De los agujeros negros no sabemos más que lo que las matemáticas y la física pueden decirnos. Apenas el año pasado saciamos un poco de nuestra curiosidad, ya que un grupo de científicos pudo fotografiar por primera vez la erupción de un agujero negro.

Eso hace de estos fenómenos cósmicos algo irresistible para nuestra imaginación, que se derrama pensando en las –literalmente– infinitas posibilidades que ofrecen los agujeros negros. Quizá una de las inquietudes más comunes, tanto para la comunidad científica como para los astrónomos aficionados, es si es posible realizar viajes hiperespaciales a través de los agujeros negros.

Según Stephen Hawking y otros investigadores, la teoría de la relatividad es aplicable a los agujeros negros. Esta hipótesis les llevó a plantear que transitarlos sin desintegrarse es posible. Pero precisamente porque las leyes del espacio-tiempo son ahí muy distintas, es probable que nuestros recuerdos fuesen borrados al arribar a otra dimensión tras viajar en un agujero negro. No obstante, se han hecho nuevos hallazgos: se ha comprobado que un viaje a través de estos portales podría no afectarnos tanto como se ha pensado, porque no todos los agujeros negros son iguales.

¿Cuál sería el agujero negro indicado para viajar a otra dimensión?

https://www.theguardian.com/cities/2019/jan/21/redefine-skyline-how-ho-chi-minh-city-erasing-heritage-vietnam

A partir de investigaciones inspiradas por la película Interstellar una película que abre reflexiones muy terrenales también–, la física Caroline Mallary, de la Universidad de Massachusetts Dartmouth, probó que los agujeros negros masivos son los que mejores condiciones proveen para los viajes hiperespaciales a otras dimensiones.

El agujero negro de ficción que Mallary usó como modelo es el Gargantúa: un agujero negro masivo con 100 millones de veces la masa del sol y de rotación rápida. Inspirándose en él, Mallary hizo su propio modelo en computadora, el cual captura los efectos físicos más significativos que sus características podrían tener sobre una nave espacial o cualquier objeto grande que cayera en un portal como el Gargantúa.

Pese a que la llamada “singularidad” de los agujeros negros apunta a que en su interior las leyes del universo se cancelan y todo es como un instante infinito, la caída de una nave no generaría efectos sobre los pasajeros que pasaran por la llamada singularidad de su “horizonte interno”. A su vez, lo originado por la rápida rotación del agujero crearía ciclos de estiramiento y compresión en la nave; pero éstos tampoco serían significativos.

Así, Mallary pudo verificar con su modelo a computadora que los efectos de un agujero negro como el Gargantúa tendrían un límite –una finitud– sobre aquello que transitara por ellos.

¿Qué significa esto para el futuro de los cosmonautas?

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Quizá que sí podemos llegar a otras dimensiones. Porque no debemos olvidar que lo más seguro es que no estemos solos y que nuestro universo no sea el único. Aunque según el profesor de Mallary, Gaurav Khanna, el próximo paso será estudiar los agujeros negros en un contexto más realista, es decir: en términos astrofísicos.

De ahí bien podría surgir la próxima hoja de ruta para todo el que quiera aventurarse a descubrir otras dimensiones. Aunque esto sigue siendo terreno más de la fantasía que de la realidad.