Las imágenes de las lechuzas a menudo se asocian con el misterio de los bosques, situadas en medio de las ramas escondidas de los árboles, desde las alturas observan con sus grandes ojos. Su actividad es más nocturna y pocas veces se les observa a pleno rayo del sol. Pero siempre existen ocasiones excepcionales donde todo parece ir en contra de lo cotidiano, salvo que nadie se percata de ellas, al menos hasta que alguien tiene en su poder una cámara en el momento justo para capturar las situaciones menos esperadas. La fotógrafa Hannie Heere tuvo un golpe de suerte y captó a una lechuza que parece estar llegando tarde a algún sitio cualquiera.

lechuza volando

A menudo los humanos tendemos a antropomorfizar a todas las criaturas, las colocamos en situaciones cotidianas por las que pasaría cualquier persona. Por ello cuando en la novela de Lewis Caroll ‘Alicia en el país de las maravillas’, se observa al conejo ir de un sitio a otro con demasiada prisa con reloj en mano, nos parece más gracioso que escalofriante. Sin embargo, la lógica detrás de ello desde luego que no tiene razón de ser, por eso se trata de un cuento que escapa a la realidad.

La vida secreta de los bosques 

Existen situaciones que pocas veces se producen y que evocan a situaciones similares en los cuentos. Puede suceder que, en medio del bosque, donde nadie perturba a la naturaleza y donde los animales viven sin que nadie observe sus acciones, se presenten las situaciones más inesperadas que parecen salidas de un cuento. Tres ositos disfrutando de una tarde recreativa con su madre, mientras bailan al compás de las melodías del bosque, parece más una fábula que una situación real. No obstante, un amante de la exploración natural tuvo la suerte de colocarse en el momento indicado y con una lente a la mano, para capturar esta situación que quedó plasmada en fotografía.

Lo mismo sucedió recientemente con una pequeña lechuza que parece estar llegando tarde a algún lugar. Tal como el conejo de ‘Alicia en el país de las maravillas’, parece correr por la hierba verde en plena luz del día. Con una pose llamativa que evoca a una persona caminando con bastante apuro, la lechuza hace evidente aspectos de su cuerpo que poco se observan en estas aves. La pequeña es de un blanco prístino y una apariencia esponjosa gracias a que todavía conserva su plumón. Aunque más tarde su textura algodonosa será remplazada por plumas a medida que crezca y comience a batir sus alas. Pero lo que llama la atención son sus largas patas que evocan a las piernas humanas y que pocas veces se les puede observar debido a que las recubren con sus grandes plumajes.

lechuza llegando tarde
Hannie Heere

Una mañana para entrenar 

Antes de aprender a volar, las lechuzas trabajan arduamente en el desarrollo de sus músculos. Sólo de esta manera tendrán la fuerza suficiente para batir el vuelo de sus grandes alas, alrededor de las ocho semanas de nacidas. Y parece que esta pequeña decidió salir a entrenar esa mañana y estirar un poco las patas. Situación que quedó plasmada en una instantánea muy peculiar, donde parece que la pequeña lechuza va caminando apremiada por llegar tarde a algún lugar.