Cada año cuando entra la temporada de otoño, miles de aves residentes de Norteamérica emprenden el vuelo en busca de sitios más cálidos que los resguarden del invierno boreal. Cerca de 340 especies comienzan su trayectoria migratoria hacia Centro y Suramérica, donde residirán desde septiembre hasta mediados de mayo. Mes en que finalmente regresarán a casa para la temporada reproductiva. No obstante, se enfrentan a la incidencia humana en sus hábitats naturales y obstáculos que el hombre pone en sus caminos. Este año, miles de aves amanecieron en las aceras de los rascacielos de Nueva York como consecuencia de la colisión contra sus cristales.

Impresionantes rutas migratorias

Las rutas migratorias son de suma importancia para la supervivencia de las especies, en algunas ocasiones atraviesan miles de kilómetros con distintos fines. En las aves de Norteamérica uno de las razones principales para que las aves emprendan el vuelo es el crudo invierno boreal. No obstante, la trayectoria que deben recorrer ha sido modificada por los humanos con grandes rascacielos que se alzan entre las nubes, generan contaminación lumínica y que año con año ocasionan la muerte de miles de aves que terminan colisionando contra sus enormes ventanales.

aves volando cerca de rascacielos

Por esta razón es que cada inicio de temporada de otoño, los cadáveres de miles de aves migratorias aparecen en las calles del corazón de Nueva York. Estos seres alados suelen transportarse de noche con la intención de evadir a posibles depredadores y experimentar mejores condiciones de vuelo. Emprenden su viaje en la oscuridad y se elevan a una altura promedio que va desde los 150 metros hasta los 600 metros sobre la superficie terrestre.

Una brújula cuántica que se deslumbra 

Durante muchos años el sentido de orientación de las aves sorprendió a los investigadores quiénes se preguntaban cómo es posible que sepan exactamente hacia dónde dirigirse. Ahora sabemos que poseen una especie de brújula cuántica en sus ojos que permite descifrar las líneas del campo electromagnético. Líneas con las que se guían para realizar grandes rutas migratorias.

No obstante, aunque su vista es audaz ante los campos magnéticos, no lo es ante la contaminación lumínica emitida por los rascacielos. Así que sus viajes que deberían ser en la oscuridad, son interrumpidos por los destellos provenientes de las luces de los grandes edificios que las desorientan. Como consecuencia muchas de las aves no pueden controlar su vuelo y terminan confundidas, colisionando contra los vidrios de los rascacielos.

La organización NYC Audubon, dedicada a proteger la vida y el hábitat de los animales silvestres de la ciudad, estima que cada año mueren entre 90 mil y 230 mil aves a consecuencia de los rascacielos. Tan sólo el One World Trade Center, el edificio más alto del continente, tiene una altura de 541 metros. Altura suficiente para interponerse en los pasos migratorios de las aves.

aves muertas estrelladas contra rascacielos
Melissa Breyer/NYC Audubon.

Fuera luces 

Ante el escenario de cientos de cadáveres que aparecieron recientemente en las aceras de Nueva York, la organización ha realizado un llamado importante. Ha exhortado al One World Trade Center a disminuir su iluminación durante la noche para no entorpecer el vuelo de las aves. De esta manera, las aves podrían ver más claramente y distinguir que se trata de una barrera sólida sin colisionar contra ella.

Otros rascacielos ya han implementado apagar las luces durante la noche para evitar colisiones de aves. En Filadelfia se puso en marcha el Lights Out Philly, un programa donde los edificios más altos de la ciudad, apagan sus luces durante los dos meses de la temporada migratoria. Pittsburgh también ha implementado programas similares, lo que significa que las miles de pérdidas de aves se pueden evitar con éxito. A final del día, los rascacielos forman parte de un escenario dibujado por el hombre, pero las aves llevan transitando miles de años por su medio natural.