Conectada a profundidad con la presencia de los dioses, la cultura egipcia construyó fascinantes relatos en torno a la vida y la muerte. Se dice que todos los seres humanos, tras pasar al otro mundo, emprenderán un viaje en la barca de Ra (el dios del sol) para llegar a la sala de la doble verdad y conocer el valor de su alma.

Para los egipcios, viajar al más allá no era sencillo, e incluso crearon un libro que relata una serie de mágicas reglas para llegar al paraíso. Este libro contenía fórmulas escritas en rollos de papiro, las vendas de las momias y las paredes de las tumbas, con el único propósito de que guiaran al difunto a un exitoso descanso.

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Si uno de los pasos no se seguía, la persona podía sufrir una segunda muerte. Un sacerdote era el encargado de recitar las primeras fórmulas para guiar al difunto; después se revitalizaban los sentidos para, entonces, emprender el viaje al más allá. En El libro de los muertos se lee:

He abierto los caminos que están en el cielo y en la tierra, porque soy el bienamado de mi padre Osiris. Soy noble, soy un espíritu, estoy bien pertrechado. ¡Oh vosotros, todos los dioses y todos los espíritus, preparad un camino para mí!

 

Atravesando la muerte hacia el paraíso

Una vez en el viaje subterráneo, una barca recibía al difunto para guiarlo ante Osiris, dios del inframundo. En este camino era posible que los difuntos enfrentaran obstáculos. El peor de todos era Apofis, la serpiente que intentaba impedir el avance de la barca solar y romper con el orden cósmico.

Tras haber enfrentado los obstáculos, el difunto llegaba a un laberinto con distintas puertas, cada una de las cuales llevaba a la persona a la sala de la doble verdad. El juicio del alma había llegado. Aquí, Osiris evaluaba la vida del difunto y ante todos los dioses hacía una valoración negativa o positiva sobre sus acciones en el mundo terrenal.

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Una vez que se narraban los actos realizados, llegaba el momento de pesar el corazón o alma del difunto. Mientras Anubis sostenía el plato de la balanza, de un lado se colocaba una pluma de Maat (el símbolo de la justicia) y del otro lado el alma del difunto. Si el corazón pesaba menos o igual que la pluma, la persona tenía acceso al paraíso junto a Osiris; de lo contrario, era condenada al sufrimiento perpetuo.

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De la creencia a la ciencia del alma 

Las creencias de los egipcios quedaron marcadas en la perpetuidad de la historia y la cultura. Sin embargo, el relato del viaje al más allá, y más específicamente el juicio del alma, hizo pensar a los científicos sobre la existencia de un verdadero peso del alma. ¿Acaso nuestras acciones dotarán de un peso específico al corazón? Recientemente, en un estudio del Journal of the American Society for Psychic Research se rememoró una importante hipótesis sobre la sustancia o esencia del alma.

El médico Duncan MacDougall creía en la idea de que el alma tenía un peso. El objetivo de su investigación era identificar si la salida del alma del cuerpo implicaba alguna manifestación física que pudiera registrarse científicamente. Aunque su objetivo no era precisamente condenar a los difuntos, sí quería comprobar la posible existencia del alma humana. Para esto, MacDougall construyó una cama especial en donde colocaba a pacientes que se encontraban en las etapas finales de su vida.

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El peso era medido en los últimos momentos de cada persona y también justo después de su muerte. Los resultados del análisis indicaron que (contemplando las pérdidas de fluidos y otros componentes) el ser perdía cerca de 21 gramos al morir. “En el instante en que la vida cesaba, la bandeja de la escala opuesta caía con una rapidez asombrosa, como si algo se hubiera levantado repentinamente del cuerpo”, asegura MacDougall.

El problema de la investigación de este científico es que únicamente se basó en seis casos para determinar que el alma existía. Por supuesto, más tarde los expertos descartaron su teoría y continuaron sin darle importancia. Sin embargo, ya sea que creamos o no en los mitos egipcios o en el de MacDougall, es mágico pensar que después de la muerte el alma viaja hacia otros lugares.

 

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