Desde el Parque Nacional Bouba Ndjidah en Camerún hasta el Parque Nacional Amboseli en Kenia resuenan las pérdidas de miles de elefantes a manos del comercio ilegal de marfil. En las trincheras ambientales resuena como un tema de conservación, en la cultura se traduce en eboraria y para el comercio se trata de millones de ganancias.

Todas estas aristas se reúnen entorno a los elefantes, majestuosos seres que desde décadas atrás sufren el escrutinio de la caza furtiva. Las causas son diversas y comprenden desde costumbres milenarias como el tallado de figuras sobre los colmillos hasta lucrativos comerciantes de joyas, remedios medicinales y piezas de arte.

Parecería un asunto local, algo que África tiene que resolver. Pero, la realidad es que la conservación de los elefantes depende de muchos países en el mundo y de las políticas que apliquen sus gobiernos para intentar detener la caza lucrativa de estos animales.

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La prohibición del comercio de marfil en el mundo

En el mundo se conoce al marfil como “oro blanco”. Legendarios colmillos que en esencia producen muerte. El símbolo de una lucha que se vive desde 1989 con la prohibición mundial del tráfico de marfil, la cual auguraba un escenario favorable para los elefantes, pero que hasta ahora parece interminable.

En los últimos años, distintas matanzas a elefantes comprueban el mercado ilegal de marfil sigue vigente. Pero esto no es un secreto. En una parte del planeta el marfil está prohibido, pero en otros se vuelve parte del atractivo cultural.

Aquí es donde entra la CITES como una pieza importante en el mapa de conservación. La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, mejor conocida como CITES, es la encargada de regular el marco jurídico internacional sobre los procedimientos del comercio internacional de especies.

Esto significa que vela por la seguridad de las especies y plantas que integran sus Apéndices (o listas) de exportación, reexportación e importación a nivel mundial. Asimismo, administra permisos y certificados con el objetivo de evitar amenazas en el equilibrio de las especies.

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De la teoría a la práctica

Desde el panorama internacional, la CITES funciona a la perfección. México, por ejemplo, se integró a la convención el 2 de julio de 1991 con un impulso certero de proteger la biodiversidad y su comercio. Al día de hoy el panorama ambiental revela un claro fracaso.

En Kenia, cuna de los elefantes, la ley de prohibición de comercio ilegal de marfil impulsada en 1989 no alcanza a cubrir la dura realidad. En España el marfil es legal si está acompañado de un certificado de la CITES o si un experto valida que la pieza es antigua, en ese caso no se requiere el documento.

Por otro lado, Japón cuenta con el mercado legal de marfil más grande del mundo, el cual está respaldado por el alto comercio en la Unión Europea. En Vietnam, el comercio ilegal de marfil se extiende hasta 105 toneladas, es decir, alrededor de 15,779 elefantes sin vida.

Los efectos de la caza furtiva y el mercado ilegal de especies se extiende. Los elefantes no son los únicos de valor en el mercado negro, se les unen tigres, jaguares, rinocerontes, pangolines, tiburones y mucho más.

Hasta este punto es reconocible que hay lagunas en las regulaciones de la CITES. En los mercados legales o ilegales se vislumbran las fallas de las políticas internacionales sobre la protección y conservación de la biodiversidad ¿cómo lo detenemos? Dejemos de consumir, comprar y en sus efectos comercializar animales. Después de todo, nosotros somos el mercado.

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RTVE