Una cosa es que las noticias falsas circulen por Internet y otra muy distinta, y mucho más grave, es que las difunda un mandatario. Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, ha asegurado a diestra y siniestra que la pandemia por el nuevo coronavirus no es algo que deba preocupar a los ciudadanos. Sin embargo, las y los expertos aseguran que la pandemia es un riesgo real y que, incluso, la intensa deforestación en la Amazonia podría ser una de las causas de esta crisis sanitaria.

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Luca Parmitano/NASA vía Associated Press

El ministro de Salud brasileño, Luiz Henrique Mandetta, ha insistido en la importancia de quedarse en casa. No obstante, se ha topado con una pared difícil de tirar. Desde 2019 Jair Bolsonaro desincentiva y descalifica las investigaciones científicas.

 

Deforestación con cara de incendios 

La gravedad de la deforestación en la Amazonia, el bosque tropical que abarca el noroeste de Brasil y que se extiende hasta Colombia, Perú y otros países de Sudamérica, es uno de los problemas más graves que hoy enfrenta el mundo entero, porque su labor de purificación tiene un impacto positivo en todos los continentes.

Al parecer, los incendios forestales facilitan la explotación territorial a cargo de Bolsonaro y, por ello, le tienen sin cuidado a pesar de la amenaza ecológica que representan. Desde sus primeros días de gobierno, el presidente ha tratado de cambiar las leyes que protegen los territorios naturales que históricamente han habitado y resguardado los indígenas.

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AFP

Asimismo, se ha registrado un aumento del 30.5% en los incendios forestales en el Amazonas brasileño con respecto al año anterior. Mientras tanto, Bolsonaro asegura que invertir en la protección de este lugar ancestral sólo resulta en pérdidas económicas:

Estoy perdiendo dinero porque no me dejan sacar más árboles. Hablan mucho sobre conservar el Amazonas, pero no veo a ningún productor ganar dinero de esta conservación

No obstante, la mayor reserva forestal del planeta también esconde otros riesgos potenciales. Los científicos han relacionado el brote de la COVID-19 con el comercio de vida silvestre y la destrucción de los ecosistemas. Sin embargo, aseguran que la quema y la deforestación ilegal en la Amazonia podrían fomentar el desarrollo de futuras pandemias. Seamos honestos: nuestras acciones nos han traído hasta aquí y continuar por esta vía podría tener repercusiones más graves. 

 

Destrucción en la Amazonia incita el brote de nuevas enfermedades

Entre agosto de 2018 y julio de 2019, los territorios indígenas perdieron 423.3 kilómetros cuadrados de bosque a causa de la deforestación, lo cual representó un aumento del 74% en relación con el mismo período del año anterior. 

En 2020, las cosas continúan empeorando. La deforestación en el lapso del 1o de enero al 31 de marzo representa cifras alarmantes respecto a los años anteriores. Y estas no sólo son malas noticias para los habitantes y la vida silvestre.

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De acuerdo con Kate Jones, presidenta de Ecología y Biodiversidad en el University College de Londres, las enfermedades infecciosas transmitidas por animales son una amenaza creciente. La alteración del hábitat, principalmente en los bosques tropicales, propicia la existencia de pandemias.

Por su parte, Peter Daszak, presidente de EcoHealth Alliance, explica en su nuevo estudio “Emergencia de enfermedades infecciosas y economía de paisajes alterados” que aproximadamente uno de cada tres brotes de nuevas enfermedades está relacionado con cambios en el uso de la tierra, como la deforestación.

 

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Incendios detectados en el último año (agosto de 2018 a agosto de 2019)/NASA

El fuego juega un papel central. Según se indica en un estudio internacional, “la región amazónica de Brasil después de un incendio forestal desencadena una selección para la supervivencia”. Esto quiere decir que mantiene con vida algunos reservorios de bacterias zoonóticas, virus y parásitos. El objetivo: mejorar el hábitat y el comportamiento de algunas especies de animales.

Hasta ahora, las investigaciones indican que el nuevo coronavirus es uno de los brotes infecciosos que podrían cumplir las profecías sobre la destrucción de la biodiversidad. Es momento de exigir líderes grandes que estén a la altura para atender los grandes problemas de hoy.

 

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