El discurso general puede focalizarse en un solo sentido; los mismos lugares, las mismas especies de animales, la atención dirigida siempre hacia la misma directriz. Pero si se logra cambiar la óptica, comienzan a destacarse detalles que antes no vimos, así reaparecen seres que antes creímos ausentes. Básicamente así es como funciona el Efecto Lázaro que más que un milagro, es la enorme capacidad de resiliencia de la naturaleza. Especies que se creyeron extintas por siglos, sólo eran invisibles al ojo humano y luego hacen su reaparición.

La última vez que los biólogos detectaron la presencia de un ratón Gould (Pseudomys gouldii), fue hace más de cien años, en 1895. Este roedor característico que antes habitaba comúnmente los parajes de Australia, un buen día desapareció de la vista del humano y se le consideró extinto. No obstante, 125 años después investigadores argumentan haber redescubierto a la especie, aunque esta vez en la pequeña isla de Shark, al oeste de Australia. Extrañamente el hallazgo se dio como parte de una serendipia, en realidad los científicos estaban analizando ADN de lo que ellos creían pertenecía a un ratón de la Bahía Shark. Pero luego se percataron de que se trataba de un Gould. La especie no se extinguió, sino que pasó desapercibida para los expertos.

efecto Lázaro
Ratón Gould

¿Qué es el Efecto Lázaro?

Casos como el anterior son sonados, aunque no digamos que frecuentemente para no demeritar el hecho de que la humanidad está ocasionando la extinción de cientos de especies. La cuestión es que la vastedad del mundo no le da alcance a los investigadores para monitorizar extenuantemente cada rincón. En ese sentido, se pierde mucha información relevante para categorizar a las especies que se cree han quedado extintas de la faz de la tierra pero que luego reaparecen, a esto se le llama Efecto Lázaro. Tiene su connotación en la Biblia, en el pasaje en que Jesucristo trae de regreso a la vida a Lázaro de Betania.

¿Por qué sucede esto? Según algunos especialistas como David Roberts de la Universidad de Kent y quien ha abordado el tema en diversas investigaciones, la culpa la tienen los datos. “Normalmente, los científicos usan los mejores datos disponibles para listar una especie como extinta. A veces se equivocan por culpa de la falta de datos”, dice Roberts. A veces la falta de evidencia de presencia de alguna especie se tergiversa como la extinción de la misma, pero en realidad sólo se trata de falta de datos.

efecto Lázaro
Tortuga Fernandina

Existen algunos casos significativos que ejemplifican muy bien el Efecto Lázaro. La tortuga de Fernandina de la Isla Galápagos, por ejemplo, se dio por extinta en 1906 cuando su último ejemplar conocido murió. No obstante, en 2019 encontraron una hembra de 90 años que los investigadores bautizaron como Fernanda. El ejemplar de tortuga comparte genes con su antecesor muerto hace más de un siglo y es posible que no sea la última de su especie.

Aunque hay que aclarar un punto aquí y ese es que, la falta de evidencia que deriva en la declaración de extinción, podría no ser certera, pero no significa que la destrucción de hábitats naturales no sea una amenaza emergente. En realidad, quiere decir que no hay tanta gente buscando especies allá afuera y además, que la naturaleza tiene una capacidad enorme de resiliencia.