Entre humanos y ajolotes nos parecemos más de lo que podríamos creer. Así como estos anfibios regeneran sus extremidades ―e incluso sus órganos vitales­―, nosotros regeneramos nuestro espíritu. Y nos superamos, de manera resiliente. Eso es lo que piensa Claudia Juárez, una de las integrantes de Ajolotario Cuemanco, un colectivo de  mujeres que se dedica a la preservación del ajolote ―actualmente en peligro de extinción­― en el embarcadero de Cuemanco, en Xochimilco.

Así como los ajolotes, cada día nosotros nos regeneramos, no de manera física pero sí emocionalmente. Ambos podemos superarnos.

La poética analogía que hace esta mujer en una entrevista para El Universal no podría ser más precisa. Y es que, junto con el ajolote, nosotros también estamos en peligro de extinción. Y no sólo de manera real sino, si se quiere, de manera más metafórica. Porque el peligro de extinción de nuestra cultura está también en la extinción de nuestras tradiciones y nuestros mitos; algo que sucede cada vez que muere un ajolote.

El ajolote es parte intrínseca del imaginario colectivo mexicano.

Es parte de la biodiversidad de la cultura.

Por eso no hay nada que tenga mayor sentido o relevancia que dedicarse a salvar a especies tan fantásticas como este anfibio; una labor que, de alguna manera, remite a la autopreservación a través de acciones desinteresadas y, en esencia, nobles. Pero no sólo porque aliviar el sufrimiento animal es hoy un imperativo ético y moral, sino porque la extinción de animales como el ajolote implica una grave afectación a la biodiversidad de un ecosistema tanto como a nuestra cultura e historia.

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Entre la mítica fantasía a la que remite al ajolote y la triste realidad que enfrenta este peculiar anfibio, el Ajolotario Cuemanco esta decidido a salvar al ajolote y a incidir, mediante la educación, en la generación de una cultura de su preservación. Es así que las cuatro mujeres que conforman este colectivo se encargan de fusionar la cultura con la naturaleza de manera radical, reconciliándonos con nuestras raíces más primigenias a través del cuidado del ajolote. Dejan así el mensaje indeleble de que biodiversidad y cultura no son dos mundos disociados, sino al contrario. Y que el futuro tanto de humanos como de anfibios y cualquier ser vivo está en que comprendamos esto.

El Ajolotario Cuemanco cuida en la actualidad de 90 ejemplares de ajolote, los cuales, en su mayoría, fueron rescatados de las áreas más contaminadas del lago de Xochimilco. Además, han comenzado a reproducir a algunos ejemplares. Para todo ello no cuentan con financiamiento alguno: sólo su determinación de preservar a la vez la biodiversidad y la cultura con educación, creatividad y mucha acción directa, lo que incluye la impartición de talleres y la elaboración de material educativo.

Lamentablemente, el futuro inmediato del ajolote está en los criaderos y ya no en su hábitat natural. Aun así, estas mujeres creen en la posibilidad de que, algún día, los ajolotes puedan volver a habitar sus dominios en Xochimilco, sin que especies ajenas amenacen su existencia, ni tampoco la contaminación, los cazadores o las actividades humanas. Eso, a su vez, significaría que nosotros como sociedad habríamos avanzado mucho en nuestra propia autopreservación. Así, de manera preciosa, se comprobaría que estamos conectados irremisiblemente con el ajolote, y que su supervivencia es la nuestra.

Si quieres saber más, aprender, ayudar o aportar algo, conoce más del Ajolotario Cuemanco en su página de Facebook, donde puedes ponerte en contacto con estas valientes mujeres.