En algún lugar del mundo, hay una persona que es (casi) igual a ti

Depende de ti si tomas esto como un insulto a tu individualidad, o como una prueba de que todos estamos conectados.

El poeta Walt Whitman dijo que estamos hechos de multitudes y que esas multitudes también las transmitimos.

Entre el envejecimiento, el sonrojo, la dieta, la calvicie, el bronceado, la sonrisa, el sudor, las cicatrices, el afeitado, el piercing, el exfoliante, el bótox y el Photoshop, la apariencia de una persona cambia considerablemente con el tiempo.

La identidad visual, entonces, no está definida por una sola apariencia sino por muchas, formando una trayectoria en constante transformación a través de la cara. Quienes deseen reconocernos deben hacerlo a pesar de estos cambios. Y, por lo general, lo hacen.

Las personas varían en sus capacidades de reconocimiento visual, y estas variaciones determinan, en parte, cuán similares son a otras.

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¿Pero cómo lo hacen?

La identidad visual es aprendida. Se puede considerar como la deformación activa del espacio facial en respuesta a las demandas del entorno visual de una persona.

Cuando ese entorno requiere que una persona haga distinciones finas dentro de una región estrecha del espacio de la cara, el sistema visual de la persona se adapta, lo que da como resultado una deformación del espacio de la cara.

Las personas también varían en su capacidad para reconocer tipos particulares de rostros o personas particulares.

Por ejemplo, el entorno que enfrenta un padre criando gemelos hace que su sistema visual separe la cara de sus gemelos, desenredando a los dos visualmente.

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Es así como el caso de gemelos idénticos, que son típicamente indistinguibles para todos excepto para un puñado de amigos, demuestra que los familiares han adquirido la capacidad de diferenciar a los mellizos mediante la experiencia.

Para los externos, incluso aquellos que también tienen gemelos, se ven tan similares como dos personas podrían hacerlo. Pero para sus padres, que tienen mucha exposición y motivación para distinguir a los gemelos, son únicos.

 

Reconocedores novatos y expertos

Según la reivsta digital Aeon, en un extremo están los individuos con prosopagnosia o ceguera de la cara, que son aquellos que tienen problemas para identficar a las personas, ya sea la foto de una celebridad, un amigo cercano o incluso a ellos mismos.

En el otro extremo están los “superreconocedores”, cuya capacidad para detectar caras es extraordinaria, pues pueden reconocer a las personas en todas partes, incluso si las vieron brevemente en el metro años atrás.

Las personas promedio caen en un punto intermedio: son capaces de reconocer a cientos o miles de individuos, pero no a todos.

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¿No nos hemos visto antes?

Decir que dos personas “se parecen” es hacer una declaración no sólo sobre los demás, sino también sobre uno mismo.

Debido a que el espacio de la cara es psicológico, cada individuo tiene el suyo, lo que refleja sus habilidades de reconocimiento facial y su experiencia visual aprendida.

Entonces, la similitud percibida en la apariencia siempre refleja tanto al observador como lo observado.

 

De dobles fantasmagóricos y percepciones

El mito del doppelgänger (vocablo alemán cuya traducción suele ser el “doble andante”) hace referencia a la creencia de que todos tenemos un doble en alguna parte.

El mito aparece en una novela romántica alemana de 1796 escrita por Jean Paul, en la que un hombre infelizmente casado acude a su doble, quien le aconseja que finja su propia muerte.

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El doppelgänger, el doble, hace referencia a la posible existencia de una persona con iguales características físicas (un gemelo) o con cualidades menos tangibles propias del carácter.

Podríamos decir que dos individuos son ‘idénticos’ en apariencia si ningún observador inexperto pudiera distinguirlos de manera confiable. Aquí, la idea de un doppelgänger es al menos plausible.

 

Tu gemelo en algún lugar del universo

En algún lugar, quizás en otro tiempo, hay una persona cuya apariencia es tan similar a la tuya que la persona promedio no podría distinguirlos: tu gemelo idéntico.

Y es posible imaginar esto, ya que alrededor de 100 mil millones de personas han vivido en el planeta.

Eso significa que por cada extraño que has confundido brevemente con un amigo, o cada celebridad con otra, hay decenas, cientos, tal vez incluso miles de individuos más a los que, aun sin conocerlos, quizá te pareces.



Esta isla de Noruega va a eliminar el tiempo

¿Imaginas la radiante libertad de un mundo sin tiempo lineal? En esta isla de Noruega ya es una realidad durante el verano.

Entre el cuento de hadas, la rebeldía ontológica y la física avanzada, recién nos enteramos que los habitantes de Sommarøy (isla de verano), en Noruega, decretaron eliminar el tiempo. Sus poco más de 300 habitantes acordaron en una asamblea abolir el tiempo y reemplazar los relojes por hilados de flores.

