Desde hace algún tiempo, el multifacético Ai Weiwei se ha visto involucrado en el tema de los refugiados y los desplazamientos forzados. En la Bienal de Sidney de este año, por ejemplo, el artista chino presentó una pieza de 6 metros con 300 personas abrazadas, que forman un solo ente que busca comunicar la magnitud que tiene la crisis de refugiados en la actualidad.

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Ahora, Ai Weiwei ha transformado esta inquietud en un impactante trabajo audiovisual, llamado Human Flow: un documental en el cual explora las travesías de los desplazados y nos permite ver sus rostros y escuchar sus voces.

 No podemos disociar nuestra conexión con otros seres humanos, el sufrimiento y la trágica vida de nuestra comunidad humana global.

Como se expresa en Human Flow, el desplazamiento forzado es la más perversa crueldad que se puede ejercer contra el ser humano. Porque nuestra esencia humana requiere de una gregariedad in situ para desarrollarse, es decir, de que permanezcamos en un lugar para cultivar nuestras tradiciones y enraizarlas. Por eso, la crisis de refugiados refiere a una crisis de la humanidad en su conjunto o, si se quiere, a la deshumanización por la que actualmente atravesamos.

Este documental habla del sufrimiento que supone el hecho de que 65 millones de personas se vean separadas de aquello que consideran su hogar: aquel arquetipo que a todos nos da identidad. Y nos plantea una pregunta: una vez vueltas nada más que un incesante flujo humano, ¿qué le queda a las personas? –Empezar una nueva vida– responden. Pero, ¿qué tal si no se quiere nada nuevo, sino que lo que se desea es preservar lo que ya se tiene?

Millones de personas son forzadas a ello por la violencia, la guerra, la apatía; pero ante tal crisis, y más allá de la imperiosa necesidad de cambiar los paradigmas de nuestra sociedad, Human Flow nos hace reflexionar sobre la deshumanización imperante y lo urgente que es intervenir sobre ella ya sea de manera individual, con pequeñas acciones o hábitos, o de manera directa.

En el caso de México, que también es retratado en Human Flow, eso es posible. Porque en nuestro país hay más de 300 mil desplazados, con quienes es posible y necesario solidarizarnos, empezando por hacer de la empatía un elemento fundamental en nuestra cotidianidad y en nuestra convivencia con los otros, pero también exigiendo como ciudadanos que se modifiquen las leyes y los gobernantes tomen el problema del desplazamiento como algo real, que requiere de la toma de medidas urgentes para solucionarlo.

Sólo así recobraremos un poco de la humanidad perdida.

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