A este mundo llegamos solos, y solos partimos. Las cosas materiales se quedan, por más que uno se entierre con ellas. Las almas son lo único que se recibe en otros mundos, pero parece que un pedazo de ellas queda atrapado en el plano físico. Al menos, eso sucedió con el cuchillo de meteorito de Anthony Bourdain. 

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Neilson Barnard/Getty Images

Así ocurre con cada uno de nosotros: alimentamos el mundo físico con un toque de nosotros. Esto scuedió con Anthony Bourdain, el chef internacional que nutrió nuestros sueños culinarios con una narrativa tan particular como su ingenio y estilo. Una chaqueta relajada, una camisa sencilla y lentes oscuros —que ocultaban algunas veces las reacciones más absurdas del chef— eran parte del viaje a través de la visión de Bourdain para conocer el mundo.

La comida terminó por ser lo menos importante en la pirámide de las curiosidades del chef. Es cierto que a partir de ella logramos recorrer el mundo entero, pero lo que nos atrajo a fin de cuentas era él, Bourdain. Su presencia es y seguirá siendo única; pero no nos pongamos románticos, porque el legado del cronista cultural es rescatable y palpable. A más de 1 año de su muerte, ahora hemos podido acceder a las historias detrás de la magia culinaria de Anthony.

Una subasta de 202 objetos nos revela la vesania más cautivadora de la vida del viajero. Entre los objetos se encuentran: relojes Rolex, ilustraciones de arte, chamarras, DVDs y un cuchillo único en su especie que alberga una de las historias más cósmicas y legendarias de su carrera. 

 

El cuchillo de meteorito de Anthony Bourdain

Todo chef necesita un cuchillo, pero si es un cuchillo para Anthony Bourdain no podía ser un utensilio cualquiera, y el único que podía construir algo así es Bob Kramer: la “estrella del rock” de los cuchillos (como lo llamaba el chef). Este cuchillero estadounidense que abrió su primera tienda en Seattle en 1993 fue el invitado especial del programa Raw Craft que conducía Anthony. El episodio es magnífico sólo por el humor de ambos, pero de ahí nació el famoso cuchillo que hoy se subasta en unos 50,000 dólares.

 

Siendo específicos, el cuchillo no fue creado en ese momento, pero la complicidad entre los creadores se originó ahí. Este utensilio es arte con función culinaria, un experimento de química que resultó en un objeto trabajado con toques cósmicos. Kramer es reconocido por fabricar cuchillos que bien podrían pertenecer a una colección de espadas samurái: podría admirarse en lugar de desgastarlo cortando zanahorias, pero eso sólo lo harían los aburridos.

La materia prima del cuchillo es meteorito puro (algo que Kramer dice conseguir fácilmente en eBay). No hay material más resistente en la Tierra que un meteorito; tenía lógica que el cuchillo se fabricara con grandes rocas que impactan en la superficie, porque una patata no es fácil de cortar.

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Está bien: tal vez no se necesitaba una base de meteorito para la navaja, pero era un cuchillo para Anthony Bourdain y utilizar hojas simples era absurdo. Kramer decidió aprovechar los restos cósmicos para crear algo fuera de este planeta, pero el chef tenía que esperar a que le tocara su turno.

Como en todos los productos de buena calidad hay lista de espera, y Kramer no haría una excepción sólo por tener a Bourdain en su taller, tuvo que esperar. Poco después, el momento llegó y Kramer, junto a Bourdain, dio vida al cuchillo cósmico.

Dos semanas fue lo que el chuchillero tardó en crear el utensilio de cocinero de acero de 10 pulgadas con meteorito. En menos de 2 días la madera del mango ya estaba elegida y la vaina de cocobolo tradicional también. Kramer tenía muy claro cómo sería el arma blanca de Bourdain: algo viejo con calidad. Eso era lo que le gustaba al chef, y lo llevaba a todos lados: en sus gafas, en sus chaquetas, en su estilo, incluso en los lugares que visitaba.

 

El utensilio es Bourdain por donde lo veamos, excepto por la marca Kramer que tiene inscrita. Ese es el legado del chef, un cuchillo de otro mundo que obtuvo por 5,000 dólares (un precio fijo que Kramer sólo le otorgó a él). Esta reliquia cósmica se une a la serie de objetos subastados que rebasan en significado el precio en que se venden.

El impacto de Anthony Bourdain en la sociedad es inmenso, ni siquiera esas curiosas cosas provenientes del espacio y de otros lugares del mundo abarcan por completo su gran humor en la cocina o en la televisión. Pero al menos, estas cosas ayudan a mantenerlo vivo en este plano. Este podría ser el pretexto para que nos pongamos a pensar sobre los objetos como una parte de nosotros que dejamos en la Tierra.

 

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