Ubicada cerca del Círculo Polar, en Sommarøy no se pone el sol durante más de dos meses (del 18 de mayo al 26 de julio). Proporcionalmente, pero en sentido inverso, durante el periodo invernal y parte del otoño, las noches son eternas. Por eso, en la temporada veraniega todos quieren aprovechar al máximo sus días, y el reloj se vuelve completamente ajeno a la vida cotidiana.

Uno de sus habitantes, Kjell Ove Hveding, compartió en un comunicado: 

Hay luz del día constantemente y actuamos en consecuencia. En medio de la noche, lo que la gente de la ciudad podría llamar ‘2 am’, puedes ver a niños jugando al fútbol, gente pintando sus casas o cortando el césped y adolescentes nadando”. 

El acuerdo entre los habitantes ya fue enviado al parlamento noruego para ser oficializado. Pero lo cierto es que esta abolición del tiempo ya ocurre, en la práctica, en la vida diaria de la isla:

Para muchos de nosotros, obtener esto por escrito simplemente significaría formalizar algo que hemos estado practicando durante generaciones.

En caso de confirmarse la autorización, Sommarøy se convertiría en la primera zona del mundo en ser libre de tiempo –lo cual nosotros en Ecoosfera celebramos, por que nos recuerda que el tiempo lineas es, hasta cierto punto, una arbitrariedad cultural–. 



#TenYearsChallenge: o de cómo Facebook podría usar tus fotos para crear algoritmos de reconocimiento facial

Este juego virtual podría no ser tan inocente como parece.

Los hashtags, memes y test que pueblan el Internet tienen una función social muy positiva: motivan la cohesión y la interacción. Y es que no cabe duda de que mucha de nuestra sociabilidad se ha transportado a los entornos digitales, así que, mediante juegos como el del #TenYearsChallenge, podemos conocer más de nuestros amigos o incluso de nosotros mismos, de una manera creativa y estimulante.

Pero cada vez que hacemos eso, Facebook sabe más de nosotros…

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Alyssa Foote

El #TenYearsChallenge, para quien no lo haya visto en sus redes, es un reto que consiste en subir una foto de 2009 junto a otra de 2019, y compartirlas. No es más que un inocente juego, ¿verdad?

La fundadora de KO Insights, Kate O’Neill, planteó en su Twitter una interesante probabilidad, que nos hace pensar que el #TenYearsChallenge puede ser más que un juego virtual:

Yo hace 10 años: probablemente habría jugado con el meme que está compartiéndose en Facebook e Instagram.

Yo ahora: pondero cómo toda esta información podría ser usada para crear algoritmos de reconocimiento facial, de progresión de la edad y de reconocimiento de la edad.

Muchos respondieron al tweet haciendo hincapié en que, de todas formas, las fotos ya están a disposición de Facebook. No obstante, O’Neill profundiza al respecto en un artículo para Wired, dando sólidos argumentos que sin duda sustentan su suspicacia:

Imagina que deseas crear un algoritmo de reconocimiento facial con características relacionadas con la edad y, más específicamente, sobre la progresión de la edad (por ejemplo, cómo es probable que las personas se vean a medida que envejecen). Idealmente, querrías un conjunto de datos amplio y riguroso con imágenes de muchas personas. Sería útil si supieras que se tomaron con un número fijo de años, por ejemplo, 10 años.

Lo que plantea O’Neill, si bien no está demostrado en el caso concreto del #TenYearsChallenge, tiene mucho sentido.

Porque además, ¿quién es el que da comienzo a los memes o a los juegos del momento? Y más importante, ¿por qué? A veces son cosas que surgen de la propia comunidad digital, de manera creativamente espontánea. Pero en la mayoría de las ocasiones, no tenemos ni idea de su origen.

Para Facebook y otras industrias tech, tener nuestra data ordenada cronológicamente puede ser muy útil. Y también para los comerciantes, quienes pueden aprovechar los datos para adivinar tendencias: ¿cuánto puede cambiar el consumo y los hábitos de la gente en un lapso determinado de tiempo? No es nada descabellado pensar esto, ni mucho menos es “conspiracionista”: a fin de cuentas, ya sabemos cómo Google rastrea nuestra información, vendiéndola después a comerciantes, y también que Facebook le ha dado acceso a nuestros datos a diversos entes políticos durante las elecciones, como se destapó durante el escándalo de Cambridge Analytica.

Así que, aunque el #TenYearsChallenge no necesariamente sea una pieza de malintencionada ingeniería digital, las hipótesis de Kate O’Neill nos ponen a reflexionar sobre la importancia de cuidar nuestra información, de pensar antes de compartir y de ser más diligentes y sofisticados al usar todo tipo de tecnología.

Porque hacer del Internet un espacio democrático, de expansión de la conciencia individual y colectiva, depende en gran medida de nosotros.