El quetzal es el ave que representa por excelencia el corazón de las culturas prehispánicas. Con su gran plumaje y su figura sumamente peculiar, el quetzal y su imponente plumaje son la manifestación clara de la indómita naturaleza. Pero la gran figura del quetzal para culturas prehispánicas, representa mucho más que un ave, es el corazón de su cultura y cosmovisión. El claro ejemplo de ello es la constitución del penacho más famoso, el penacho de Moctezuma que se alza con el poderoso plumaje de esta ave. La historia del quetzal es de gran valor e identidad para aquellos descendientes de las culturas prehispánicas.

quetzal

Quetzalcóatl, el dios del aire 

En la cosmovisión de las culturas maya y azteca, el quetzal ocupaba un lugar muy importante. Esta ave de hermoso plumaje simbolizaba a la serpiente emplumada, el gran dios Quetzalcóatl que se encargaba de proteger el cielo y la tierra. Con su forma de serpiente, pero coronado con plumas de quetzal, Quetzalcóatl era el dios del aire. Una deidad que aparece recurrentemente como símbolo en las pirámides y representaciones de ambas culturas. Quizá la más famosa de estas representaciones sea la serpiente emplumada que desciende desde la pirámide desde la pirámide de Chichen Itza en pleno equinoccio de primavera.

serpiente empluada

Pero otra da las manifestaciones claras de que las culturas centroamericanas veneraban al quetzal, es el gran penacho de Moctezuma que está constituido con el iridiscente plumaje de esta ave. Para conseguir las largas plumas, debían capturar a ejemplares de quetzal y luego liberarlos. Estas aves eran sagradas para los mayas y aztecas, así que matar a un quetzal estaba considerado un crimen imperdonable que se castigaba con pena de muerte.

penacho de Moctezuma
Penacho de Moctezuma

La historia del quetzal

Encontrar a ejemplares de quetzal no era una tarea sencilla y lo sigue siendo hasta hoy en día. Estas aves de gran belleza, se internan en los bosques húmedos donde la abundante maleza y nubosidad no permite la visibilidad para identificarlos rápidamente pese a su vistoso plumaje. Por esta razón, cuando los españoles tocaron suelo centroamericano, pensaron que la existencia del quetzal estaba basada en la imaginación de las culturas prehispánicas. No fue hasta el siglo XVIII cuando el naturalista José Mariano Mociño, durante una expedición botánica, descubrió a un ejemplar de quetzal en la selva chiapaneca.

quetzal volando

Más tarde, en 1832, el naturalista Pablo de la Llave, se encargó de nombrarlo y clasificarlo por primera vez. Se le dio el género de Pharomachrus procedente del griego antiguo pharos, ‘manta’, y makros, ‘largo’. La especie a su vez recibió el nombre de moccino proveniente del naturalista español.

Hoy en día el quetzal es el ave nacional de Guatemala y de hecho, se le ha nombrado así a la moneda nacional. Sigue siendo de suma importancia para los países donde alguna vez las culturas mesoamericanas se alzaron con gran ímpetu y nos legaron sus raíces. La historia del quetzal roza entre lo místico y la belleza de la naturaleza, su apariencia que despierta lo inimaginable ha formado parte de la identidad de millones de personas a lo largo y ancho de Centroamérica.