Por más que insistamos, lo cierto es que somos mucho más parecidos a los animales de lo que nuestro antropocentrismo quisiera aceptar. Es así que muchos comportamientos de animales, tales como los elefantes, nos hacen pensar que merecen ser tratados como personas. Aunque quizá somos nosotros los que tenemos que ser más como los animales, y no al revés, tomando en cuenta que no sólo somos seres sociales, sino también biológicos.

Los animales nos pueden hacer redescubrir tantas cosas que incluso podrían hacernos repensar la cuestión de las sustancias psicoactivas. Y es que, ¿qué significa que la naturaleza también tenga sus junkies? ¿Qué lleva a algunos animales a alterar su conciencia? El hecho de que los animales usen sustancias psicoactivas nos hace afirmar, antes que nada, que los animales sí tienen conciencia.

Pero lo que resulta asombroso es que, en la mayoría de los casos, fuimos los seres humanos quienes aprendimos de los animales a usar estas sustancias. Según el médico Andrew Haynes, en muchas leyendas sobre rituales ancestrales alrededor del mundo se suele hacer referencia a los animales como aquellos que nos inspiraron a probar algunas de las sustancias psicoactivas más utilizadas en el mundo.

Esto demuestra que observar las formas como se desenvuelve la socialidad en comunidades animales es algo que nos puede enseñar mucho de nosotros mismos. En el caso de las sustancias psicoactivas, no cabe duda de que éstas –y nos gusten o no– han formado parte de la historia humana desde el principio de los tiempos. No por nada el filósofo Antonio Escohotado hizo su Historia general de las drogas. Ahora, saber más de estas sustancias a partir de la observación del mundo animal puede ser una oportunidad para ampliar nuestro conocimiento del tema, porque a decir de este filósofo:

No conocemos una cosa simplemente por padecerla en nuestra carne, sino cuando llegamos a entender de dónde nace.

Por eso aquí te presentamos a los animales más junkies, de acuerdo con el ensayo de Andrew Haynes publicado en Pharmaceutical Journal.

 

Renos

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El reno hace todo lo posible para buscar el hongo alucinógeno del agárico de mosca (Amanita muscaria), aquel de color rojo con manchas blancas. Comer el hongo hace que los renos se comporten como si estuvieran ebrios, y suelen correr sin rumbo y hacer ruidos extraños. La contracción de la cabeza también es común.

 

Jabalíes

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Estos cerdos salvajes desentierran y usan las raíces de la planta africana iboga (Tabernanthe iboga), la cual los hace relajarse y actuar apáticamente.

 

Ovejas de montaña

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En las Montañas Rocosas canadienses, se dice que las ovejas corren grandes riesgos para hacerse de un raro liquen psicoactivo. Al rasparlo de la superficie de la roca, puede no importarles lastimar sus dientes con tal de obtener la sustancia que las hará caminar de manera curiosa y relajará su cuerpo.

 

Caballos

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En las praderas del suroeste de Estados Unidos, los caballos y otros mamíferos de pastoreo pueden volverse adictos a las plantas que contienen alucinógenos, conocidas genéricamente como astragalus. Según se ha observado, los animales que las prueban pueden volver una y otra vez por una nueva dosis. Los síntomas incluyen alteración de la marcha, visión deficiente, comportamiento errático y apatía.

 

Jaguares

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En las selvas tropicales de América del Sur se ha filmado a jaguares que se comportan como gatitos después de roer las amargas raíces y la corteza del yage, una vid alucinógena que también usan las tribus nativas en ceremonias rituales. Algunos antropólogos creen que el hombre aprendió a usar la droga después de observar a los jaguares.

 

Aves migratorias

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Ha habido muchos informes de pájaros –como tordos y petirrojos– que chocan contra las ventanas tras alimentarse de frutas o bayas fermentadas durante el invierno. Algunas especies regresan deliberadamente por más de este elixir.

 

Llamas

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La leyenda peruana dice que las llamas que viajaban en las tierras bajas andinas masticaban hojas de coca porque las plantas de las que solían alimentarse no estaban disponibles. Sus cuidadores humanos notaron el efecto sostenido del consumo de estas hojas y copiaron a sus animales de carga.

 

Búfalos de agua

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Los animales también aprendieron a usar sustancias debido a nosotros. En el sureste asiático, algunos búfalos de agua buscan las amapolas que esperan a ser cosechadas. Al comerlas, los búfalos se vuelven dóciles y tienden a alejarse de las pequeñas manadas en las que normalmente se mueven.