El físico Albert Einstein, ganador del Premio Nobel, escribió numerosas cartas a lo largo de su vida, y en una de ellas critica lo que los humanos han hecho con la idea de Dios y la religión. En una frase breve y demoledora, Einstein admite que:

Para mí, la palabra ‘Dios’ no es más que la expresión y el producto de la debilidad humana; la Biblia, una colección de leyendas venerables, pero bastante primitivas. Creo que ninguna interpretación, sin importar cuán sutil sea, puede cambiar esta situación.

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La “carta de Dios” de Albert Einstein (imagen: NYT)

En menos de 280 caracteres (incluyendo espacios), Einstein expresa su descontento sobre el libro de Eric Gutkind, Choose Life: The Biblical Call to Revolt, donde el autor defiende al judaísmo e Israel como el pueblo elegido. La “carta de Dios”, como le han llamado los medios, fue dirigida a Gutkind en 1954, 1 año antes de la muerte de Einstein. La carta fue subastada en la casa Christie’s esta semana, y aunque el estimado inicial fue de $1.5 millones de dólares, su precio final alcanzó la cifra de $2.9 millones

Por supuesto que, tratándose de Einstein, hay mucho más que decir sobre la carta.

El documento manuscrito, de una cuartilla y media en alemán, puede leerse como una defensa de la igualdad entre los pueblos, así como una diatriba contra todas las religiones, las cuales encarnan para Einstein “la superstición primitiva”.

Durante su vida, Einstein siempre se sintió identificado con sus raíces judías, pero en la carta afirma que para él, los judíos “no tienen ningún tipo de dignidad distinta de la de otros pueblos”, y “no hay nada que me haga deducir que son los elegidos“.

A pesar de que Einstein mencionara a Dios en diversos escritos (como en la famosa frase “Dios no juega a los dados con el universo”), al hacerlo no se refería a una entidad sobrehumana, sino a una metáfora de lo desconocido.

Al hablar de sus propias creencias, Einstein afirmaba creer en el “Dios de Spinoza”, el filósofo holandés para quien la naturaleza era perfecta, aunque los hombres no pudieran comprenderla cabalmente. Esta perfección de lo creado le da lugar al trabajo científico, pues el hecho de no poder explicar algo no quiere decir que no se pueda explicar, sino que hace falta seguir buscando respuestas.

La “carta de Dios” fue dada a conocer originalmente en 2008 por los herederos de Gutkind, quien falleció en 1965. Se vendió en aquel entonces por $400,000 dólares.