No hay nada mejor para crecer la conciencia que tener libros en casa. Y es que una biblioteca doméstica puede estimular el aprendizaje. Por ello, no extraña que un científico autodidacta como Albert Einstein haya tenido una gran biblioteca personal, que probablemente creció al mismo ritmo que la inteligencia de este genio.

En su biblioteca, Einstein atesoraba los libros que lo hicieron un genio –tal como Elon Musk, otro asiduo lector–. Algunos de estos libros, como expresó sobre People’s Book on Natural Science, lo hacían leer con tal atención que se quedaba sin aire.

Pero Einstein no sólo leía libros de termodinámica u otras ciencias. Era un lector asiduo de clásicos universales de la literatura –como si supiese que la literatura estimula la empatía, así como de filosofía, religión, política y cultura. De esta forma moldeaba su concepción del mundo, y se aproximaba a los temas que estaban siendo ampliamente discutidos en su época.

Einstein buscaba comprender el mundo más allá de los axiomas y las leyes de la física.

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Podría decirse que fue el eclecticismo literario de Albert Einstein lo que hizo de él uno de los científicos más grandes que han existido. Cuando tenía 23 años y era sólo un empleado en una oficina de patentes, fundó un club de lectura y discusión intelectual. Aunque el club sólo consistía del propio Einstein y dos amigos suyos –uno matemático y otro filósofo–, nombraron a su bohemio espacio con el rimbombante nombre de “Olympia Academy”.

Ahí, Einstein leyó a David Hume, a John Stuart Mill y a Henri Poincaré, entre muchos otros. Esta experiencia espontánea, diría el científico años más tarde, influenció directamente a sus teorías.

Pero volviendo al contenido de biblioteca, en el libro Einstein for the 21st century, el físico Gerald Holton dice respecto a la biblioteca de Einstein:

Si nos fijamos sólo en los libros en lengua alemana publicados antes de 1910 que sobrevivieron a la casa de Princeton de Einstein, la lista incluye gran parte del canon de la época: Boltzmann, Buchner, Friedrich Hebbel, las obras de Heine en dos ediciones, Helmholtz, von Humboldt, los muchos libros de Kant, Gotthold Lessing, Mach, Nietzsche y Schopenhauer.

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Estos son los libros favoritos de literatura y filosofía de un genio científico:

Filosofía 

A History of Western Philosophy, Bertrand Russell

Analysis of Sensations, Ernst Mach

A Treatise of Human Nature, David Hume

Ethics, Benedict de Spinoza

Critique of Pure Reason, Immanuel Kant

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Según dijo Einstein en una carta, sin los estudios filosóficos de estos libros, concretamente los de Hume y los de Mach, “no habría podido llegar a la solución” de la teoría de la relatividad. No obstante, años más tarde Einstein rompería con el positivismo de Ernst March, es decir, con la idea de que toda hipótesis científica que pueda ser probada científicamente es el único conocimiento

Por el contrario, Einstein nunca rompería con el pensamiento de Spinoza o Kant. Estos filósofos fueron clave para su formación espiritual, al igual que lo serían para su concepción de la religión, como en el caso del panteísmo de Spinoza.

Y sobre el libro de Russell, Einstein dijo:

Es un libro precioso… un trabajo del más alto grado pedagógico que sobresale de los conflictos de los partidos y la opinión. 

 

Literatura

Anna Karenina, Leo Tolstoy

The Brothers Karamazov, Fyodor Dostoyevsky

Don Quixote, Miguel de Cervantes Saavedra

La obra completa de Johann von Goethe

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No hubo un elemento más importante en la colección de libros de Einstein que la obra de Johann von Goethe. Tenía incluso el intercambio epistolar de este autor con Schiller. Sobre Goethe, Einstein diría en una carta a Leopold Casper que lo admiraba por ser “uno de los más listos y sabios hombres de todos los tiempos”.

También era asiduo a la literatura rusa. Sobre Dostoyevsky, Einstein le confesó a Moszkowski que había aprendido más del gran novelista que del “príncipe de las matemáticas”, Carl Gauss. Otro de sus libros de cabecera era El Quijote. Según Leopold Infeld, quien trabajó con Einstein, a su amigo le encantaba el clásico de Cervantes. Infeld cuenta en su autobiografía que:

Einstein se acostaba en la cama sin camisa o en piyama, con el Don Quijote en su repisa. Es el libro que más disfruta y el que más le gusta leer para relajarse

Ahora ya sabes qué leía este genio. Por si necesitabas recomendaciones.