Ojos azules, un ligero delineado negro, una boina o sombrero y, por último, un flequillo. Ésa era Anna Karina. La joven danesa que se convirtió en el símbolo del cine francés falleció el pasado 14 de diciembre, a la edad de 79 años. 

Una mujer es una mujer o El pequeño soldado son el reflejo de la apasionada historia de un cine que resaltó gracias a la espontaneidad de Anna Karina, una joven con una mirada profunda y de belleza incomparable que fue perfecta para llevar a la pantalla grande el movimiento cinematográfico de la nouvelle vague.

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Jack Garofalo

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La pasión, el romance y el crimen eran los temas que se explotaban en las cintas que protagonizaba la actriz. Con un talento innato para destellar los aspectos más estéticos y profundos de una mujer, Karina se convirtió en un símbolo para el público francés y, hoy en día, para todos los amantes del cine.

Su naturalidad se hizo parte de su trabajo desde los primeros filmes en los que participó y produjo. La fama no era algo relevante; en cada proyecto, Anna buscaba explotar el valor de todo aquello que hacía posible una película y otorgarle un sentido verdadero.

Pero su historia frente a las cámaras no comenzó con el cine. Anna Karina (en realidad, Hanne Karin Blarke Bayer) fue modelo para la revista Elle, en donde conoció a la afamada Coco Chanel –quien, por cierto, le sugirió que utilizara el nombre de Anna Karina–. Este primer contacto entre ambas artistas marcaría un nuevo destino para Karina.

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Dedicada a aprender francés para convertirse en una maravillosa intérprete, la joven apasionada pasaba horas en las salas de cine repitiendo todo lo que los actores franceses decían, para después crear filmes prodigiosos junto a su exesposo, Jean-Luc Godard

Tras ser reconocida como el rostro de la nouvelle vague, decidió desarrollar una faceta de cantante y después escribió unas cuantas novelas. Esta inspiración continua por experimentar permitió que dirigiera dos películas: Vivre ensemble y Victoria. Sin embargo, la fuerte carcasa de la industria cinematográfica de ese tiempo impidió que los filmes crecieran.

Pero ella recuerda que lo había hecho para demostrarse que podía. Anna Karina era algo más que la joven protagonista de las películas de Godard y otros. Ella era inspiración única que trabajaba para sí misma.

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Jean Marie Leroy / Getty Images

Siempre convincente con sus creencias y valores, Karina decidió los caminos que marcarían su carrera, segura de escoger quién disfrutaba de su polifacético talento y quién no, para así transformar el cine francés y el arquetipo de lo femenino en aquella época.

Así fue su historia; la de una joven danesa que huyendo de su país encontró y conquistó la imaginación de un público devoto y apasionado en París. Anna Karina fue esa explosión de sentidos y sensaciones que le dio a los tiempos complejos de Europa un renacer en la imaginación del cine.

 

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