christakis, la capacidad de hacer cultura: el poder transmitir los conocimientos de áreas muy diversas a través del tiempo y el espacio.

aprendizaje evolucion seres humanos
Oldřich Kulhánek

Organizar conocimientos ha dado lugar a las técnicas, las artes y las ciencias, que en algún momento nos permitieron aprovechar nuestro conocimiento social del entorno y utilizarlo a nuestro favor, como en la invención de la agricultura o del lenguaje escrito.

Pero estas ventajas, siguiendo a Christakis, vienen con una responsabilidad política. Pues, ¿cómo vamos a adquirir nueva información para establecer la verdad de nuestro entorno si no apoyamos espacios seguros para aprender y enseñar?

Visto de manera muy general, las más preciadas libertades políticas de la democracia dependen de esta capacidad para aprender unos de otros: la libertad de reunión, la libertad de expresión, la libertad de culto y de organización, por nombrar sólo algunas, dependen de nuestra capacidad para transmitir o comunicar, así como de nuestra capacidad para recibir y responder a esta información.

Por eso compartimos (en la economía de shares, incluso) lo que nos transforma, lo que nos hace cambiar la manera en que percibimos cualquier aspecto del entorno.

Es por ello que la educación debe protegerse a toda costa: la libertad de un profesor para dar cátedra, de un editor para publicar un periódico, o de un grupo de obreros para formar un sindicato (o un club de fans de Game of Thrones) son la base para formarnos como ciudadanos activos y en nuestras áreas de interés, sean cual sean.

El aprendizaje social como ventaja evolutiva no es otra cosa que la curiosidad, esa necesidad de dejarnos sorprender por nuestros alrededores: de transformar el mundo y de ser transformados también en el proceso.

 

* Fotografía principal: Alison Scarpulla



Mother Earth’s Plantasia: música para dar amor a tus plantas

Dale amor a tus plantas: este álbum de spaceambient botánico, compuesto por Mort Ganson, será una caricia sonora para ellas.

Warm Earth Music for Plants…

and the People Who Love Them.

“Cálida música terrenal para plantas… y para aquellos que las aman”. Así se autodefinía un álbum lanzado en 1976, y que terminaría por convertirse en una obra de culto botánico musical. Creado por Mort Garson, un extraño amante del sintetizador Moog y de los desdoblamientos ocultistas propios de esa tribu, Mother Earth’s Plantasia es una rara gema de la electrónica setentera. 

La relación entre música y plantas es estrecha; a fin de cuentas se trata de los dos más gratos acompañantes que un ser humano tiene a sus disposición –quizá junto a los libros y los perros–. Y en esta historia compartida, compuesta por innumerables episodios y encuentros, Plantasia tiene un lugar especial. 

Inspirado en un exótico bestseller de esa época, The Secret Life of Plants (1973), que advertía, entre otras cosas, las francas propiedades telepáticas de las plantas, Garson decidió componer un álbum explícitamente para ellas: una serie de caricias sonoras que estimularan su prosperidad y satisfacción. El resultado, como lo imaginarás, es un experimento de alta sensorialidad, multicolorido y, en esencia, exuberante. 

¿Qué música disfrutan las plantas?

Pues la respuesta de Garson sería: una pócima herbal sonorizada entre el ambient psicodélico, la astralidad vintage y una exploración trascendental a través de los sintetizadores. Pero hay otras respuestas también, por ejemplo las que propone Dorothy Retallack, en su libro The sound of music and plants –y en todo caso, lo mejor sería preguntarlo a ellas–.

Pero, además de probablemente regocijar a las plantas, Plantasia destaca por su capacidad de evocar, al menos entre su público secundario, los humanos, vibrantes emociones y paisajes. Imagina, por ejemplo, coquetear dentro de un elevador abandonado, tomado por una gran familia de helechos , cuyas hojas cubren un sensual estampado de época en sus muros, mientras suena de fondo “Baby’s Tears Blues”.

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Si bien Plantasia forjó ya sn lugar en la memoria musical, ahora su eco se refresca con el reciente relanzamniento del vinilo, por la disquera Sacred Bones Records –gesto que aplaudimos pues atender este disco en la actualidad conlleva una dosis de contracultura medicinal–. 

