La mayor virtud de la música no es sólo pertenecer al mundo del arte, sino ser un lenguaje universal que todos podemos entender y a través de cuyos ritmos nos fundimos con el cosmos. Por eso, bien dijo Víctor Hugo que la música expresa lo que no puede ser puesto en palabras, pero que tampoco puede permanecer en silencio.

Sin embargo, este lenguaje universal tiene su propia gramática, y es fascinante. Aunque para disfrutar de la música no tenemos, necesariamente, que “aprender a escuchar música”: de hecho, si algo hace mágica a la música es que nadie ha podido explicarse su trascendencia en la vida humana –aunque algunos creen que tiene funciones evolutivas–. Lo que es seguro es que parte de su encanto es, precisamente, que podamos entenderla pese a su complejidad, sin ningún tipo de teoría previa.

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Aun así, darnos un tiempo para estudiar las bases de la música –ritmo, melodía, armonía, tono– sin duda aporta a nuestra evolución. Intentar comprender este arte es un gran ejercicio para el cerebro, que indudablemente resulta estimulado. Y además, ello abrirá tus percepciones auditivas como quizá nunca pensaste que sería posible.

Así que te invitamos a que te des un tiempo para aprender a escuchar música y a ampliar tus conocimientos con estas clases de teoría musical que forman parte de los Open Yale Courses.

Te garantizamos que estas clases te transmitirán la pasión del genial profesor Craig Wright por la música. Wright, encargado del curso, insiste en que escuchar música no debe ser una actividad pasiva, sino activa y llena de recompensas.

¿Listo para escuchar música? Aquí hay algunas recomendaciones:

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* Imagen principal: Lusine – “Just A Cloud”