Las cosas de todos los días, aquellas que nos pasan desapercibidas, suelen ser las que esconden procesos más complejos. Cada minuto ocurren en nuestro cuerpo decenas de funciones vitales, de las cuales ni siquiera sospechamos. Y sin embargo, son las que nos mantienen en el aquí y el ahora.

Escuchar es una de esas muchas habilidades que todos tenemos, y que nos permiten transitar la realidad. Cuando escuchamos, por ejemplo, las palabras de alguien con quien platicamos, sus palabras –que no son sino sonido– se convierten en oraciones, que pasan a nuestro cerebro en forma de pensamientos. Pero no sólo las palabras crean pensamientos, sino que cualquier tipo de sonidos y ruidos se codifican en el cerebro y nos hacen pensar. ¿Cómo ocurre esto?

Una preciosa animación, Odyssey of the Ear,
nos dice cómo el sonido viaja por el oído hasta nuestro cerebro.

En un mashup visual, que combina animación de siluetas, danza y live action, Odissey of the Ear devela de manera sofisticada los misterios de nuestro cerebro y nuestro sistema auditivo. Es tan preciso y a la vez simple y estimulante que forma parte de un curso de HarvardX –la plataforma online de esta universidad–, llamado Fundamentals of Neuroscience.  

Así que, ¿cómo un ruido se vuelve un pensamiento?

El proceso que convierte lo que escuchamos en pensamientos necesita de nuestras orejas –los “oídos externos”–, que recogen los sonidos del entorno, es decir, las vibraciones del mundo físico que producen variaciones en las ondas de sonido. Las ondas de sonido entran en el oído y pasan a través del canal auditivo, al final del cual golpean el tímpano, que funciona como un enorme tambor. El tímpano transfiere las vibraciones de las ondas de sonido a los osículos, tres pequeños huesos. Estos transmiten los sonidos al oído interno lleno de líquido a través de una membrana llamada “ventana oval”.

Dentro del oído interno está el órgano en forma de caracol conocido como la cóclea. Dentro de ésta se encuentra el órgano de Corti, y dentro del órgano de Corti hay miles de neuronas que reciben esta información. Las neuronas convierten la energía del movimiento ondulatorio en señales eléctricas que se comunican al nervio auditivo. Esta señal pasa por algunas estructuras muy profundas del cerebro hasta que llega a la corteza auditiva, donde el sonido se “codifica”, volviéndose más que simple ruido.

Así, este viaje enorme concluye en que tengamos toda suerte de pensamientos, desde los más banales hasta los más complejos. Tal es la “odisea del oído”.

Ahora que lo sabes, puedes agregar un poco de filosofía al asunto. ¿Cuál sería la diferencia entre sólo oír y escuchar, si ambos procesos implican la transformación de las ondas de sonido en pensamientos?