Herman Hesse decía, en el caso de los árboles, que “Quien sabe hablar con ellos, quien sabe escucharles, aprende la verdad”. Si esto aplica también para la plantas, entonces Garson estaría, al facilitar una conversación con ellas, lubricando la evolución metafísica de nuestra especie. Y si no, entonces lo menos que Plantasia merece es que lo riegues hoy a tus plantas y luego sigas con tu vida.    

 

 

Javier Barros del Villar
Autor: Javier Barros del Villar
Editor digital. Toma té.


¿Es posible predecir sismos a través del campo magnético terrestre?

Científicos chilenos buscan crear una red de magnetómetros que pueda aprender y predecir eventos sísmicos de gran magnitud, lo que podría salvar incontables vidas humanas.

Un equipo de investigadores de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile publicaron una revolucionaria investigación en la revista Advances in Space Research. Ahí explican la relación entre los eventos sísmicos de gran magnitud y el campo magnético terrestre.

Enrique Cordaro tiene formación en física, matemáticas e ingeniería; sin embargo, ha estudiado los sismos y terremotos durante más de medio siglo a través del campo magnético de nuestro planeta.

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Enrique Cordaro afirma que, con las herramientas adecuadas, podríamos predecir sismos con más de 1 mes de anticipación.

Su investigación ha demostrado que “sí existe una relación entre las variaciones del campo [electromagnético de la Tierra] y la incidencia de los sismos”.

Gracias a una red de magnetómetros y medidores de neutrones de fabricación chilena, los investigadores lograron medir las variaciones del campo magnético de nuestro planeta, entre la línea del ecuador y la Antártida, durante las últimas 5 décadas.

En sismos como el de Japón (2011), Sumatra (2005) y Maule (2010), las ondas electromagnéticas del campo terrestre se debilitaron. Y no sólo eso: a decir de Cordaro, en los tres eventos las ondas “tenían la misma frecuencia”.

 

¿Qué tiene que ver el campo magnético con los sismos?

Los cuerpos estelares desarrollan naturalmente un campo magnético que se origina (en el caso de planetas como el nuestro) en el núcleo, entre los 1500 y 5000 kilómetros de profundidad. Este campo protege a los planetas de las partículas provenientes del espacio exterior.

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Esquema del campo magnético terrestre (U. de Chile)

Pero a nivel interno, cuando las placas tectónicas de la Tierra se mueven, el campo magnético de la zona sísmica muestra una menor intensidad de onda. Según Cordaro, en el centro de la Tierra:

se produce una intensidad de 300 tesla pero en la superficie de la Tierra las ondas que medimos tienen unas 20 nanotesla.

La investigación de Cordaro y su equipo tomó en cuenta datos sobre la rigidez geomagnética de la anomalía magnética atlántica, fenómeno natural del hemisferio sur, además de variables como el viento y el ciclo solar.

Sin embargo, la falta de financiamiento para la investigación científica de los sismos podría evitar el desarrollo de nuevos instrumentos de alerta temprana (que podrían salvar incontables vidas humanas y millones de dólares).

 

¿Será posible predecir los sismos?

Cordaro afirma que con este sistema será posible anticipar sismos de gran magnitud no sólo con minutos de anticipación, sino prácticamente con meses. Para las zonas que tomó como referencia, los científicos podrían anticiparse “30 días en Sudamérica, 106 días en Sumatra y 20 días en Japón”.

El objetivo de los investigadores es convencer a los gobiernos y a la iniciativa privada de invertir en una red de magnetómetros que funcionan como neuronas de un gran sistema capaz de medir la interrelación entre los sismos y el magnetismo terrestre. Cordaro explicó en una entrevista que la falta de financiamiento había resultado “asfixiante”:

Queremos que nuestros magnetómetros funcionen como neuronas y comunicarlos entre ellos mediante Machine Learning, con la finalidad de poder predecir los sismos […] Necesitamos que el gobierno y los privados nos escuchen, este trabajo podría salvar vidas y millones de dólares en pérdidas materiales.

Se estima que, a nivel mundial, 2,700 millones de seres humanos viven en zonas sísmicas; esto es, uno de cada tres humanos vive en una zona propensa a sufrir los embates de sismos de gran magnitud.

Los sismos y terremotos son eventos fuera del control y la previsión humanos, que pueden causar grandes daños a nivel material y social. Si bien algunos países han desarrollado sistemas de alerta temprana para avisar a la población, comprender a fondo los fenómenos telúricos de nuestro planeta es el primer paso para poder enfrentarnos a ellos en el futuro.