En el corazón del Pacífico Norte, más hacia las zonas gélidas del Ártico, se encuentra una serie de pequeñas islas que pertenecen a la Alaska salvaje. Las siete islas remotas cuyo acceso es muy complicado, forman parte del Santuario de Caza de la Islas de las Morsas en Alaska. La más conocida de ellas es Round Island, la isla donde se puede escuchar a las morsas cantando sobre la playa, donde pasan el tiempo para recuperarse tras la época de apareamiento.

Santuarios de arrastre de la morsa del Pacífico 

El Santuario de Caza de las Islas Morsa está conformado en total por siete islas donde se protege la vida de estos mamíferos. Formado por Round Island, Summit Island, Crooked Island, High Island, Black Rock y The Twins, desde 1960 el santuario se encarga de preservar la biodiversidad marina. Su objetivo principal es proteger uno de los sitios de arrastre terrestre más grande América del Norte para la morsa del pacífico.

morsas de Alaska

Cada verano un gran número de morsas macho se reúnen en las costas de las pequeñas islas, para recuperarse tras la temporada de apareamiento. Mientras que las hembras se dirigen más hacia el norte, con el borde del hielo en retroceso, en busca de un sitio adecuado para dar a la luz a sus pequeñas crías.

Las morsas son animales gregarios, viven en grupos de grandes números y están costumbrados al contacto entre ellos mismos. Así que llegan hasta las islas del santuario en grandes grupos para luego apilarse en la arena. No es una fácil travesía por la que deben pasar antes de llegar al sitio adecuado para su descanso. Nadar en aguas heladas durante largos periodos tiene sus consecuencias y conforme van saliendo del mar, se les puede apreciar un color rosáceo en la piel. Esto es por el contacto constante con las aguas a temperaturas extremas. Pero una vez que se mantienen en descanso en las costas, poco a poco recuperan su color oscuro a medida que la circulación sanguínea se reactiva hacía sus extremidades.

Un cántico marino embelesador 

De todas las islas que conforman el santuario, Round Island es quizá la más importante de ellas. Incluso se puede llegar hasta ella, aunque claro que no de una manera sencilla. Pero todo aquel que desee observar la inefable naturaleza del ecosistema gélido de Alaska puede llegar hasta ella para deleitar su vista con los miles de ejemplares de morsa que llegan hasta ahí cada primavera. Los más experimentados campistas tienen permitido instalarse por unos días para vivir la experiencia natural en todo su esplendor.

isla de morsas en Alaska

Quienes se atreven a llegar hasta Round Island, deben abrazar el silencio y renunciar a los sonidos estruendosos. Las morsas pese a que son animales de casi una tonelada de peso, con diez centímetros de grosor de piel y grandes y afilados colmillos, son de hecho muy vulnerables al sonido. Cualquier estruendo producirá una trifulca de morsas que intentan llegar rápidamente al mar para resguardarse. Pero son animales tan grandes y pesados que muchos pueden morir en el alboroto, por lo que los visitantes del santuario deben adoptar la tranquilidad del silencio.

El único sonido que embelesa los oídos de los campistas que se atreven a llegar hasta Alaska, además de las olas del mar, es el cántico de las morsas. Un cántico como ningún otro en el mundo que asemeja a una canción metálica proveniente de una campana pero mucho más suave. La isla Round Island es uno de los paraísos más remotos de la Alaska salvaje y uno donde se puede apreciar a las morsas en su máximo esplendor. Empaparse de su extraña belleza y compartir el mismo aire que estos animales, hace más real la necesidad de proteger nuestro planeta, el único donde habita tal sublime forma de vida.